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Enero femenino en la memoria. Por Álvaro Vogel V.

Enero no solamente es para nuestro imaginario colectivo un mes caluroso y de vacaciones esperadas con ansias, es además socialmente un cambio de esperanzas o un rótulo nuevo. Enero simbolizaba para los romanos de antaño el inicio y el fin de todas las cosas. Sin embargo, quiero resaltar dos grandes valores elementales en la lucha feminista actual encarnadas en educadoras. Por tanto, enero debería ser un mes dedicado a las mujeres chilenas y más allá del género en sí, a la lucha, a la inteligencia y a la muestra de perseverancia histórica de dos mujeres que son motivo de orgullo permanente para nuestra sociedad.

La primera razón para dedicar el primer mes del año para el género femenino la encontramos en la memoria viva de Amanda Labarca quien hace 49 años nos dejó físicamente, pero sigue vigente hasta hoy de forma intacta en cada educadora que hay en nuestro suelo enseñando en una sala de clases sin importar su tamaño, tecnología o ubicación. Amanda, fue una mujer en medio de dos siglos. Pionera en muchos aspectos, luchadora incansable. Primera mujer en ser profesora titular, además de ser también la primera – valga la redundancia – en tener una cátedra en toda América Latina. Ser prístina puede ser muy difícil, sin duda abrió la ruta a tantas profesoras con su ejemplo, tenacidad e inteligencia. Inicialmente quería ser médico, pero puso sus ojos en el instituto pedagógico de la Universidad de Chile. En aquellos años ya se encontraba vigente el decreto Amunátegui (admisión de mujeres a la universidad) aunque este decreto no significó de inmediato un cambio en la mentalidad y en la vida cotidiana de las mujeres que comenzaron a estudiar, pues estos cambios sociales en las conductas y en el entendimiento siempre han sido más lentos de lo que quisiéramos. Su primer atisbo como luchadora de ideas persistentes y firmes lo vamos a encontrar en su época de estudiante cuando se negó frente a sus padres para ir acompañada a clases por una dama de compañía o carabina, por cierto, la independencia fue un valor primordial para Amanda, aunque no por eso dejo ser muy conservadora en algunas costumbres triviales como usar el apellido de su esposo a la manera gringa influida por los colegios de tendencia norteamericana donde dio sus primeros pasos.

Desde el momento de su egreso como profesora de castellano, destaco en distintos liceos de Santiago y en la fundación de la sociedad nacional de profesores. En su viaje para profundizar sus estudios de pregrado, conoció a quien fue un paradigma en la educación del siglo XX (John Dewey) en la universidad de Columbia. Se dio maña además para estudiar en una de las universidades más tradicionales de Europa, la Sorbonne en Francia. Estas experiencias internacionales le permitieron entrar en primera línea con el roce intelectual, social, cultural y con los cambios que estaban experimentando las mujeres en los inicios del siglo XX y aún más notorios tras la tragedia de la Gran Guerra donde la mujer fue un baluarte moral para todos. Amanda vuelve a Chile y desordena intelectualmente los círculos femeninos y aunque no tan masivos inicialmente pasaron de labores de beneficencia a reuniones de comentarios sobre libros de vanguardia donde las mujeres comenzaron a expresarse libremente fraguando ideas concretas en acciones. En síntesis, estas reuniones de lecturas fueron abriendo las mentes y ahora admitían a mujeres de clase media en concordancia con el auge de esta clase que va a dominar de forma paulatina la escena en la primera mitad del siglo XX incluso con presidentes de ese sector. Este círculo de lecturas y sus muchos debates, ponencias y charlas influenciaron la formación de la famosa “Acción femenina” que estuvo tras la lucha directa del sufragio universal femenino y tuvo la suficiente visión de poner el debate del derecho a voto sobre la mesa mezclándolo con temas de interés masivos como la moda. El carácter de Amanda, pero más que eso su grado de inteligencia y sabiduría fue injustamente atacado y temido por el partido conservador quienes se opusieron a que fuera directora del liceo de niñas número 5 aunque a la postre, el presidente de la época la ratificó en su cargo. Y aunque no lo crean nuestras lectoras y lectores legalmente las mujeres eran consideras menores de edad (herencia colonial), Amanda luchó contra eso y logró en 1925 levantar esa burda ley. La Universidad de Chile hizo realidad que nuestra heroína fuera nombrada la primera profesora universitaria de Chile, en su primera aparición fue saludada nada menos que por el león de Tarapacá y por el futuro presidente que tomaría años más tarde la educación como bandera de lucha “Don Tinto”, el presidente de los pobres, el radical Pedro Aguirre Cerda. Dejando la educación un momento de lado, ella fue defensora acérrima del sufragio femenino junto a otras ilustres mujeres donde destacó Elena Caffarena quien trabajó codo a codo con Amanda Labarca aun cuando el día de la promulgación del voto no fue invitada y debió estar en su casa a pesar de la larga lucha que dio. Amanda fue militante del partido radical, su rosario de batallas se vio compensado con la ley del voto municipal en 1934 y en 1949 el voto masivo en las elecciones presidenciales, aunque debieron esperar hasta la elección del 52. A modo de epílogo fue embajadora en la ONU, por cierto, destacó trabajando en la UNESCO. Palabras finales para ella en la pluma de Juvenal Hernández (Ex Rector de la U Chile)” Es una mujer extraordinaria. Yo espero que la historia de esta mujer tendrá que hacerle justicia en la forma que merece”.

