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¿Estallido o Estado fallido? Por Carlos López Dawson

El tercer aniversario del estallido social dejo en evidencia que, lamentablemente, las demandas sociales manifestadas entonces no han logrado ser contestadas. Es más, el aniversario mismo pasó sin pena ni gloria, digamos afortunadamente, por cuanto salvo algunos actos delictuales incompatibles con las demandas sociales, pequeños destrozos y lesiones no hubo nada comparable con lo que sucedió antes en materia de seguridad pública. Sin embargo, hay un balance negativo, ampliamente compartido, entre otros por Amnistía Internacional, Comisión Chilena de Derechos Humanos, por abogados y por actores sociales y políticos incluyendo al Presidente Gabriel Boric, respecto que a las miles de víctimas de violaciones graves de derechos humanos no se le ha hecho justicia, así como tampoco respecto de miles de pequeños empresarios que vieron sus locales saqueados por delincuentes que aprovecharon las manifestaciones para cometer sus fechorías, ni tampoco se ha aclarado aun quienes quemaron el Metro y destrozaron obras publicas diversas. Sobre las deudas sociales pendientes las experiencias históricas aquí y acullá muestran que deben resolverse para que el país pueda convivir en armonía, sin revanchismos ni deseos de venganza, y pueda finalmente entrar a la modernidad.

LA PRE Y POSTMODERNIDAD.

Varios han escrito en redes sociales que si fuera por ellos nada habría que cambiar, tenían buen sueldo, hijos estudiando en buenos colegios, casas con hipoteca, autos con préstamos y varias deudas, pero que se daban cuenta que el 90% de los habitantes del país no estaban bien, aunque muchos no se percataran de ello. Por ellos, los carenciados, se sumaban a las protestas. Es, entonces, que surgen dudas sobre lo moderno. En efecto, muchas personas sienten que están en la modernidad, como i probablemente había gente en los periodos prerrevolucionarios en muchas partes que se sentían satisfechas con su estatus sin impostarles el resto.

MODERNIDAD Y DERECHO

Moderno, modernismo, modernización y modernidad expresan diferentes situaciones y momentos. Moderno es lo actual, lo que sucede en este tiempo, lo que es mejor y más eficiente. La historia moderna es aquella que relata el tiempo que vivimos, una máquina moderna es aquella que es mejor que la anterior. Modernismo es la expresión social y cultural de lo moderno. Modernización es el proceso por el cual se transita entre lo tradicional y lo moderno, es el abandono de prácticas superadas por otras más eficientes.

En los planos cultural, jurídico y político es donde la modernización tiene que ver con la Modernidad. En el arte, a modo de ejemplo, es frecuente encontrar referencias a la postmodernidad tomada en el sentido de un arte que no es moderno ni de vanguardia, sino que está más allá rompiendo los esquemas, formalismos y leyes vigentes o proyectadas, un arte liberado de ataduras. Del mismo modo se puede asimilar al postmodernismo determinadas relaciones sociales que rompen con las tradicionales, como las parejas estables no oficialmente casadas, los «matrimonios» entre miembros de un mismo sexo, a la denominada libertad en la pareja que puede ser también mirada como promiscuidad. También se ha sostenido que la modernidad habría llegado al campo laboral toda vez que la mano de obra podría transitar a través de los espacios nacionales y de las fronteras como lo hacen los productos, lo cual cambia el sentido de atadura y pertenencia del trabajador: este podría ofrecer sus servicios en cualquier lugar y no tener la dependencia psicológica que tuvo por ejemplo el inquilino de campo. Del mismo se puede imaginar que el trabajo en el hogar, a través por ejemplo de computadoras, que no requieren de asistencia al local de la empresa contratante o el propio sistema de horario flexible podrían ser expresión de postmodernidad, una relación responsable, pero sin ataduras.

En los cambios señalados se habría liberado ideológica y/o psicológicamente al trabajador, incorporándolo a la Modernidad; claro que se puede objetar que se trata de una Modernidad sui generis, con derechos limitados, debido a que el trabajador inmigrante en ningún país tiene la plenitud de los derechos, así como tampoco lo tienen los trabajadores en su propio país.

