LA PARADOJA
Algunos teóricos, como el propio Maquiavelo, señalan que los lideres deciden incluso contra la moralidad o sus principios con el objeto de mantener el poder, y lo denominan razón de Estado. Sin embargo, la razón de Estado ha servido para ocultar todo tipo de atrocidades. Muchos creen que estamos en la Modernidad, pero recordemos que los absolutistas modernos no se interesaban en la Modernidad, ellos sólo deseaban ser más competitivos y eficientes en todos los planos, contrarrestar la ofensiva intelectual del iluminismo, y continuar asegurando el poder para sí. También sabemos que el nazismo alemán logró modernizar el Tercer Reich, pero basó su desarrollo en la guerra, la dictadura, la esclavitud y el exterminio de pueblos enteros. Tampoco alcanzó la Modernidad que es el estado en el que se respetan todos los derechos de las personas. La impunidad legal de agentes del Estado responsables de graves crímenes gráfica la inexistencia de Modernidad por el sólo hecho que quienes tenían el deber de proteger los derechos fundamentales no sólo no cumplieron con su obligación, sino que además el propio Estado al otorgar la impunidad legal, deja sin eficacia a la justicia, de modo que tal decisión no cabe en un concepto de razón de Estado, sino de la sin razón. A pesar que siempre fue vox populi la existencia de civiles en la dictadura, Sebastián Piñera acuñó el término "cómplices pasivos" en 2013 para referirse a quienes, teniendo poder o conocimiento, no alzaron la voz frente a las violaciones de derechos humanos durante la dictadura militar. Esta postura buscó desmarcar a su coalición de centro-derecha de los horrores del régimen, reconociendo la responsabilidad compartida por la omisión. Es una calificación conocida tanto en el derecho como en el lenguaje social. Según la RAL viene del lat. tardío complex, -ĭcis., es un adjetivo que significa que manifiesta o siente solidaridad o camaradería. Un gesto cómplice, que es participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas. Sus sinónimos son colaborador, partícipe, copartícipe, coautor, compinche, secuaz, ayudista. En derecho es una persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos. La calificación del entonces presidente Sebastián Piñera tiene un peso enorme. Implica un conocimiento importante de la situación de derechos humanos. Súmese a ello la actitud de algunos que, al contrario, niegan los hechos, son los negacionistas, que, irracionalmente, niegan una realidad empíricamente verificable o un evento histórico documentado. Su objetivo es ocultar la verdad y mantener la ignorancia. Lo que se agrava cuando, además, se es tolerante con los corruptos públicos y privados, incluso con políticos extranjeros acusados de pedofilia. Hay, sin embargo, “hombres de Estado” autodenominados progresistas que también detestan la crítica y que han hecho lo indecible por boicotear a medios nacionales de centro izquierda, como lo ha denunciado reiteradamente tanto Felipe Portales Cifuentes, en diversos artículos y libros, como Faride Zeran y Juan Pablo Cárdenas. La tolerancia es un valor moral y social que implica el respeto íntegro hacia las ideas, creencias, prácticas o características de otras personas, incluso cuando son diferentes o contrarias a las propias. Desde luego la tolerancia tiene límites como la intolerancia misma: para mantener una sociedad tolerante, no se debe tolerar a quienes buscan destruir la convivencia, los derechos humanos o la democracia. Según la paradoja de Popper, tolerar discursos de odio o supremacistas elimina la tolerancia. En esto estamos hoy cuando triunfa el negacionismo, los discursos de odio, la tolerancia a la corrupción, a la pedofilia, se desconoce que Pinochet fue un dictador corrupto y asesino, y se niegan los crímenes de lesa humanidad.
