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«Ensayo para la memoria»: una historia entre música y poesía. Por Paquita Rivera y Alex Ibarra Peña

En nuestra historia podemos observar que ha sido prolífica la relación entre poesía y música. Por ejemplo, los versos escritos por el revolucionario Eusebio Lillo, protagonista en el movimiento de liberación coordinado por la Sociedad de la Igualdad, para lo que sería nuestro himno nacional. La construcción del Estado-Nación que desde la clase criolla instaló un proyecto político republicano desde ideales de liberación de la explotación y con un anhelo por la igualdad entre los ciudadanos. Se recuerda en este «Ensayo para la memoria» a través de canciones propias de nuestro folclor a personas como O’Higgins, Carrera y Rodríguez, hay una pretensión que va hasta el Chile decimonónico. Ha sido fuerte esta vinculación entre la música y la poesía, por ejemplo fue muy evidente esta relación en ese grupo intelectual que fue faro espiritual a comienzos del siglo XX en la Casa de Los Diez, especialmente en la prodigiosa relación entre Alfonso Leng y Pedro Prado, cómo no recordar «Las Doloras» o «La muerte de Alsino», composiciones relevantes de nuestra historia musical. En la música popular el vínculo que aludimos ha sido muy claro, sólo por mencionar algunos Violeta Parra, Víctor Jara, Mauricio Redolés, Chinoy, Tata Barahona, por cierto este listado puede ser muy largo y quedaremos en deuda con varios y varias al no mencionarlos.

En esta presentación realizada el domingo 13 de noviembre con un Teatro Nescafé de las artes lleno de público, vimos el testimonio significativo de esta obra que expresa el vínculo entre la poesía y la música, pero sumando la expresión artística del teatro, la danza y también el relato. La presentación además se convirtió en una suerte de homenaje a Carmen Barros que ocupó un rol protagónico en la escena. Un emblema de artista multitalentos, que desde el despliegue de sus dotes actorales y musicales mantenidos vigentes y poderosos, nos desafía a continuar en la búsqueda de la genuina expresión creativa, tan esquiva en la presente década del reguetón y la liviandad pseudo-artística. Un acierto la concepción de esta representación de parte importante de nuestra historia artístico-cultural que bien supieron leer Luis Vera Nieto, quien también ocupó un sorprendente rol protagónico en el escenario, junto a Hiranio Chàvez que aportó con el relato y Valentina Chávez Cirano en la danza. Las interpretaciones musicales del maestro Patricio Solovera, los aportes interpretativos de la pianista Kuki González, la chelista Angela Acuña y la sólida participación instrumental y vocal de Tempo Sur, hicieron posible una presentación notable que quedará en nuestra memoria. Gran ejercicio de memoria que recuperó también a creadores fundamentales del teatro chileno, particularmente a Juan Radrigán e Isidora Aguirre.

Este Ensayo para la Memoria es una obra prolija en su relato histórico, bien realizada como puesta en escena y de alta calidad musical. Productos culturales de este tipo vienen a ser reales aportes en un sentido cultural amplio, que esperamos se replique en los escenario nacionales, que hoy parecen en ocasiones, carentes de suficiente substancia para sobrevivir al producto de consumo fácil. La experiencia de estos artistas se convierte en una donación sustantiva al proceso cultural que debe fortalecer el proceso político que requiere la demanda por la justicia y la dignidad. Tenemos una historia libertaria, republicana que desafía las posibilidades de vida democrática que nos une en nuestra condición ciudadana en el espacio común de nuestra convivencia.

Paquita Rivera.
Músico.

Alex Ibarra Peña.
Filósofo.

Colectivo Música y filosofía.

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