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Estallido, constitución, elecciones: una trilogía interconectada. Por Luis Osorio

Tres momentos que se encuentran en pleno desarrollo, son altamente relevantes en la historia futura y con signos que remecen el período más próximo de lo que vendrá.

La aparente normalidad, y en cierta forma una letanía, en la cual estábamos inmersos, hacía que los períodos presidenciales partieran con unos meses de instalación, luego el ejercicio mismo de la gobernabilidad y finalizaban con unos meses de retirada del cargo. Es altamente probable que el próximo período gubernamental, tenga un desarrollo diferente, con exigencias y movilizaciones desde el primer día, con alguna despedida incluida el 11 de marzo o antes, considerando que, entre este período y el estallido social, se interpuso la pandemia, quedando pendiente una parte de la evolución de acontecimientos, que no ha alcanzado a finalizar, por el contrario, se ha agudizado.

Se impone también algo pendiente, que es el significado de un paso a una forma de vida situada en siglo XXI y no anclada en varios siglos del pasado, raíces en las cuales algunos aún siguen enquistados y les cuesta dejar de lado. No es que apuesten a lo bien realizado, sino al beneficio del poder alcanzado, la característica que fue adquiriendo predominio desde el año 73 en adelante y con permanencia desde año 1990 hasta el presente.

Tal vez partiendo al revés del título que da origen a este artículo, con alcances en lo eleccionario, señalar que debe haber una razón muy de peso para no tener a la fecha una inscripción automática con voto obligatorio. Claramente no se trata de evitar la aglomeración de personas en los locales de votación a consecuencia de la pandemia, hay más signos que llevan a una interpretación de tipo derechista, que podría ser el que con el voto obligatorio se coarta la libertad de las personas para decidir si concurren a votar y/o resultados de cuentas sacadas con calculadora en mano.

En una línea de estrecho vínculo con lo anterior, habrá que observar la cantidad de electores que participan de la primera vuelta año 2021, y la derecha en ese momento sacará sus cuentas de cuánto dinero debe invertir para sumar adherentes y más aún si le es rentable efectuar esa inversión. Se trata de un sector que actúa así en su doctrina e ideología, férreamente adscritos a la estructura de la que fueron sus autores post golpe de estado, con apego a la Constitución del 80 y a los métodos que estén a su alcance los cuales nunca han dudado en utilizar, la violencia que les pertenece. Cuando se llega a una elección con demandas intensas que han provocado un estallido, se trata de grandes responsabilidades que el(la) próximo(a) presidente(a), tendrán a su haber.

Pero también, no se puede dejar de lado la atribución de responsabilidades en el estado de cosas. Si en el discurso de candidatura y en la propaganda en sí, se escuchan promesas que van vinculando a la natural interrogante de porqué ahora y no antes, atendiendo a un tiempo considerable que un sector ha tenido al ejercer gobiernos y con alto número de parlamentarios, no resulta para nada comprensible lo que se habla. Cuando se esgrime desde la posición señalada, la necesidad de cambio, es porque hay antecedentes de cosas que no se hicieron en los tiempos debidos y aceptando que podría haber sido de manera paulatina. Pero han llegado tarde, lo obrado ya es un hecho y lo no obrado también.

Más aún, no tener la sensibilidad de haberse retirado a un tiempo de reflexión, sin reincidir como sector en los afanes de llegar al gobierno que se avecina. No sólo eso, también se actúa en una forma de tenaz oposición al adversario, con un permanente disparo de dardos. Es necesario efectuar el ejercicio de una re comprensión de la historia y frente a circunstancias trascendentes, se debe devolver la mano. Se debe entender, que son cambios profundos los necesarios y así como a ellos se les apoyó en sus respectivos tiempos, sin condiciones, no hay espacios para levantar exigencias de ningún tipo y mucho menos recetas que no dieron resultados. Diferente es el caso de quienes se han dado el tiempo para analizar, y están mirando la historia de otra manera con un accionar concreto desde ahora, decisiones ya tomadas y prontas a ejecutar.

En la noche del 21 de noviembre, habrá claridad de la composición del próximo parlamento y por tanto al peso relativo en el arcoíris político, de las confianzas alcanzadas en los últimos dos años o, por el contrario, desconfianzas, todas las cifras se deben interpretar en su verdadera dimensión asociada a quienes concurrieron de manera efectiva a sufragar. Pero desde hace tiempo, venimos asistiendo a la resolución de lo presidencial en contiendas de segunda vuelta, que es altamente probable que este año no será excepción, llamando la atención las mayorías constituidas como relativas. Sin embargo, cada época tiene sus características bastante marcadas y en la actualidad, el gran peso es que contrario a lo que imaginaba Piñera, no estamos en un oasis, se ha ido pavimentando un camino pedregoso. Si en rigor fuera un funcionario de servicio público, estaría calificado en los últimos lugares de las listas de puntuaciones más bajas, y con variadas anotaciones de demérito que ya lo tendrían desvinculado.

Algo medular es la forma en que se ha ido de manera intencionada construyendo un país, en el cual no hay cabos sueltos. Una estructura de vida impuesta en dictadura que se mantiene, promesas no cumplidas, marcado individualismo que hace centrarse en los beneficios de poder, y gobiernos alternados en signos, pero por 16 años consecutivos sólo con dos nombres de presidentes. Una demostración de que, por dos lados diferentes, no fueron capaces de innovar al menos con candidatos y así, avanzar en un cambio generacional.

