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Ellas danzan solas. Por Hiranio Chávez Rojas

“Estuve en el Museo de la Memoria en un acto conmemorativo del día internacional de los derechos humanos y vi bailar a dos mujeres que en nada nos interpretan, ya que nos han convertido en un cliché”…

Esta frase quedó dando vueltas en mi mente imaginando las bailarinas tratando de proyectar el sentido y su contenido, convirtiendo aquella presentación en una performance, lejana a su origen, donde “lo estético es subjetivo y voluble”, ello está por sobre los contenidos originales, es decir, la forma es más relevante que la razón o sentido que le da la ética como “valor humano e identidad”, llamándome la atención la ausencia de la Agrupación creadora de dicha obra, quienes hasta hoy en día proyectan una emoción que va mas allá del momento que embarga aquel instante efímero y provocador, el que inevitablemente lleva a volver a un pasado doloroso siempre presente, que no ha sido resuelto para el encuentro con ese ser humano detenido y desaparecido, convirtiéndose en una sombra eterna que acompaña a esas mujeres y esposas. La vida de aquellos hombres permaneció en la memoria para siempre, en la edad en que fueron vistos por ultima vez por sus familias.

La eterna ausencia las llevó a tener presencia y darles vida cada vez que una melodía incitaba a tomar el pañuelo, taconear y cepillar el piso para establecer un diálogo humano de amor a través de la danza, siendo la cueca, baile nacional, el que las motivó por reflejar la identidad cultural chilena. Esa ausencia se hace presente no sólo en la persona que baila, sino que a los espectadores los hace viajar a un confín donde habitan para recordarnos que allí están esperando justicia.

Su danza tiene un significado diferente, es un acto íntimo de amor por el amor arrebatado, sólo ellas lo proyectan de manera real, auténtico y verdadero, sus lágrimas son de verdad para limpiar ese cuerpo ausente navegando en la memoria eterna pero efímera al encuentro con la vida arrebatada, para embarcarse hasta ese espacio propio y lleno de vida que dura los acordes, melodía, texto y ritmo, de ese baile.

Mi recuerdo me lleva a encontrarme con mi amigo y compañero Juan Gianelly Compani con quien compartíamos la danza tradicional e ideales de vida más justa, con una mirada humanista. Viajo en mi máquina del tiempo llamada memoria, dejándome en el lugar, día y hora, su colegio desde donde frente a sus estudiantes de enseñanza básica fue sacado de clases, para partir al encuentro con la muerte y vivir en la memoria emotiva de quienes lo conocieron. Pero no solo él, también fueron miles que necesitan encontrarse en esta dimensión de la vida con sus familias, hijos, esposas, madres y padres, muchos ya partieron a ese encuentro desconocido donde habitan a la espera de los propios.

Me transporto a un tiempo pasado, en que la esposa de mi amigo Anita Altamirano, me invita a colaborar con un grupo de mujeres esposas de detenidos desaparecidos, quienes necesitan el arte, la música, la danza y la cultura tradicional, como una manera de llevar sus pensamientos, donde el dolor desaparece y limpia la mente, aunque dure breves instantes, es un bálsamo. Se encuentran y comparten historias, buscan incansablemente en los lugares más insospechados, son capaces de ir a la luna y rasguñarla entera, para que les entreguen los cuerpos ausentes y su memoria eterna.

Al conversar con la esposa de Juan Gianelly, una de las fundadoras de este colectivo creado en el año 1978, surgen datos importantes para la historia política, cultural y social del Chile del siglo XX. Se transforman en un grupo emblemático de denuncia del horror sufrido y ocurrido a partir del año 1973. Al igual que las madres de la Plaza de Mayo en Argentina se transformaron en icónicas, identificándose por sus pañuelos blancos sobre la cabeza, en tanto el colectivo chileno cuelga en su cuello la foto de su familiar detenido desaparecido.

