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Frente al Plebiscito Chile 2020 y otros textos de Sonia Retamal Hegguilustoy

¿Quién no se ha emocionado con la ternura y belleza frente a la aparición del primer tallo verde o de la primera hoja verde que surge desde la semilla rugosa y seca perteneciente al pasado? ¿Quién no se ha enternecido frente a los primeros gestos de un animal recién nacido? ¿Quién no se emociona frente a la inocencia extrema y la extraña belleza de ternura de una niña o un niño recién dado a luz?

Todo gesto de la naturaleza en su plenitud es motivo de convencernos que ella es invencible e inclaudicable en su camino hacia su propia perfección. Por ello no es de temer que los actos del ser humano, que, siendo fruto de la acción y desarrollo natural como un elemento más de la naturaleza, en algún momento propio de lo imponderable, se equivoque y tropiece; pero que, finalmente, no cae. El ser humano sigue siempre su paso hacia lo mejor, hacia lo máximo, hacia su perfección.

Por esto, es bueno aclarar que debemos diferenciar el efecto de las palabras por las palabras, y de las palabras por los conceptos. Si bien es cierto que existen las palabras que, creadas por el ser humano, miles de millones de ellas no dicen mucho más que la identidad de cada cosa concreta; la maravilla reside en el conjunto de palabras que crean el concepto; y al concepto no es dable la equivocación porque en ello reside la claridad y transparencia del conocimiento y el pensamiento que lo expresa finalmente en palabras entendibles y legibles para todas y todos.

Si se lucha por la perfección del ser humano para llegar a la meta que es su felicidad debemos ser clarísimos y precisos en los conceptos dentro de esa la lucha. Y esto está en íntima relación con la finalidad de felicidad y perfección que persigue todo ser humano por ser parte de la naturaleza.

Por ello si nos emocionamos frente a las distintas manifestaciones de belleza de la naturaleza, en esta lucha por la felicidad del ser humano debemos aplicar los conceptos más claros y fidedignos en absoluto. Entonces, ahora, si tratamos de crear un nuevo orden social o un nuevo orden dentro de nuestra sociedad en sus relaciones entre los humanos y con resto de la naturaleza debemos ser lo más preciso y fieles a los conceptos de felicidad, de libertad, de igualdad, de fraternidad, de verdad y de belleza en el ser.

Si la gente que va a determinar el nuevo orden social no tiene claro que lo primero, lo fundamental, es la felicidad de los seres humanos todos, hombres, mujeres, niños y viejos en su totalidad, no tiene derecho a estar presente allí. Deben entender que se debe ordenar la sociedad y sus relaciones en función de la felicidad que radica en la plenitud del ser o la realización plena de la humanidad.

Los constituyentes deben saber que su total y único mandato y obligación, es responder a las necesidades y exigencias del pueblo pobre trabajador y cesante de la ciudad, del campo, de la cordillera y de la costa. No importa que los conceptos no sean expresados en “la correcta fórmula leguleya” siempre y cuando la intencionalidad sea la correcta que es estar junto y con el pueblo pobre trabajador y cesante de la ciudad, del campo, de la cordillera y de la costa, los históricamente postergados por esta sociedad de clases. Los problemas de terminología se superan con la intervención de los eruditos legalistas constitucionalistas que también tendrán que estar bajo la misma sana intencionalidad de servir al pueblo pobre trabajador y cesante de la ciudad, del campo, de la cordillera y de la costa. Si se separan un ápice de este objetivo que no duden que las ruedas de la historia, que no giran hacia atrás, les pasarán por encima y el ser humano futuro impondrá su verdad que nace de la razón y de la belleza de la razón. Porque toda persona tiene derechos innegables e inclaudicables hasta el actual desarrollo de la humanidad que ha luchado a través de su historia por nuevos derechos como son los derechos al aire, al agua, al trabajo, a la educación, a la salud, a la vida y vejez digna, a la alimentación, a la vivienda, a la recreación, al arte y a la libertad; en resumen, el derecho de toda persona a ser feliz desde el vientre materno.