El planteamiento reiterado en otros artículos, de la necesidad de dar paso a la juventud debe manifestarse en hechos reales. Es el resultado, de haber llevado al país a un statu quo en que las cifras de crecimiento, beneficiaban sólo a un sector.

La desigualdad es algo real, no se trata de algo antojadizo y es la que hace abrir paso al descontento social, junto al reclamo por una vida digna. Existen los elementos de juicio que son objetivos, que nos permiten observar las grandes diferencias que hay en materia educación según acceso a medios económicos, también sujeto a las condiciones sociales del hábitat de los estudiantes. La educación técnico profesional, en relación a la mano de obra barata, se vincula con los sectores de mayor vulnerabilidad.

La brecha de posibilidad de atención en salud, es alta, el límite de separación también condicionado a los recursos económicos de las personas. A lo privado se accede sin dificultad mediante la disponibilidad de dinero, y en lo público se ponen en práctica las listas de espera.

En lo previsional, al tener que cotizar en forma obligatoria en las administradoras de fondo de pensiones, negocio perfecto de apropiación de dinero de los cotizantes, en los cuales se “vende la idea de que los recursos pertenecen a las personas en su plano individual” y son parte de un ahorro para la edad en que se accede a pensionarse. Sin embargo, la realidad final de estos dineros es que las opciones de administración en régimen de pensionado, llevan al agotamiento de fondos o a la cesión de manera irrenunciable de los recursos a las compañías de seguro. Claramente un sistema que no es de seguridad social.

Si las AFP, actuaran con criterios de humanización y administración eficiente, no deberían provocar una pérdida de fondos, por cuanto deben resguardar cualquier monto de dinero que tengan a su cargo. De forma paralela, bajan los fondos y las utilidades registran onerosos crecimientos. El cambio previsional, no debe ser observado desde un apuntalar con pilares solidarios, en la lógica del estado subsidiario, sino que es el cambio a un sistema que no engrose los bolsillos del poder económico, y las pensiones sean bajas. No hay que mirar sólo los dineros de los cotizantes en su valor monetario, sino que son horas de trabajo las que están presentes y en manos de instituciones en las cuales no hay confianza.

En materia salarial, el ejercicio de la elaboración de un presupuesto relacionado con cuánto dinero vive una persona en forma digna, no se realiza al momento de fijar el monto de salario mínimo. Es el efecto de la carencia de injusticia social, no puede ocurrir el episodio de la propuesta de un obispo que acuño el término de salario ético en $250.000 y se tardó varios años en alcanzar ese monto, la depreciación lo alcanzó en el camino.

Desde un modelo injusto, también opera la nula razonabilidad de implementar en períodos difíciles una “legislación con énfasis en lo solidario” e insistir en lo inadecuado de aplicar la frialdad de las leyes del mercado, en que aparecen recursos de ayuda y la inflación actúa como una succión del ser humano, la aplicación de leyes sólo escritas en los textos de economía de quienes ostentan el poder. Hasta llega a ser contradictorio, en períodos como este llevar adelante eventos como la TELETON, tratando de dar un incentivo a la solidaridad y abriendo puertas al negocio de las donaciones con fines tributarios. En el país la solidaridad no representa algo institucional.

Aunque el tercer elemento, que es la Constitución, en esta oportunidad no se ha mencionado en profundidad. Sí hay un factor positivo, que es la apreciación de una mirada integral de lo que sucede en el país, que a la autoridad no le agrada mucho, pero en rigor, en lo institucional es el órgano principal de la época, para fijar reglas de una convivencia humana y se observa como una ventana de futuro, no inmediato, pero que de alguna forma se debe complementar.

Los cambios suman muchas características en el contexto actual, son necesarios y urgentes, empieza el comienzo de lo que deben ser modificaciones en los pilares estructurales, y bienvenidas sean si son para beneficios de mayorías, la vida grata y un reencuentro con sueños y esperanzas.

Hay algo importante que está en el ambiente y hay que dejarlo de lado, es la sensación del momento en que finaliza la franja electoral televisiva de la derecha, y en el noticiario que viene enseguida queda la idea que la franja de ellos continúa. Es la insistencia en la imagen de la violencia, sin considerar de donde parten los ingredientes que desembocan en esa estructura que se ha incrustado en el país en un contexto de injusticias profundas.

La decisión actual, lleva al análisis de cada uno de su rol pasado, presente y futuro, entendiendo que el cambio debe ser parte de cada uno de todos y todas de manera colectiva. Esa es la forma de transformar de manera verdadera una sociedad con una mirada constructiva, creativa y humana. Plena vigencia de la necesidad de pensar en una sociedad diferente donde muchos tienen algo que aportar.

Tal vez, esta ya sea la última columna previa a la elección del 21 de noviembre, y al ser la historia llena de acontecimientos dinámicos, y sin mover una palabra o signo de puntuación, de lo que se considera que es una visión de realidad en la cual cada uno podrá formarse una opinión. En el transcurso de la redacción iban ocurriendo cosas en el parlamento que merecen un reconocimiento, como fue la acusación constitucional contra Piñera.

Hay mucho desarrollo pendiente, pero si logramos resetear y darles cabida a nuevos augurios, es de justicia que ello ocurra e iniciar un desprendimiento definitivo de los resabios dictatoriales, fortaleciendo la existencia de una verdadera democracia, que va más allá del hecho de ir a votar, el sentido de lo que se expresa en el voto se debe proyectar en el tiempo. No engañarse con las mayorías relativas que eligen un presidente, eso hay que corregirlo, siendo preciso reconstruir confianzas.

9 de noviembre de 2021

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