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Formación o instrucción. Contenidos incompletos y aprendizajes. Por Sonia Brito, Lorena Basualto y Rodrigo Azocar

Desde el contexto del COVID- 19, una de las discusiones más debatidas a nivel nacional está centrada en la modalidad de continuidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Al respecto, las opiniones son heterogéneas y polarizadas entre los diversos actores y sectores: gobierno, colegio de profesoras/es, medios de comunicación, sociedad civil, madres y padres.

En los pronunciamientos oficiales del ministerio de educación, queda la sensación que la preocupación está centrada en completar contenidos y volver a clases presenciales lo antes posibles, entendiendo que las niñas, niños y jóvenes (NNJ) aprenden solamente en la sala de clases y, donde las clases virtuales, según el ministro, no son más que “procesos incipientes de formación”. Por otra parte, la preocupación del colegio de profesoras/es y ciudadanía, gira en torno a la imposibilidad real de la presencialidad, con el argumento de que no existen las condiciones materiales mínimas de bienestar, de seguridad y de ambientes protegidos, dado el contexto de crisis sanitaria.

Otro tema recurrente entre las/los apoderadas/os y la ciudadanía en general es, si esta modalidad on-line permite ser evaluada en estudiantes escolares, de hecho, algunos padres se abrían a esta posibilidad de la enseñanza virtual siempre y cuando a los niños no se les “hicieran pruebas”. La pregunta es ¿calificación o evaluación?, la calificación es una nota que intenta asignar un número a cierta suficiencia en materias y contenidos y, por tanto, es sumativa. El salto epistémico que es necesario realizar y, a la vez, formar en los sujetos educativos, es la valoración de la evaluación en términos formativos; es decir, se evalúan los aprendizajes para de esa manera deliberar si es necesario instalar remediales y así lograr los objetivos o habilidades al cual un programa de estudios tributa. Hoy el centro es el aprendizaje.

Tal vez deba problematizarse el alcance de la educación: ¿instrucción o formación? ¿Qué aspectos son relevantes potenciar en NNJ en contextos cambiantes?

Al respecto, es necesario considerar que cualquier proceso educativo responde a un contexto cultural y sociopolítico, por tanto, hacernos la pregunta por la educación, necesariamente, implica detenernos por un instante a contemplar la realidad. Así, esta situación inesperada, ha exigido que de manera inusitada nos pensemos y actuemos dando un giro a nuestras prácticas cotidianas. Ciertamente, el COVID-19 ha derribado las pocas certezas de una sociedad compleja y por supuesto NNJ son impactados desde el miedo y el asombro. Desde aquí, una certeza innegable es que NNJ además de ser estudiantes, son personas que están viviendo sus existencias al interior de sus hogares con toda la profundidad de la problemática de salud, económica, relacional y de inseguridad. Además, sus madres y padres deben salir diariamente a trabajar -aquellos que no pueden estar en modalidad de teletrabajo- y aquellos que sí están bajo este modo, lidian con la carga del multitrabajo en dobles y triples jornadas. Lo anterior, genera temor, ansiedad e incertidumbre, lo que ha quedado reflejado en el aumento de constancias por violencia intrafamiliar. A su vez, hoy nuestros empeños están en la supervivencia, en organizar la casa, en realizar turnos de compras, proteger a los más desvalidos de la familia, ya sea por enfermedad o por desprotección.

En definitiva, han cambiado las reglas del juego, por tanto, la educación formal no puede continuar con los mismos procedimientos que se realizaban en contextos de normalidad. Así, se corre el peligro de realizar un proceso de formación descontextualizado, por eso, es un imperativo el dialogo con aquellos que más saben de educación, las/los profesoras/es y, por tanto, las decisiones deben ser colegiadas, escuchando las voces expertas.

De esta forma, desde un diálogo constructivo, se pueden ajustar las estrategias metodológicas, inventar didácticas, realizar otras rutas de aprendizajes para compensar los programas incompletos, realizar aprendizajes colaborativos, generar comunidades de aprendizajes virtuales, innovar instrumentos como la PSU u otras para asegurar accesos más equitativos, detener unos meses o continuar la teleeducación, las fórmulas pueden ser diversas. Sin embargo, lo que no puede ocurrir es acelerar el proceso de regreso a clases presenciales, esto puede traer consecuencias nefastas, dada la curva exponencial de la enfermedad, pues no es el momento de arriesgar la salud de millones de NNJ, dado que, encontrarse en la sala, no asegura necesariamente aprendizajes completos o mayor sabiduría, pues la sabiduría es saber cómo actuar, reconocer y discernir dónde está la urgencia.

En momentos difíciles se cosecha lo que se ha sembrado, y esta premisa vale también para la educación. Por tanto, cabe preguntarnos por las siembras desde lo educativo. Y, desde la analogía, podemos ver un terreno escabroso de una visión tecnocrática, que ha hecho de la educación un producto cuantitativo de interminables estadísticas y variables que supuestamente asegurarían la calidad. Arcillado de influencias prusianas, el proceso de enseñanza y aprendizaje se torna rígido y esclavizante y, un terreno calizo cuando es contenidista y vertical, toda vez que los NNJ no tienen posibilidad de crear e innovar. La concreción del proyecto neoliberal, firmemente defendido por todos los gobiernos desde el regreso a la democracia, ha prescrito la pérdida de humanidad de una de las instituciones esenciales para la formación ciudadana, como es la escuela, permeando a todos los niveles educativos en un producto de mercado y despojando su carácter de bien público dignificador del ser humano. Finalmente, pisamos un terreno salino cuando la participación de los educadores permanece fuera del proceso de toma de decisiones.

Hoy es momento de dinamizar un nuevo estilo de educación que considere las habilidades actitudinales y que permitan desplegar otras destrezas aprehendidas en la educación formal: la colaboración, el compañerismo, el compromiso, la amistad, la empatía y la compasión. En el actual contexto, los contenidos, si bien son importantes, se tornan secundarios, porque cuando esta situación quede atrás lo que permanecerá es el aprendizaje profundo de los afectos, el aprecio y la consideración de que acompañándonos y, con ayuda mutua, podemos superar las adversidades. Pues, más contenidos en la educación y niños sentados en una sala de clases, no hace una sociedad más culta lo que, sí nos culturiza, es construir sociedades con liderazgos efectivos e innovadores. Luego se consensuará como completamos el curriculum.

Enfatizando estos aprendizajes, podremos formar personas y construir con esperanza un horizonte donde emerja una sociedad distinta, más tranquila, más apaciguada, valorando la educación que proviene de la escucha de las historias de nuestros mayores, de las tradiciones familiares y de las costumbres de nuestros territorios. Esto, puede producir, que la competitividad de este sistema vaya en retirada y se asome otras maneras de vincularnos, donde se baje la cortina de la desconfianza, el arribismo y nos encontremos con la esperanza de formar NNJ que actúen en consecuencia buscando una sociedad más justa y fraterna.

Dra. Sonia Brito Rodríguez
Mg. Lorena Basualto Porra
Mg. Rodrigo Azocar Gonzalez

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