En los acontecimientos políticos hay cuestiones que no se pueden pasar por alto, se trata de los caminos paralelos por los cuales se debe andar y que no se deben eludir, por la carga que va determinando el curso de la historia.
La conquista de derechos con diversas características no es suficiente cuando prevalece un modelo de sociedad enraizado en dictadura y quienes se fueron haciendo cargo del país, desde 1990 en adelante no hicieron nada para cambiarlo, lo cual implicaba la nula conciencia de una transformación que tiene como requisito básico el pensar y elaborar cosas diametralmente diferentes a esa construcción realizada en gobierno militar, con imposición de un estilo de sociedad.
Un programa de gobierno en estas circunstancias ya en tiempos actuales, es de muy corto alcance, el mediano y largo plazo no son materias que un programa pueda abordar, la necesidad que demanda un proyecto de sociedad va más allá del ciclo eleccionario y de los partidos políticos, se trata de conectar con la participación ciudadana, como lo fueron los cabildos autoconvocados que tuvieron un amplio desarrollo en los días siguientes al estallido social, hito que marcó una fractura que estaba latente y como decían algunos se veía venir como una olla a presión que estaba por explotar. En todo esto la pandemia jugó una mala pasada y la discrecionalidad del gobierno de Piñera que al mantener por algunos meses la vigencia del toque de queda, dio paso a la ocasión para que se produjeran cosas de las cuales no se saben, incluso a modo de hipótesis el ingreso al país de quienes son parte del narcotráfico y el crimen organizado, grupos que también como una hipótesis representan un efecto de impacto político con sus consecuencias al derivar en leyes de seguridad, que de paso dejan latente la acción de un estado con herramientas represivas. Será tarea de la época eleccionaria por parte del progresismo o de ese centro que se está tratando de reconstruir los que deben ir aclarando esta época reciente de la historia.
Pero un período eleccionario, tiene una componente inevitable que es juzgar y hacer una evaluación ciudadana del gobierno actual, repercutiendo ello en el sector oficialista que se levanta como alternativa, y que sin lugar a duda es una variable sobre las cuales ya están las cartas jugadas, será el momento en que se exhiban por parte del gobierno los logros alcanzados, pero a la vez la génesis de la convocatoria para que resultara elegido, no se puede negar que estaba en una oposición férrea al más de lo mismo, alguna conexión con un descontento hacia los gobiernos de la concertación y la esperanza de haberse hecho cargo de lo que surgió en el estallido social como sentidas demandas y comprobación de temas que estaban al debe por un tiempo más que suficiente. Desde el año 90 en adelante es claro y lógico que era atendible la gradualidad, pero no en exceso, el inicio del siglo XXI debería haber sido el tiempo para revertir y que se pusieran en práctica las ideas de un proyecto de una sociedad diferente contraria al modelo proveniente de dictadura, que ni siquiera la suma de derechos que se van logrando, tienen un peso en lo estructural. Con lo anterior la visión del accionar del gobierno en cuestiones fundamentales no es alentador, al menos para quienes tienen la apreciación de estos elementos como sueños y expectativas que provenían desde las luchas dadas en plena dictadura. No es bien visto eso de en la medida de lo posible o la realidad sin renuncia.
Los elementos que refuerzan lo analizado en el párrafo anterior, han caracterizado al gobierno como cauteloso con las transformaciones y por ende favorecedor del statu quo, pero también hay un actor que tiene que ver con una institución de impacto en la sociedad y que actúa en sintonía con la inexistencia de proyecto de mediano o largo plazo, se trata del poder que actúa de manera intencionada.
Desde un discurso de gobierno en que se ponía énfasis que no se involucra en las decisiones de otros poderes del estado, la Corte Suprema emitió un fallo que fijaba un cumplimiento de un pago a realizar por las ISAPRES, sin embargo, se llevó adelante una ley corta que revierte el fallo y se genera así una actitud complaciente con estas instituciones; se entrega el negocio del Litio a la participación del yerno de Pinochet y por cuestiones familiares hace partícipe a la nieta del dictador; y por último, en la reforma previsional las AFP, salen fortalecidas. Todo indica que en lugar de ir en una dirección que debilite el modelo, se va en el sentido opuesto con tendencia a fortalecerlo. Por cierto, hay una explicación, si por años ha habido un devenir de acontecimientos que no han sido acompañados de un proyecto de sociedad, estamos con una ausencia de pensamiento que desarrolle ideas sobre algo diferente y así seguimos marcando el paso, alrededor de programas de gobierno que no tienen ninguna trascendencia de cambio en lo medular.
Otra cuestión importante y ahora con cercanía a la ciudadanía que transita a pie, encontramos un monto del sueldo mínimo distante de lo que fue la propuesta de la Central Unitaria de Trabajadores el 1 de mayo del 2024. Al respecto se observa una carencia intencionada de un ocultamiento sobre una exteriorización de un presupuesto mensual detallado de lo que es el gasto de una persona que percibe el sueldo mínimo que no alcanza a satisfacer el vivir en forma digna. Un(a) candidato(a) cualquiera no tendrá tiempo para referirse al tema en detalle con cifras de proyección mensual, y un(a) asesor(a) económico no tendrá el tiempo para distraerse sobre algo muy básico relacionado con lo cotidiano, estará ocupado con cuestiones como el crecimiento, las tasas de interés o el PIB entre otros aspectos.