Se sostiene reiteradamente, sobre todo en artículos relacionados a la computación, que ésta habría librado al ser humano de las ataduras tradicionales del trabajo, pudiendo ahora laborar desde el hogar dedicándole más horas a la familia, a la preparación y al ocio, sin agregar que muchas veces estos carecen de estabilidad laboral y de seguridad social. Se trata obviamente una opinión interesada que refleja la realidad de un porcentaje mínimo de trabajadores que pueden hacerlo. Es otra realidad virtual que no puede ni podrá tener carácter universal y que además en muchos casos es un beneficio en costos para la empresa, costos que asume el trabajador.

En la conciencia de las personas nace la Modernidad y precisamente de allí se va imponiendo a toda la sociedad. Ese ha sido el proceso de cambio que ha conocido el mundo los últimos trescientos años, con avances y retrocesos, siendo un proceso creciente que no se le prevé fin aun cuando desde la filosofía se cuestiona la forma como la humanidad ha dado los saltos hacia adelante. En sociedades en transición, como las nuestras, aún es posible crear condiciones sociales y políticas para acceder a la Modernidad o a parte de ella en el plano político, oponiéndose por ejemplo a la injusticia. Para esto último basta tener la voluntad para imponer la justicia sin mirar a quién, siendo consecuentes con el compromiso con los derechos humanos que casi todos asumen, para impedir la injusticia como acto de Estado. Esta es una actitud subjetiva que apunta a la modernidad. En efecto, la modernidad se caracteriza por constituir "la victoria del individuo, considerado como valor supremo y criterio de referencia con el que deben medirse tanto las instituciones como los comportamientos”. Esta modernidad se expresa en el pluralismo del pensamiento filosófico y político que surge a partir del siglo XVI y que eclosiona en el siglo XVIII para profundizarse en los dos últimos siglos hasta lograr destruir el dogmatismo como valor dominante. Es el triunfo de la razón por encima del voluntarismo colectivo o individual y también el triunfo del Derecho cuyo titular y sujeto es el ser humano.

La modernidad se relaciona con la libertad y por lo tanto con el respeto a los demás, siendo el desconocimiento de los derechos de los demás una negación de ésta. La modernidad dio contenido al Estado de Derecho, incorporando al Derecho el respeto de los derechos fundamentales de la persona humana.

Ahora bien, si no estamos en la modernidad, ¿estaremos en tránsito hacia ella? Si ello fuera cierto y considerando el respeto pleno de los derechos humanos como una condición sine qua non ¿entraremos en la modernidad cuando muera la última víctima de la dictadura que exige justicia o cuando la justicia se haga realidad para todos?

Son enormes aún las tareas que los países salidos de regímenes violadores de derechos humanos o de terrorismo de Estado deben realizar para construir la democracia e ingresar a la modernidad, siendo una de ellas el mayor obstáculo levantado por estos regímenes: un orden legal, cuyo objetivo es precisamente perpetuar un sistema antidemocrático y en todo caso autoritario, con desconocimiento de derechos fundamentales particularmente a través de la impunidad y un orden económico y politico fundado en el abuso.

MODERNIDAD Y DERECHOS HUMANOS

El debate en torno a estas ideas se extiende desde el siglo XVII al siglo XVIII y se inicia probablemente con Hobbes, pasando por Locke, Wolff, Spinoza y Kant, con quien culmina. Se pasa entonces desde una visión teológica del Derecho hasta una visión científica, donde cuyo fundamento es la razón. Hugo Grocio , jurista holandés del siglo XVII será su principal exponente.

Las ideas fundamentales del constitucionalismo se originan en el proceso de la Ilustración que postula principalmente el desarrollo del hombre vía pensamiento racional. El Derecho no es sólo la imposición de una norma, va mucho más allá, por lo tanto, las leyes tienen su fundamento o explicación. Todos los hombres son sujetos de derecho.

El reconocimiento por parte del Estado de los derechos inherentes a la persona humana es, entonces, de reciente data, no más de trescientos años, aún cuando sus primeras manifestaciones se producen como resultado primero de la lucha de los nobles por sus derechos en 1215 con la Carta Magna en Inglaterra y luego del imaginario e ideario racionalista y liberal que se plasmará a fines del siglo XVIII en revoluciones políticas hasta llegar a un reconocimiento pleno sólo durante el presente siglo. Las ideas de la Ilustración se impusieron a los argumentos de autoridad y a la lógica de la compasión y lograron transformar la palabra revolucionaria en parte de nuestro lenguaje cotidiano, de nuestras creencias e idiosincrasia, de la forma como hoy se relaciona la especie humana y de cómo se asumen los desafíos del futuro.

