En kioscos: Enero 2020
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

Esa aparente normalidad. Por Ignacio Vidaurrázaga

Esa parece ser la apuesta del gobierno de Piñera con el país y en las ciudades. Un ejemplo: Avenida Vicuña Mackenna desde el paradero 14 hasta el inicio de Puente Alto evidencia los rodillos y brochazos del color cemento sobre los pilares del Metro. Todo plomo o gris. No hay leyendas. El alcalde Carter ha tenido que hacer un gran esfuerzo para que brigadas contratistas o del municipio "normalicen" la importante arteria. O sea, cubran los mensajes de los rayados y carteles.

Absolutamente distinto a lo que exhibe el GAM y Alameda o la zona O de la Plaza de la Dignidad. Posiblemente en La Florida nuevos mensajes ocupen esa pizarra limpia que les proponen las autoridades. Borrar rayados es aplanar, es instalar "la normalidad" a fuerza de galones de pintura. Pero no se trata sólo de los muros.

La mano de pintura y los temas distractivos o lo que inventen deberán esconder demasiado bajo la alfombra. El informe "huérfano" del Big Data sin responsables, ni costos ni fines de ser tan estúpido se convierte en tema. El nuevo Jefe de la ANI el ex contra-almirante Jordán lo instala y explota una granada de descrédito que llega hasta Corea del Sur. Involucra deportistas y grupos musicales y se convierte en un distractor de inteligencia o en una nueva evidencia de la inexistencia de un gobierno que piense, aunque sea desde sus propios intereses. El hazmerreír se expande y se asocia a la falta de credibilidad de Piñera.

Luego se conoce la campaña de publicidad de los 202 millones. "Paz para Chile" es el tema y la pretensión: que los publicistas de la COPEC o la Coca Cola puedan influenciar un cambio de actitud en la ciudadanía movilizada. De nuevo: demasiado burdo, demasiado sencillo.

La normalidad aparente busca profitar de la "baja" en la actividad de la protesta, quiere ser aprovechada como la oportunidad.

Como en los negocios la palabra mágica para el presidente es: oportunidad. Si no se tratase de lo que nos jugamos como pueblo desde hace casi 70 días, podrían ser sólo chascarros o memes. Cuando ya se termina la navidad, seguimos esperando el único y más elemental regalo: ¡la renuncia de Piñera!

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez

26.12. 2019

Compartir este artículo /