LA TAREA ES EDUCAR
Son enormes aún las tareas que los países salidos de regímenes violadores de derechos humanos o de terrorismo de Estado deben realizar para construir la democracia e ingresar a la Modernidad, siendo una de ellas el mayor obstáculo levantado por estos regímenes: un orden legal, cuyo objetivo es precisamente perpetuar un sistema antidemocrático y en todo caso autoritario, con desconocimiento de derechos fundamentales particularmente a través de la impunidad de sus agentes. Para apreciar el aspecto ideológico de la modernización y poder caracterizarlo o no como expresión de la Modernidad es necesario tener presente el orden jurídico y político, toda vez que es allí donde se plasma el concepto de Modernidad que impulsó la Ilustración y recogieron los Estados modernos. LA ESENCIA DE LA MODERNIDAD
La paradoja es que se aspire a construir una sociedad moderna más justa olvidando el pasado, sosteniendo que de esa manera se logra el Estado de Derecho, lo cual exige aclarar el concepto de Estado de Derecho, el que es confundido muchas veces con la voluntad del gobernante por respetar la legalidad vigente, uno de los aspecto del Estado de Derecho, pero cuando el sistema legal permite la violación de derechos humanos, que incluye por ejemplo la impunidad, se está sólo frente a un Estado de legalidad pero no de un Estado de Derecho Moderno. Se requiere observar los contenidos del orden jurídico como elemento substancial para evaluar la existencia o no del Estado de Derecho. Ello por cuanto hay quienes sostienen, además, que existe Estado de Derecho en aquellos países que tienen democracia y que se respeta la ley, concluyendo, además, que ya se está en la Modernidad, incluso en la Postmodernidad (ver obras de Manuel Levina, Jurgen Habermas, Horacio Spector, etc). Podría discutirse que tratándose de normas que tienen el respaldo de la fuerza que monopoliza el Estado no cabe hablar de filosofía, sino más bien de cuestiones prácticas tales cómo se impone más eficientemente la norma, cuáles son sus consecuencias y si es necesario modificarla. Sin embargo, tarde o temprano el análisis de la norma legal conduce hacia su contenido valórico y la única forma de impedir su debate es mediante el uso de la fuerza represiva del Estado, la censura directa o indirecta. Una actitud de este tipo se explicaría sólo si el Estado es una expresión del autoritarismo, regido por grupos de poder que no tienen en su proyecto, ideario o discurso político una concepción de derechos humanos ni de ética y que ejercerán el poder imponiendo la "ley", cualquiera sea su contenido, a como dé lugar, es decir con toda la fuerza que le otorga el control del Estado, al margen incluso del desarrollo que ha alcanzado la ciencia del Derecho y la Política.
MODERNIDAD Y DERECHOS HUMANOS
La Constitución liberal es el primer Código político que reúne las normas fundamentales que rigen un país. La primera que tendrá ese carácter será la de los Estados Unidos de América. La Revolución Francesa consagrará principios e ideales propuestos por el Iluminismo, los que quedarán inscritos en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, reconocidos como los derechos humanos. Reconocimiento que solo será formal. El reconocimiento por parte del Estado de los derechos inherentes a la persona humana es, entonces, de reciente data, no más de trescientos años, aún cuando sus primeras manifestaciones se producen como resultado primero de la lucha de los nobles por sus derechos en 1215 con la Carta Magna en Inglaterra y luego del imaginario e ideario racionalista y liberal que se plasmará a fines del siglo XVIII en revoluciones políticas hasta llegar a un reconocimiento pleno sólo durante el siglo XX. Las ideas de la Ilustración se impusieron a los argumentos de autoridad y a la lógica de la compasión y lograron transformar la palabra revolucionaria en parte de nuestro lenguaje cotidiano, de nuestras creencias e idiosincrasia, de la forma como hoy se relaciona la especie humana y de cómo se asumen los desafíos del futuro. Las proclamas de igualdad, fraternidad y libertad se han ido traduciendo en normas jurídicas dando al Derecho su verdadero contenido: la seguridad jurídica para los miembros de la comunidad. Ha sido un proceso paulatino, largo y sinuoso, no exento de violencia y de incomprensiones, que siguió conviviendo con la represión a las mujeres, la esclavitud y la discriminación, pero, ahí están el derecho político y constitucional moderno, el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho humanitario indicando a las autoridades, a quienes ejercen poder y a las personas en general cuáles son sus deberes y derechos, en un proceso de modernización. Sin embargo, a pesar de toda la tinta corrida, de todos los discursos pronunciados, de todos los buenos deseos, la barbarie no ha podido ser expulsada del todo, lo que cuestiona, incluso, la eficacia del Derecho, como ha quedado en evidencia en las políticas del Hegemon, restando derechos sociales en su país, amenazando incluso a sus propios amigos, rompiendo tratados, declarando la guerra sin motivo, vaciando de contenido al derecho internacional.