En estos recuerdos aparecen los nombres de quienes dieron vida a este ícono. A través de estas líneas hago un homenaje simbólico a cada una de ellas: Gala Torres quien fue la compositora de la letra de la cueca y directora del grupo, Ana González, Anita Altamirano, Mireya Rivera, Patricia Paredes, Gabriela Bravo, Victoria Díaz, Antonia Cepeda, Ninfa Espinoza, Marta Rocco, Aminta Traverso, Violeta Morales, Norma Matus, Ester Barría Patricia Salas, María Lazaro, Anita Rojas, Emilia Meza, Karen Reichman. Originalmente fueron 20 mujeres, esposas, hijas y hermanas de secuestrados y DD. Se agruparon luego de años de soledad y búsqueda incesante en el silencio del dolor, surgiendo como símbolo la “cueca sola”.

El grupo se reunía a ensayar en las sedes de La Vicaría de la Solidaridad. El Vicario les decía, “estas paredes tienen oídos” sabiendo que en todos lados había indeseables, comentaba.

“Los primeros ensayos los hicimos en la Vicaría norte, preparándonos para la primera presentación en los salones de la Vicaría el día 7 y 8 de marzo en el teatro Caupolicán el año 1978. “Fuimos 20 mujeres”, me comenta, “hoy estamos quedando 10. Seis esposas, dos hijas y dos hermanas. Luego ensayábamos en una sala que nos prestaba el Colegio San Marcos en la comuna de Macul”. Fueron días intensos para tranquilizar la memoria, con hijos pequeños, tener que trabajar, educar, fortalecer a los hijos ante la ausencia del padre y tener que cumplir ambos roles, nos habla de mujeres consecuentes que hasta hoy con los años transcurridos siguen en la incansable búsqueda. Hoy un grupo de aquellas sobrevivientes y resilientes bordan los nombres de sus compañeros en paños de género, para no olvidar. Ellas no necesitan hablar, solo bordar y en algún momento, bailar.

El año 1990 en el Estadio Nacional de Chile, el que fuera campo de concentración durante la dictadura, se presentó el cantante inglés STING en el concierto de Amnistía Internacional llamado: “Desde Chile…un abrazo a la esperanza”. La presencia de un Estadio desbordante de personas con sus gargantas apretadas de emociones, cantos, gritos y alegrías por ese inicio de vuelta a la Democracia fue una catarsis. La voz del joven cantante llenó los rincones de la Patria con los versos de ELLAS DANZAN SOLAS, coreado y cantado por el contenido de la letra, que hacía acelerar los corazones de esos miles y millones de personas que seguían la transmisión por la TV abierta a todo el mundo. “¿Por que están aquí, danzando solas? ¿Por qué hay tristeza en sus miradas? Hay soldados también ignoran su dolor porque desprecian el amor.

Danzan con los muertos. Los que ya no están. Amores invisibles, no dejan de danzar. Danzan con sus padres, sus niños también con sus esposos en soledad. En soledad.

Yo las vi, en silencio gritar. No hay otra manera de protestar. Si dijeran algo más, sólo un poco más, otra mujer sería torturada con seguridad.

Danzan con los muertos, los que ya no están, amores invisibles, no dejan de danzar.

Danzan con sus padres, sus niños también con sus esposos en soledad. Un día danzaremos sobre sus tumbas, libres. Un día cantaremos al danzar. Ellas danzan con los desaparecidos danzan con los muertos. Danzan con amores invisibles con silenciosa angustia… ellas danzan solas danzan solas…”

La canción continúa mostrando el dolor recibido de manos de sus ejecutores. Durante la proyección de su canto de denuncia y esperanzador, suben las integrantes del grupo folklórico de la AFDD con la fotografía de sus mártires para danzar con Sting ante la ovación y lagrimas de los espectadores presentes.

Ese gesto maravilloso e histórico se quedó grabado en el alma por siempre. Entonces, hoy una performance de carácter teatral y efectista no tiene la profundidad ni el alcance ni la fuerza de su contenido original. ¿Por qué? Porque es un espectáculo descontextualizado de su origen. Ellas danzan solas y no dejarán de buscar, para encontrar y no dejar ni el olvido ni el perdón.

Porque: Ellas Danzan Solas la Cueca que conmovió al mundo.

Hiranio Chávez Rojas.
Etnomusicólogo.
Coreógrafo.

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