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En el cincuentenario del Documento de Marzo. por Jaime Lorca Tobar

En el mes de marzo de 1974 se dio a conocer el llamado Documento de Marzo, redactado a pocos meses de golpe civil militar por un puñado de valerosos compañeros que conformaron la Primera Dirección Clandestina Socialista en medio de la más brutal represión contra el pueblo y sus organizaciones. Esto con el declarado propósito de evitar a futuro cualquier alternativa revolucionaria de cambios e imponer un modelo económico concentrador y excluyente.

Hoy, a cincuenta años de acaecidos estos hechos, junto con rendir tributo a quienes ofrendaron sus vidas en la resistencia al interior del país, cabe preguntarse: ¿Qué validez conservan los principales postulados de ese documento, dado los enormes cambios ocurridos en el mundo, en Chile y en el movimiento popular – transformador?

No cabe ninguna duda de que el mundo ha experimentado cambios tales que alteran sustancialmente la visión que se tenía del carácter de la época (época del tránsito del capitalismo al socialismo) y de lo que se identificaba como las fuerzas motrices de la revolución mundial: el campo socialista construido en torno a la URSS que implosionó por sus propias debilidades internas, la clase obrera de los países capitalistas que ha visto reducido su tamaño e influencia por su pérdida de conciencia de clase y la alienación en que caen importantes contingentes, y finalmente aunque subsisten las luchas anti-coloniales y neocoloniales (RASD, Palestina, etc.), sin duda la tarea de los movimientos de liberación nacional se cumplió en gran medida entre la post 2da guerra mundial y las décadas posteriores hasta los mediados de los años noventa.

Hoy los países que persisten en un proyecto socialista hacen denodados esfuerzos por lograr un desarrollo integral, donde la centralidad del estado como planificador y orientador se conjuga con el uso de mecanismos de mercado y la existencia subordinada de la propiedad privada en la economía. Por su parte, países que conquistaron su independencia luchan por mantener su soberanía y evitar el saqueo de sus recursos por las potencias neocoloniales y así, conformar estados nacionales de derecho que promuevan los intereses de sus pueblos. Unos y otros enfrentan una ardua disputa en contra de las potencias imperialistas, los gobiernos corruptos y dictatoriales que le son aliados.

El avance de procesos transformadores confronta la resistencia de quienes no se resignan a ser desplazados del rol dominante que han ejercido por un largo período histórico, cuyo punto de inicio puede situarse en el saqueo de la “Abya Yala”, llamada América por las potencias coloniales.

Los movimientos sociales en los países capitalistas son más diversos e incorporan múltiples reivindicaciones convergentes, siendo las más importantes las luchas por la justicia social, la demanda por mayores grados de igualdad y al frente de ello, no cabe duda, sus principales impulsores son los trabajadores asalariados cuyo nivel de conciencia y organización ha decaído. Los movimientos por la igualdad de derechos de feministas y de la diversidad sexual han tomado gran relevancia movilizando importantes contingentes principalmente juveniles y urbanos. También la lucha contra el cambio climático logra la adhesión de mucha gente a la acción de por poner coto a la depredación del planeta. Hoy es un mundo muy distinto al que vieron y analizaron nuestros heroicos compañeros en el verano de 1974, pero el desafío sigue siendo el mismo: La conformación de un nuevo orden mundial que ponga fin a la acción sin contrapeso de las potencias imperialistas encabezadas por el imperialismo de los EUA y sus aliados europeos y asiáticos.

Ese nuevo orden internacional que avanza con mayor o menor velocidad y claridad en las diversas regiones del mundo va creando progresivamente mejores condiciones para que los proyectos nacionales de cada país se puedan desarrollar con pleno respeto a su soberanía, sin intervenciones abiertas o encubiertas, sin sanciones coercitivas unilaterales ni bloqueos criminales como el que resiste Cuba hace más de 62 años.

La lucha antiimperialista es hoy más vigente que nunca. Desarrollarla con éxito es el único camino para liberar a la Humanidad de las guerras, del hambre y de la devastación ambiental.

Pero si el mundo ha cambiado en estos 50 años, ¿Qué decir de lo que ha ocurrido en nuestro Chile por la instauración del neoliberalismo?