Chile es tierra de poetas, y se reflejó cuando todo el impulso educativo liberal dio sus frutos en el siglo XX. EL 10 de enero recordamos el fallecimiento de la primera mujer en ganar el premio nobel nuestra querida y humilde Gabriela Mistral. Fernando Daza tardó dos semanas en preparar el icónico mural en pleno cerro San Cristóbal, punto neurálgico donde vemos a nuestra poetiza al centro con un libro en la mano haciendo lo que mejor supo hacer y tanto falta hoy: Educar, pero también la lucha femenina quizás de una forma distinta pero efectiva. Mistral es tremendamente dualista para sus estudiosos, se puede hacer una lectura muy conservadora: mujer religiosa, maternal, canciones de cuna versus la otra mirada: una mujer que luchó por los derechos de las mujeres en una época donde no fue fácil hacerlo. No obstante, su idea de feminismo está lejos de ser la idea actual y convencional, ella misma se encargó de decirlo muchas veces. Su feminismo fue más pragmático por decirlo de alguna manera más actual, para ella el feminismo fue una relación de equilibrio donde la mujer pudiera educarse sin temor, donde su fuerza laboral fuera reconocida como tal, un sueldo digno y desde luego sin claudicar el derecho a voto y ahí converge con las ideas de Amanda Labarca. Sobre el voto fue clara y precisa, era un derecho humano fundamental, “Discutir sobre la extensión de este derecho no es serio y, cuando no prueba malicia, prueba estupidez”.

Esta semana, se dieron los resultados de la prueba que selecciona y encasilla a miles de alumnas y alumnos para algo tan elemental y básico como estudiar luego de 13 años de estudio en otro sistema en crisis “el colegio”. Dentro de la evolución de esta prueba que ha cambiado de siglas (PAA, PSU, PTU, PAES) buscando ingenuamente igualdad, se mantiene algo fijo, la brecha entra la educación privada y la pública a propósito del ranking de 100 colegios con mayores puntajes donde únicamente tres no fueron privados. Gabriela Mistral estaría más que triste con nuestra realidad, pues ella fue el paradigma de que la educación pública no solo era posible, era necesaria y había que hacerlo sin claudicar, uno de sus lemas más firmes fue “Enseñar siempre no importa dónde”. El dicho nadie es profeta en su tierra puede ser muy ajustado a su realidad y desempeño, pues sus sistemas educativos fueron aceptados con amor y orgullo en México más que en chile. Ella creía firmemente en el pueblo, en la educación rural, en el campesinado. La sala de clases podía ser perfectamente el campo o al aire libre, pero por sobre todo siempre buscó la igualdad. Mistral fue muy culta, se inspiró en Tolstoi, Rousseau, Dewey entre otros pensadores.

En la actualidad, su amor de pareja a Doris Dana no es un tema relevante como si lo fue hace unas décadas, aunque supo cuidar su vida privada nunca escondió sus sentimientos. “Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas enseguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos” (A Doris Dana) En el Chile de hoy, damos por sentado que las mujeres y los hombres pueden votar, se está buscando la paridad de género en política aun cuando no hay una ley de 50% de senadores y 50% de senadoras o de diputadas y diputados o alcaldías. La elección presidencial reciente (2021) se presentó solamente una mujer. Es posible que las mujeres de esta década les cuesten mucho menos avanzar que a las mujeres de décadas pasadas o de siglos anteriores aun cuando presentamos una alta tasa femicidio o de casos mediáticos de abuso. Cada avance es fruto de muchas heroínas la gran mayoría profesoras, educadoras, asistentes de educación, psicólogas, profesoras diferenciales todas admirablemente anónimas que día a día educan a generaciones de chilenas y chilenos buscando un país mejor. Pero hay otras públicas y admiradas como Amanda y Gabriela a cuáles recordamos en un caluroso día de enero.

Dedicado a las profesoras de Chile.

Álvaro Vogel V. Historiador.

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