Nací en un mundo de necesidades y anhelos, crecí entre libros, tertulias, risas y desvelos.
Estudié con dedicación, trabajé con pasión y convicción, una vida de entrega y razón.
Aporto mi conocimiento y mi voz, colaboro en el tejido social. Otros me respetan, yo a ellos también.
El tiempo ha sido un maestro amable, a veces duro, pero honesto y siempre sincero. He alcanzado metas, he visto los logros de otros y sus sueños florecer, mi razón de ser.
Soy un aporte, quiero pensar, una luz que puede guiar a otros. Y ahora, me dicen que la jubilación se asoma, pero mi pasión por ayudar nunca se desploma.
“Está en edad de jubilación”, dicen sin saber, que en mi corazón y en mi razón aún no se apaga la pasión.
No se mide la vida por su edad o su final, aún hay sueños por alcanzar.
Las arrugas son solo un antifaz, de un alma joven y sincera, que aún guarda en su compás la melodía de la espera.
Trabajo y aporto, me respeto y me honro, ¿por qué he de ceder?
Trabajo y aporto, me respeto y me honro. Elijo continuar mi camino con firmeza y pasión, y cada paso que doy es un acto de creación.
Con mi experiencia y sin temor, sigo aportando con todo el fervor.
Con sabiduría y sin prisa, con cada día que pasa, mi compromiso no se desplaza.
Con energía, con fuerza y sin cesar, mi voz siempre se ha de escuchar.
La tristeza me embarga, la soledad me acecha, pero soy más que un número, más que una fecha.
¿Quién define la vejez, quién marca el compás? ¿Acaso un joven eterno, que nunca envejecerá?
¿Acaso descubrió la fuente de la eterna juventud, o es solo un reflejo de su propia altiva actitud?
Soy la suma de historias, de risas y llantos, un alma que sigue en marchas con cantos.
Así que, aunque digan que debo descansar, mi lucha persiste, no hay razón para callar.
Así que escuchen: la vida no se mide, en años contados ni en un triste papel, quien dice que el viejo ya no sirve, ignora el poder de su voz y su nivel.
Así que escuchen: la experiencia es oro, un tesoro oculto que brilla en el ser, quien pide la calma y el retiro del coro, teme el rugido de un pueblo que no deja de creer.
Así que escuchen: el cambio no es cuestión, de juventud sola, ni de un nuevo amanecer, quien cree que el anciano ya no tiene razón, desconoce la historia que sabe renacer.
Así que escuchen: el tiempo es un aliado, no un enemigo que deba silenciar, quien busca el silencio de un sabio cansado, olvida que pueblo tiene voz y que el cambio se forja en la lucha y la verdad.
Así que escuchen: no hay edad para la lucha, la pasión social no se apaga, se vuelve a encender, quien dice que el viejo debe solo esperar, desconoce que el pueblo unido jamás será vencido y que en cada esquina se escucha lo vivido.
