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En Chile, debemos permitirnos acercarnos a lo bello de una nueva constitución. Por Hans Schuster

Acercarse a la belleza, aún en los momentos más difíciles de la vida, es una tarea que debe ser aprehendida con el tiempo y para ello, se hace necesario conocer culturas y claves culturales, de modo de traspasar las líneas de la cultura hegemónica, y acercarnos a las diversas culturas que están presentes en el territorio de aquello que solemos denominar la República de Chile. De lo contrario nos perdemos la posibilidad de ser más felices.

La cualidad de contemplar el mundo desde los sentidos, el razonamiento o la espiritualidad, pasa también por nuestros sueños, de allí que lo bello sea la resultante armónica de los sonidos, la proporción exacta de los volúmenes y los cuerpos, la simetría de las formas y la perfección de los aromas que colindan con los recuerdos, así como la capacidad de agradar en todos los sentidos de lo sentido, al mismo tiempo que cautivamos nuestros espíritus.

La belleza de lo humano está sujeta a conceptos ideales, ya en la antigua Grecia (areté) que se atribuía sobre todo a los dioses y héroes trágicos, de allí sus representaciones escultóricas. Sin embargo, en todas las culturas, la belleza de lo humano está presente, ya sea porque reconoce en la naturaleza aquello que siendo bello es de sí y para sí: un árbol por su forma y follaje, un golpe de agua dado por un pez o una ranita nadando, un insecto brillando al aire de la tarde, el vuelo de unos pájaros alcanzando la bandada, o un mamífero corriendo ante el salto de la vida. Como sea, la piedra en su textura y colorido fascinante, o la forma en que esa nube acaba de cambiar en este instante. Entre lo perenne y lo efímero, se nos presenta lo bello, y debemos permitirnos encontrarlo también en lo no real, aquello que la reflexión crítica pone a nuestro alcance, o aquello que millares de mujeres y hombres de todas las culturas, han pensado y realizado, que apreciamos y conocemos como arte.

En general las culturas se acercan a lo bello, por la descripción de los atributos, tanto exteriores como interiores, ya sea natural o artificial, de modo que acercarnos a lo bello es siempre una serie de momentos de reflexión, ya el viejo Kant, por su parte, distinguía dos tipos de belleza: la libre, aquella que se presenta naturalmente y sin acomodos, y la belleza adherente, que está sujeta al consolidado juicio racional que espera encontrar en ella una serie de propiedades según las cuales el objeto es en sí producto de lo humano, aquello que se ha establecido y considerado como bello tras generaciones de aprendizajes en cestería, orfebrería o tejidos en la fibra del cobijo, destreza de las manos y culturas vivas.

Uno de los momentos reflexivos en la plasmación de lo bello es el arte y la artesanía, cuya etimología procede del latín ars, artis, y del griego τέχνη (téchne), que significa «técnica». De ahí que es usada desde la antigüedad para referirse también a los oficios, como sucede en la mayoría de las culturas no occidentales ni occidentalizadas, reconociendo también el uso de la palabra, el diseño junto al color, y la música, que suelen formar parte de lo sagrado en la ceremonia, como ocurre desde tiempos inmemoriales con las culturas originarias presentes en la región metropolitana, especialmente las de los pueblos nación; mapuche, aymara, quechua y rapa nui.

Así es, dependiendo de las culturas, las artes y artesanías buscan representar lo venerable, a través de medios diferentes en que el universo hace patente las inquietudes humanas, sean reales o imaginarias, estén presentes en los sueños o alojadas en lo existente. Como sea, estarán presentes mediante el uso de símbolos o alegorías y nos acompañan en su condición objetual, tan cercana a lo entrañable.

Pero no nos confundamos, el acercamiento hacia lo bello no es propiedad del arte o de la artesanía, en las expresiones mencionadas, si bien, requiere de la aplicación de reglas o técnicas específicas, orientadas al disfrute de los sentidos, (qué mejor que las artes culinarias), también se utiliza para indicar la capacidad o destreza para hacer algo con excelencia y pericia. De allí que se nos acerquen, el arte de la política o el arte de la guerra, cuyos daños padecemos en todas las culturas.

Pero volviendo a lo bello y a Kant, el antagonismo de dos facultades: el entendimiento y la imaginación, generan la armonía por donde transitan todas las formas, texturas, aromas y sonoridades de lo bello. En tanto que lo sublime es el semblante de los juicios del gusto puro, que dan placer. De allí la verdadera virtud –caracterizada como excelsa–reposa en un principio ético general cuyo correlato es un estremecimiento que habita en todo lo sensible del ser humano. Este umbral ético no consiste en una norma especulativa, sino en la conciencia de una conmoción.

De allí que la hermosura de una nueva constitución, sea la llave que puede permitirnos acercarnos al buen vivir de lo bello, y tal como nos recordábamos con Kant, el sentimiento de lo sublime es la esencia del obrar moral y el sentimiento de la belleza es, a su vez, símbolo de tal moralidad. De modo que dejemos atrás el tiempo de los inmorales y corruptos, u otras letras chicas en la especulación de la avaricia. Dejemos atrás la ignorancia, la falsedad de la historia, y los oxidados estadistas de hojalata, los ególatras de amarillo y todas aquellas ramificaciones del odio y esa lucha de clases instalada por los poderes fácticos, los especuladores de todos los mercados que han conculcado los derechos ciudadanos y entre ellos los de los pueblos nación presentes en nuestros territorios. Y volvamos a apreciar la belleza de una nueva y digna constitución, para que el mañana sea más que un día mejor, sea el momento en que las nuevas generaciones reclamen su lugar en la historia, como lo hace la belleza en el arte de lo bello que, sin lugar a dudas están presentes en la revitalización cultural emprendida en los últimos años por los pueblos nación vigentes en la región metropolitana y que se verán reconocidos no sólo bajo los conceptos de plurinacionalidad o plurilingüismo, tan necesarios para reconocer y reconocernos, en aquello que aprobamos desde la razón con todo el corazón.

Hans Schuster
Escritor
Fundador del Colectivo de Arte: Látigos de Fuego
Co-fundador del Colectivo de Artes y Humanidades Filopoiésis.
Coordinador área de Gestión de las Culturas y Patrimonio-UCSH.

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