Las proclamas de igualdad, fraternidad y libertad se han ido traduciendo en normas jurídicas dando al Derecho su verdadero contenido: la seguridad jurídica para los miembros de la comunidad. Ha sido un proceso paulatino, largo y sinuoso, no exento de violencia y de incomprensiones, pero ahí están el derecho político y constitucional moderno, el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho humanitario indicando a las autoridades, a quienes ejercen poder y a las personas en general cuáles son sus deberes y derechos. Sin embargo, a pesar de toda la tinta corrida, de todos los discursos pronunciados, de todos los buenos deseos, la barbarie no ha podido ser expulsada del todo, lo que cuestiona, incluso, la eficacia del Derecho.

Toda esta situación puede ser considerada un obstáculo al desarrollo económico general, al bienestar y un problema serio para el sistema político democrático y para el pleno respeto de los derechos humanos. Al sistema económico, por cuanto las tensiones sociales y políticas lo afectan, al bienestar toda vez las crisis económicas no lo permiten, al sistema político por que se corrompe el principio de representación y desacredita la actividad política y obviamente porque hay una violación de derechos humanos. No es una cuestión del pasado, ni una cuestión politiquera, sino de vigencia o no de los derechos humanos.

Se argumenta que debemos mirar hacia adelante y buscar la reconciliación. ¿Acaso un requisito esencial de la reconciliación es la impunidad y por lo tanto la injusticia? ¿Acaso el Estado y la sociedad se honran a sí mismos pretendiendo construir el futuro sin considerar el dolor del pasado desde una perspectiva de justicia y solamente como un sentimiento de piedad? Precisamente porque se trata de una cuestión de principios y de fundamentos de toda sociedad, es que no parece posible marginar a la justicia como un elemento común al pasado, presente y futuro de los derechos humanos y por lo tanto como un requisito básico para construir desde el Estado y la sociedad cualquier política global sobre derechos humanos, es decir una proyección de nosotros mismos en la construcción social, en convivencia democrática y por lo tanto en el establecimiento de la modernidad.

CONCLUSIONES

En este tercer aniversario del estallido social queda de manifiesto que el estado como un todo no ha cumplido con su responsabilidad de tutelar los derechos humanos. De allí que cabe preguntarse si ¿Es el Estado actual el lugar donde podemos desarrollarnos plenamente, renunciando al ejercicio directo de la soberanía y poniendo en común las capacidades de quienes desean vivir a su amparo, como lo sostienen los contractualistas? ¿O estamos en una situación forzosa a la que no podemos resistirnos, obedeciendo a un poder político que se nos impone contra nuestra voluntad? Los beneficios de vivir en comunidad y aceptar las reglas que de ello emanan, le otorgan legitimidad al Estado. Obviamente que esta legitimidad se mantiene mientras quienes ejercen el mandato soberano nos permiten vivir en dicha comunidad. Si a contrario sensu, las autoridades impiden que algunos puedan desarrollarse, empleando para ello el arbitrio y el abuso, entonces el Estado pierde legitimidad y el mandato se corrompe, dando legitimidad a la rebelión y a la revuelta.

Los ciudadanos, militantes e independientes, siguen exigiendo del Estado una nueva constitución política que se ajuste a los criterios modernos establecidos en los instrumentos internacionales de derechos humanos y que declare la tutela de ellos, para alcanzar una verdadera garantía en la protección de sus derechos.

Si bien el proceso constituyente se desarrollara en un contexto de denuncias de corrupción pública y privada, aun no resuelta, en una crisis política pública y privada, que ha arrojado una sombra sobre la percepción de corrupción en el país, de manera que todo indica que es necesario continuar con el proceso constituyente hasta lograr una nueva constitución política. Esa es la forma de asumir la responsabilidad de exigir al Estado, mediante el derecho a sufragio, cumplir con su deber de garantizar el ejercicio de una verdadera democracia, participativa e inclusiva.

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