RETROCESOS
La voluntad de ocultar hechos como la represión histórica que ha sufrido el pueblo chileno o la corrupción, no es solo irracional, es también un error por cuanto la verdad resurgirá tarde o temprano. Del mismo modo que pretender eliminar avances normativos logrados a lo largo de los años, cambiar la política exterior tradicional del país, eliminar derechos sociales, desproteger el medio ambiente, imponer administrativamente la impunidad o beneficiar a los más ricos va en contra de la voluntad mayoritaria e histórica en Chile que ha logrado avances importantes en estas materias. En Chile no existe una ley que prohíba los discursos que nieguen, justifiquen, minimicen o exalten las graves violaciones a los derechos humanos, y más bien enfrenta cuestionamientos pues, según algunos, podría constituir una restricción a la libertad de expresión, fuera de las hipótesis aceptadas en los distintos sistemas de protección de los derechos humanos. Hay distintos proyectos de ley relacionados con negacionismo, actualmente en tramitación legislativa y de cuyos textos se puede concluir que:
i) buscan sancionar la negación, justificación o minimizar las graves violaciones de derechos humanos durante la dictadura cívico militar chilena y la deshonra, menosprecio y humillación de las víctimas, y a quien rinda homenaje a las personas condenadas por crímenes de lesa humanidad.
ii) establecen nuevos delitos, con penas de prisión de libertad y multas, las que se agravan cuando quien cometa la conducta constitutiva de delito sea funcionario público, con la consecuente suspensión del cargo u oficio mientras dure la condena; o solamente multas, que van desde las diez hasta veinte unidades tributarias mensuales.
iii) establecen medidas generales de reparación y garantía de no repetición, por ejemplo, homenajes, retiro de imágenes y compromiso de no repetición.
LA RESPUESTA SOCIAL
En una conversación privada se podría discutir si tal hecho reviste o no tal o cual característica. Pero, cuando es a nivel político, o en un medio público o desde una institución pública, en debate académico, entonces se cruza una línea roja, la ruptura del derecho que ahora se torna encubrimiento, sumándose de esta manera a los ignorantes, a los negacionistas y a los cómplices pasivos. La ignorancia no es excusa, teniendo presente que, por una parte, la información pública sobre delitos que afectan a muchos, como las colusiones en que estuvo involucrado el actual ministro de Hacienda, señor Quiroz, la corrupción pública y privada de actores políticos de todos los colores, los archivos Epstein, y violaciones a los derechos humanos está al alcance de todos, y, que, por otra, el respeto de todos los derechos humanos es un deber del Estado. Cuando es el gobernante el que lo hace se suma a la basura de la humanidad, sea a los violadores de derechos humanos o los pedófilos que gobiernan el mundo o destruyen el medio ambiente, o eliminan derechos sociales, alejando al país de un proceso de modernización y logran retrocesos que cualquiera, en su sano juicio, jamás podría aceptar, y instalando la inestabilidad para todos. Sabemos que la vida siempre busca su cauce y que nada es eterno, por ello la lucha continua para lograr que el Estado entre en razón
