En kioscos: Marzo 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

FE-stival de Viña o la “dictocracia” pinochetista. Por Vane Miller

El festival 2026 ya pasó por nuestro febrero, repitiendo su cortina musical “Viña del Mar sale al mundo en alas del festivaaa ahahal”; los panelistas aún zumban cual laboriosos trabajadores en su panal de opiniones y nos queda en la retina la fiesta con sus animadores como figuritas de novios, hablando entre ellos a la voz de “Rafita” y “Karencita”, bordando con diminutivos esa “tiernita” bondad hasta las cuatro de la madrugada, arriba de la torta musical ecléctica que encumbró los índices de audiencia en una cima inalcanzable para los canales de la competencia.

La Programación de artistas que noche a noche recibieron sus gaviotas de plata y oro, todo secuenciado y dividido por los humoristas que son la zona de riesgo para el colmillo del público o “monstruo de la quinta Vergara”. Esta vez se despertó pero dispuesto a comerse a la organización en vez de a los cómicos ¿la razón? le comediante Asskha Sumatra. El personaje transformista con una pachorra que la hizo adorable, fue urdiendo una tromba de realidad marginal que ya enroscada a la pantalla y adherida a los presentes, relató la venta de una felatio a un cliente motorizado. Una risa dolorosa y rara propuso al desglosar los doce mil pesos que cobra por la mamada, dividiéndola en compras de alimento; eso cayó destartalado denunciando la ruta periférica de su condición y vino a telonear lo que sería la última noche.

La Jornada final del festival el escenario fue sanado por un arrebol joven que rompiendo nuestra cuadratura musical la reinventa desde sus raíces más honestas, Pablo Chill-e y Milo J renuevan la belleza del folklore y el estallido. Ellos también emergen de los zanjones periféricos y los perdigones en los ojos; atravesados y conscientes por la violencia de esta sociedad que les heredamos. El CHill-ENO Pablo ya desde la alfombra roja se plantó con un elegante terno “adornado” por balas sangrantes y el argentino Milo J subió al escenario vestido con un puñal enterrado en su espalda; nos enrostran así el cínico modo con que las generaciones anteriores, fuimos sometidas a la hegemonía de los medios. Rechiflan porque aceptamos que los pedidos de justicia se conviertan en aserrín esparcido en autopistas privatizadas o alrededor de las redes de las salmoneras o en las forestales depredadoras o a la entrada de las transnacionales que entregaron el litio a la nueva “dictocracia” pinochetista. Escuchando retumbar la joven batucada de estos artistas que rescatan la murga y los chinchineros, el organillo con los remolinos de papel brillante y la dignidad solidaria; rebrotan las tácticas para aquello que se torció en el camino, cuando el aullido crucial de la ciudadanía que salió a la calle fue quedando inscrita en los medios oficiales con un desdeñoso “octubrismo”.

Y vamos bailando y cantando, aunque nos tilden de comunistas o viejos culiaos, porque los jóvenes no están tan absortos en sus pantallas y tamborilean nuestros ritmos tradicionales con esperanza. Que nosotros, los escapados del “exterminio” del general, los reencarnados en la trama de las nuevas barbaries, también regamos la semilla de un planeta amable y sin guetos de clase con la letra del trap folklórico latino.

Mención radiante y en un cetro que antecede a los muchachos, la madre de estas nuevas fortalezas: Mon Laferte con sus alas mar plateado, elevó la vara desde las vísceras; cantando más fuerte que los drones militares y esparciendo verdadera justicia. Con su histórica gaviota de platino sobrevoló afinada como el cielo, dejando lleno (o llenito que es más tiernito) el corazón de los chilenos.

Que le llegue al mundo entero esta fuerza talentosa que no se aplasta con el ninguneo ni se silenciaba en las miserias, porque esa es la arpillera que zurce y revierte la hipnosis colectiva; cantando fuerte y claro como Violeta Parra, Jorge González, Victor Jara, Cecilia La Incomparable y suma y sigue dando hijos musicales que recuperan y fertilizan las tierras mutiladas.

Compartir este artículo