Finalmente, en el tema educacional falta mucho y un denominador común también lo es esa cuestión futura que es el proyectar la transformación social. Sin embargo, como a nivel país no existe un proyecto social, al parecer no queda otra que adaptarse. Esta referencia es atingente a la resistencia al cambio que a veces ocurre en los establecimientos educacionales, pero es mucho más preocupante cuando se presenta en las casas de estudio formadoras de profesores.
Se encontraba normada la exigencia de mayores puntajes obtenidos en las pruebas de selección para quienes ingresen a las carreras de pedagogías, no obstante, esto ha sido postergado por una visión crítica de las Universidades. Puede ser atendible que los puntajes no sean predictores, sin embargo, no tendría por qué ser mal visto algún mecanismo garante de que los estudiantes tengan las características que los sitúe en un alto nivel que lo lleve a ser buenos profesores, por su puesto a lo cual se agrega lo que va obteniendo desde su proceso de formación inicial docente, y el rol de contribuir a sentar las bases de una sociedad desde las aulas y las actividades escolares.
A lo cual la sociedad debe responder, generando las mejores condiciones laborales, ambientes óptimos para que ocurra el aprendizaje y la certeza de contar con profesionales de alto nivel insertos en un sistema educacional de alto nivel, merecedores de un ingreso ubicado en los mejores rangos de remuneraciones. Lo anterior funciona si es que en forma cierta se le otorga importancia a la educación como base de superación, y que debe tener un efecto similar en otras profesiones que sean de importancia para la sociedad.
Con esta ambientación se llega a la decisión de la democracia cristiana, por voto mayoritario de los integrantes de la junta directiva, de apoyar a la candidata que obtuvo una victoria contundente en primarias y lo cual es observado con mucha alegría y un factor de unidad significativo.
Lo anterior, funciona bien bajo el esquema de voto voluntario y pudiera representar un gran avance bajo ese escenario y avizorar una elección ganada. Sin embargo, el voto obligatorio depara una realidad distinta e incierta.
Los electores no adscritos a partidos políticos que concurrirán a las urnas son de tres tipos: personas que no militan, pero han estado siempre atentos al acontecer político; personas que no tienen gran interés en la política, pero siempre han visto en el día de las elecciones, la importancia del cumplimiento del deber cívico; por último, los que concurren a las urnas sólo por la obligación.
Poniendo en el centro al universo del electorado, y con voto obligatorio es interesante observar la forma de llegar a segmentos que sin lugar a dudas deciden una elección y a las vez quienes han estado más cercanos al tema político, tienen la cualidad de haber desarrollado a luz de los hechos irrefutables, una visión crítica argumentada de los aconteceres. Así las cosas ¿de qué forma se podría llegar a producir la unidad necesaria con estos sectores que no obedecen a una estructura partidaria para obtener apoyo? También lo claro es que los votos blancos o nulos se han incrementado, factor que también tiene incidencia.
Luego ¿será tan válido en función de la experiencia, llegar a segunda vuelta con un lema todos contra la derecha y así conquistar un triunfo, o es mejor en forma permanente potenciar las mejores cualidades para ser merecedores de llegar a La Moneda?
Una hegemonía que se va cargando a socialismo democrático o concertación ¿será del todo producente?
Cuando hay ausencia de proyecto de sociedad y a lo mejor eso nunca interesó y tampoco interesará, la única alternativa del momento es el programa de gobierno. Siempre quedará la duda de si los candidatos a parlamentarios tendrán un compromiso con ese programa, o sólo se alinean con una lista para lograr un cupo.
No se puede dejar pasar una forma de ver posibles escenarios ya con las elecciones finalizadas. Si gana la derecha, no está en juego un proyecto de sociedad ya que su clara intención será perfeccionar su modelo de negocios y poner en uso las diferentes leyes que han ido logrando en materia de seguridad. Si gana el progresismo o la centro izquierda como se le quiera llamar, de una vez por todas será necesario pensar más allá de la elección. Trabajar y construir un proyecto social para el mediano y largo plazo, llevar adelante cabildos ciudadanos autoconvocados poniendo de relieve la participación y el instalar confianzas como forma de convivencia. Si el resultado es adverso, no es justificación para abandonar la construcción del mismo proyecto, la historia sigue y hay que darle un giro haciéndole caso a lo postergado y asumiendo responsabilidades.
Escuchar sobre la aspiración de una sociedad más justa o un Chile más justo, deja planteada la interrogante sobre ¿qué tiene de justo la sociedad? o ¿qué tiene de justo Chile?
Los desafíos siempre deben estar presentes y no estar respondiendo a un día a día. Son cuestiones que se deben ir transparentando en campaña si es que el verdadero eje es el cambio. Si la intención es diferente, también hay que sincerarla, llega el momento en que hay que dar los pasos suficientes ¿y si no para qué? Una visión histórica cierta es que, a lo largo de 35 años, hay procesos que se han omitido e inevitablemente pueden traer consecuencias no deseadas, pero que no se alejan de un análisis situado en una línea de relación lógica con eslabones entrelazados.
