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Elite versus pueblo: ser o no ser, he ahí la cuestión. Por Alejandro Herrera

Este 25 de octubre vivimos un hito histórico. El plebiscito que se arrancó a los defensores del legado de Pinochet y Guzmán, es sin duda un logro de la movilización popular expresada en la rebelión del 18 octubre del 2019. Esto permitió correr los cercos de lo posible y que en el congreso se prolongara esta lucha en el plano institucional para acorralar a la derecha y esta se vio obligada a una reforma constitucional que permite terminar con la constitución del privilegiado.

La contundencia de la victoria del apruebo y de la CC ha sido objeto de análisis estos días y lo seguirá siendo por un buen tiempo. El debate es intenso sobre quienes debieran ser los delegados y delegadas a la convención, instalando un nivel de politización que es condición de posibilidad para que surjan los sujetos colectivos.

Convenientemente para las élites es que el debate sea centrado en las características de quienes debiesen ser los constituyentes y no sobre los contenidos o programas a representar y disputar. Ser independiente es una característica y no una cualidad a priori y ser militante es también una característica y no un defecto a priori.

Al primar el debate sobre las características, el lógico que derive en buscar rostros, personas y esto genera la posibilidad de transitar el camino del populismo y que los caudillos reemplacen los procesos colectivos. También esta centralidad invisibiliza el contenido de clase de esta lucha, que se vio nítidamente reflejada en los resultados del plebiscito: el rechazo ganó en las Condes, Vitacura y Barnechea, por ejemplo y arrasó el apruebo en los sectores populares, que insinúa una conciencia de clase, una claridad de vincular los efectos de la precarización de la vida con la estructura de poder que sustenta los privilegios de unos pocos y por eso se expresaron fuerte y claro por una nueva constitución.

El debate sobre el mecanismo y cupos seguirá abierto y es sano que este fluya. No es positivo para la democracia, la representación y la tarea de una Constituyente garantizar cupos centrados en las características, es decir, si es o no militante. Lo óptimo es que se definieran sus nombres en procesos abiertos y participativos, discutiendo contenidos y programas, los ejes centrales a disputar en el proceso constituyente y si quienes representen este proceso colectivo son 100 por ciento sin militancia o al revés, es menos relevante que el proceso en sí mismo.

Una vez constituido los convencionales, estos deben darse un reglamento de funcionamiento y esto abre una posibilidad de profundizar la democracia directa, la participación vinculante e ir superando la democracia liberal representativa instalada en el pacto de la transición que desmovilizó y debilitó el tejido social y clientelismo mediante la acción de cooptar las organizaciones sociales y transformar al ciudadano en consumidor.

La convención, por ejemplo, podría acordar la obligatoriedad de los constituyentes a reunirse en cabildos con la ciudadanía del territorio que representa y sus propuestas estén validadas por sus representados; o que la convención sea itinerante por todo Chile y contemple sesiones abiertas para escuchar propuestas de organizaciones diversas. En fin, nos podemos poner creativos en el reglamento y provocar que este sea una herramienta democratizadora, que prefigure un Chile con un pueblo más empoderado, que esté vigilante y participativo y surjan las sujetas colectivas que nos permita seguir corriendo los cercos y hacer de este proceso constituyente uno transformador. Será largo e irá más allá de este periodo que escribirá el nuevo texto. Es un ciclo político en el que nadie puede pretender llegar con un pack de contenidos pre aprobados: estos se disputan y por esto la necesidad de que las fuerzas transformadoras, antineoliberales y con horizonte de una sociedad que garantice derechos sociales, redistribuya el poder y la riqueza, nos encontremos y articulemos en cada espacio.

*Alejandro Herrera es presidente de la Corporación Comunitaria Joane Florvil

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