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Evangelio de Juan 8:32: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres". Por Mario Toro

El Velo del Engaño y la Urgencia de la Virtud Política

En el turbulento escenario de la política contemporánea, marcada por la inmediatez digital y la crisis de la verdad, una antigua promesa resuena con dolorosa urgencia. Esta máxima nos obliga a confrontar una pregunta fundamental: ¿es el engaño un indicativo de inteligencia estratégica, o es la manifestación más patente de la maldad y la debilidad? Esta dualidad no es nueva; ha sido el zócalo de la ética desde la antigüedad, pero hoy define la supervivencia misma de la democracia. El actual sistema, al subordinar la acción política al determinismo económico, ha legitimado el engaño como una herramienta necesaria, invirtiendo el orden moral de la sociedad.

I. La Dualidad del Engaño: Malicia Frente a la Destreza Táctica Coloquialmente, el engaño puede ser admirado como una "astucia" o "inteligencia táctica", especialmente cuando se confunde con la habilidad maquiavélica de manipular escenarios. Sin embargo, en el ámbito de la filosofía moral y la construcción de la Polis, el engaño es un indicador inequívoco de debilidad y maldad.

La maldad de la mentira reside en su violación de la autonomía y la confianza. Para filósofos como Immanuel Kant, el engaño es intrínsecamente malo porque destruye la base de la moralidad racional. Una persona que recurre al engaño demuestra que carece de la fortaleza moral o la capacidad intelectual para prevalecer a través de la verdad y el mérito, lo que la convierte en una figura débil y, por extensión, peligrosa para el tejido social. La malicia del engaño político reside en su intención de destruir la confianza pública para instaurar el miedo y la apatía, garantizando la permanencia del poder.

Ejemplos de engaño sistémico: El engaño se manifiesta en falsedades programáticas que son aritméticamente imposibles o socialmente brutales. Es el caso de la promesa de descontar seis millones de dólares del presupuesto sin especificar fuentes o áreas, o la afirmación de que se puede expulsar inmediatamente a los casi trescientos treinta mil inmigrantes indocumentados del país. Estas son mentiras que no buscan ser creídas por su viabilidad, sino por su efecto: destruir la confianza en la verdad y en la lógica, dejando solo el poder del miedo como factor de decisión.

II. La Farmacia Filosófica: El Valor de la Resistencia Estoica Frente al aluvión de la posverdad, el cinismo político y el agotamiento ciudadano que anuncian la muerte de la libertad democrática, la filosofía del Estoicismo ofrece una farmacia vital para el alma contemporánea.

El estoicismo nos enseña la diferencia radical entre lo que podemos controlar (nuestros juicios y nuestras acciones) y lo que no (el caos del mundo, la mentira ajena). Hoy, el estoicismo se convierte en una herramienta de resistencia política y psicológica: nos permite dejar de malgastar energía en el circo mediático y la propaganda histérica (lo externo), y centrarnos en nuestra acción política consciente (lo interno: nuestro voto, nuestra verdad, nuestra participación). Al reducir el ruido externo, el estoicismo nos dota de la calma necesaria para discernir la verdad de la ficción.

III. La Supremacía del Zócalo: La Política Sobre la Economía La maldad del engaño político en el sistema actual tiene un propósito económico: mantener el status quo donde la Economía dicta a la Política, y no al revés. Este es el gran error que debemos rectificar.

Es fundamental separar conceptualmente la Política de la Economía.

Política (Polis): Es la acción humana más alta; el arte de gobernar la comunidad para alcanzar la vida buena (Eudaimonia), la justicia y los fines éticos. La política define para qué vivimos.

Economía (Oikos nomos): Es la mera administración de la casa y los recursos (oikos). Es una herramienta, un medio, una técnica de gestión. La economía define cómo producimos.

La solución es la subordinación necesaria: Debemos restaurar la primacía de la política sobre la economía. La política, en su esencia ética, debe determinar los fines de la sociedad (la justicia, la igualdad de capacidades, la seguridad social), y la economía debe limitarse a ser la herramienta eficiente para lograr esos fines. Solo recuperando esta jerarquía podremos eliminar el incentivo estructural para el engaño.

IV. Escenarios Legislativos Post-14D: La Batalla por la Dignidad El próximo 14 de diciembre, la elección definirá si Chile avanza hacia esta restauración ética o si consolida el engaño. La candidata Jeannete Jara (progresismo) se erige como la única opción que ofrece certezas y garantías de avances legislativos y de no retroceso.

El Progresismo y la Democracia Ética:

La gobernabilidad del progresismo radica en la coherencia de su programa con la realidad social (la adaequatio intellectus et rei). Mi visión, que es la que defiendo, es la de la "democracia para los más en función de esos más". Este principio reconoce que, dada la profunda desigualdad histórica, la democracia debe tener un sesgo ético explícito a favor de la mayoría desfavorecida, asegurando que el poder político sirva para redistribuir la dignidad y las oportunidades, y no para consolidar privilegios.

Escenario Jara (Avance Progresivo): El mandato popular estará alineado con la justicia social y la implementación del modelo de Capacidades Humanas (Eudaimonia). La principal garantía es el blindaje de los derechos sociales y la continuidad de políticas que buscan reducir la desigualdad.

Escenario Ultra-Derecha (Retroceso y Bloqueo): El escenario de José Kast representa la amenaza más seria, basada en la mentira programática y la inviabilidad económica. Su objetivo es el estancamiento legislativo y el desmantelamiento de la institucionalidad social, garantizando la polarización permanente y el retroceso de los derechos. Su triunfo socavaría la fe en la política, permitiendo que la "ficción deshonesta" de la desigualdad se mantenga.

El voto del 14 de diciembre es un acto de definición moral. Elegir a la ultraderecha es votar por el camino de la mentira programática y el estancamiento legislativo, hipotecando la posibilidad de que Chile se adecue, por fin, a una realidad de dignidad para el 80% de su población.

En última instancia, la lucha contra el engaño es una lucha por la verdad, y la lucha por la verdad es la lucha por una política que no tema ser subordinada a la moral.

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