El experimento neoliberal impuesto en dictadura por Pinochet y los Chicago Boys, fue precursor en el mundo. Luego vendrían Reagan, Thatcher y una pléyade de politicastros al servicio del capital financiero de los grandes conglomerados capitalistas, demagogos ultraderechistas a lo Milei, Trump o Bolsonaro que piensan darle nuevos aires a este modelo cuya aplicación ha sido devastadora en términos societarios y ambientales.

Pero si el modelo se impuso en dictadura, no puede olvidarse que su pleno potencial y validación política se alcanzó en los gobiernos de la transición pactada, que conformaron una democracia de baja intensidad que acrecentó los niveles de desigualdad social en forma abismante y que pudo chorrear hacia sectores populares sólo en cuanto duro la etapa del crecimiento fácil de este modelo primario exportador, hasta la crisis asiática de 1998.

No en vano quienes se movilizaron en la revuelta de octubre del 2019, dijeron “no son treinta pesos, son 30 años”.

Hoy, Chile tiene tasas de crecimiento tendenciales decrecientes, la aspiración es a lograr un 2%. Con ello hay poco espacio para el “chorreo” y para resolver los agudos problemas sociales que se siguen acumulando. Con un riquerio soliviantado por algunos triunfos electorales recientes no hay hoy disposición a “compartir privilegios” ni aumentar su contribución tributaria, sino por el contrario.

La lucha por profundizar la democracia es la tarea de hoy

La democracia que se recuperó con la transición pactada es plenamente insatisfactoria. Ello se posibilitó por la división de las izquierdas, la desunión entre el PS y el PC, que impidió la construcción de la hegemonía proletaria en el frente a la que llamaba el Documento de Marzo como condición sine qua non para lograr una efectiva democratización post dictadura y en el caso de quienes se proclaman socialistas, posibilitar condiciones para avanzar en pos de ese objetivo: ¡construir el socialismo en nuestra patria!

Tal división de las izquierdas facilitó la salida alentada por los yanquis, por su embajador en Chile a mediados de los ochenta, Harry Barnes, y la imposición del reformismo burgués, la DC, como “primus inter pares”. A esa fatal división de la izquierda contribuyeron errores tácticos, que preñados de subjetivismo no leyeron bien el cambio del periodo previo a la salida pactada de la dictadura, pero también la adopción de posiciones oportunistas que echaron por la borda toda la tradición marxista revolucionaria de la izquierda chilena a la cual adherían con convicción los redactores del Documento de Marzo, quienes señalaron al insuficiente grado de unidad del PS y el PC como la principal causal de la derrota de la experiencia revolucionaria la UP.

Hoy tenemos un cuadro en el que un gobierno de signo progresista se propone hacer algunas reformas y avances en materias muy sentidas por la población, pero que encuentra fuerte resistencia en el parlamento controlado en gran medida por quienes son refractarios a los cambios de fondo admitiendo solo soluciones parche o maquillajes que no cambian, sino encubren, las debilidades y carencias del sistema. La acción de los partidarios del gobierno se ve obstaculizada también y muy sustancialmente por la hegemonía que ejercen los poderes fácticos, los grandes intereses monopólicos, a través de los medios de comunicación masiva, especialmente a televisión abierta, convertida en instrumento de manipulación ideológica de masas, imposición de agendas y combate a cualquier intento serio de impulsar las reformas que se necesitan.

La tarea inconclusa de desmontar el régimen neoliberal y de profundizar la democracia exige luchar por una pluralidad informativa para garantizar el derecho a la libre información, trabajar denodadamente por reconstruir el tejido social, conformando organizaciones que logren atraer y movilizar a importantes contingentes de trabajadores, mujeres y jóvenes como se logró en la revuelta de octubre del 2019, pero también la existencia de partidos políticos prestigiosos, profundamente enraizados en el movimiento social, capaces de dar conducción a las luchas políticas y a la batalla de las ideas; partidos cuyos integrantes ejerzan la disciplina consciente, libres de la acción de caudillos o grupos con sus propias agendas y ambiciones de poder.

A la construcción del partido como instrumento de vanguardia eficaz para luchar por la democracia y el socialismo llamaba el Documento de Marzo El futuro irá indicando qué derroteros resuelven esa tarea pendiente.

Jaime Lorca Tobar
Director de CF Memoria y Futuro
Santiago, marzo 2024

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