Para todo ello es necesario entender que se debe: reconocer a sus pueblos originarios (15) constitucionalmente, como nuestras raíces, históricas y culturales por lo tanto Chile es plurinacional y pluricultural y así se debe reconocer frente al mundo; recuperar las tierras de los bosques que, en suelos agrícolas productivos, grandes empresas forestales apropiándose ilegalmente de esas tierras, introdujeron mañosamente especies forestales extranjeras no propias de nuestro país, creando erosión y sequía en esos suelos antes inmensamente productivos; recuperar efectivamente y para todos las riveras de los ríos, lagos, lagunas y mares; recuperar el agua como bien nacional gratuito, hoy en manos de empresas particulares para su propio beneficio; recuperar para todos las riquezas del mar, hoy en manos de siete grandes empresas económicas pesqueras que por avaricia se apoderan de ellos e interés de sus bolsillos; recuperar el cobre y todas las riquezas naturales del suelo y subsuelo hoy en poder de hasta empresas extrajeras; recuperar el aire puro, hoy afectado por industrias en zonas a las que, inhumanamente, se les llama “de sacrificio”; reconocer el derecho de todos los ciudadanos de vivir en una vivienda sana, confortable, amplia y digna en donde convivan las familias con hijos y allegados, donde nunca más se presenten inundaciones de aguas lluvias y aguas servidas garantizando condiciones de habitabilidad sin hacinamiento, con cocina y con baños, además de contar con calles amplias, sistemas de protección por aguas lluvias y aguas servidas y con calles amplias y áreas verdes recreativas y deportivas para niños, adultos y adultos mayores, clubes de convivencia, salones de encuentro sociales, salones para exposiciones y exhibiciones artísticas y culturales como cines, obras de teatro, mimos y otros. Jardines infantiles y salas cunas en que labore personal de la misma población con una educadora de párvulos a la cabeza; para complementar lo anterior exigir a todas las empresas constructoras el cumplimiento prioritario de una determinada cuota, a fijar por los constituyentes, de viviendas sociales dignas con las características antes expuestas para el pueblo pobre trabajador y cesante de la ciudad, del campo, de la cordillera y de la costa, y que solo cumplido este objetivo numérico podrán dedicarse y contar con el permiso de construcción para otros intereses; impulsar la salud pública gratuita y de calidad en la medicina correctiva, quirúrgica y medicamentosa para todos los ciudadanos; acoger a los extranjeros con la fraternidad e igualdad efectiva dable entre los humanos, con los mismos derechos y deberes de toda la ciudadanía chilena; asegurar el derecho a la educación parvularia, básica, media y universitaria a todo nivel económico, gratuita, de calidad y que implemente todas las disciplinas educativas y en que los educandos, a la vida que avanzan en su formación, puedan acceder a la carrera que más les satisfaga para ejercer en sus vidas su cumplimiento de las necesidades del pueblo pobre trabajador y cesante de la ciudad, del campo, de la cordillera y de la costa.

Para garantizar el cumplimiento de todas estas medidas se debe hacer cumplir prioritariamente todos los deberes tributarios de las grandes empresas económicas que hasta hoy han postergado a los pobres con cesantías, con desconocimiento del valor del trabajo de cada trabajador y trabajadora por fines especulativos de plusvalía, de avaricia y de soberbia priorizando su pecunio más allá de la dignidad y los derechos de cada trabajador, y que el no cumplimiento de esta obligación respecto a los impuestos se debe sancionar drásticamente como delito contra la nación.

Considerando sus historias y biografías conocidas, confiamos que cumplirán con esta misión como constituyentes las siguientes personas:

1.  Representantes de exonerados políticos; a nivel nacional: 2

2.  Representantes pueblos originarios - 1 por región: 16

3.  Representantes territoriales - 1 por región: 16

4.  Representantes pescadores artesanales - 1 por región: 16

5.  Representantes trabajadores/as organizados/as - 2 por región: 32

6.  Representantes campesinos/as y agricultura familiar - 2 por región: 32

7.  Representantes Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, a nivel nacional: 3

8.  Dirigentes nacionales Colegio de Profesores: 4

9.  Representantes inmigrantes: 3

10. Fernando Atria - Abogado y profesor universitario.

11. José Maza - Astrónomo y profesor universitario.

12. Mónica González – Periodista, investigadora y escritora.

13. Carlos Gajardo – Abogado y Ex Fiscal.

14. Alejandra Matus – Periodista, investigadora y escritora.

15. Gustavo Gatica – Estudiante de psicología, ciego por la represión durante las protestas.

16. Alfredo Castro – Actor y director de teatro.

17. Sebastián Ugarte – Médico, director en programas UNAB.

18. Mario Aguilar – Profesor y presidente del Colegio de Profesores.

19. Baltasar Garzón – Abogado. Jurista Internacional.

20. Joan Garcés – Doctor en Ciencias Políticas y profesor de relaciones internacionales.

21. Izkia Sichez – Médica y presidenta del Colegio de Médicos.

22. Horacio Salinas- Músico y Director Musical de Inti Illimani.

23. Jean Bousejour Coliqueo – Deportista nacional e internacional.

24. Felipe Berríos – Sacerdote y escritor.

25. Pablo Simoneti – Escritor y activista por las minorías sexuales.

26. Daniel Muñoz – Actor y folclorista nacional.

27. Gustavo Meza – Actor, dramaturgo y director de teatro.

28. Oscar Rementería – Abogado y activista LGBTI.

29. Miguel Urrutia – Economista y académico colombiano.

30. Carlos Puebla - Técnico de la construcción; perdió un ojo por la represión durante las protestas.

31. Mario Garcés – Historiador,

32. Luis Mesina – Vocero de No + AFP.

33. Patricia Muñoz – Abogada, defensora de la niñez.

34. Anita Tijoux – Cantante y compositora nacional.

35. Humberto Maturana – Biólogo, filósofo y escritor.

Inteligente o inocentemente confiamos en que estas personas sabrán defender y exponer los principios, fines y valores de justicia que es dable esperar para guiar los actos y acciones de la ciudadanía en una sana convivencia y con el fin único y último de lograr la felicidad de esta y las futuras generaciones.


EL GRAN SAQUEO

Sonia Retamal Hegguilustoy

Montada ya en mis 79 años, recuerdo claramente haber conocido la Selva Nahuelbuta, cuando era selva: impenetrable, aun cuando se tuvieran bueyes y caballos. Conocí esa selva cuando espontáneamente aparecía el agua brotando desde el subsuelo por diferentes e innumerables puntos, cercanos unos de otros y al alcance de la mano, regando árboles milenarios y enredaderas infranqueables que por siglos crecían allí, tan frondosas, al punto que no se podía pisar por el suelo, tan húmedo en el que se formaba una capa vegetal de más de 60 centímetros de las hojas que abundaban sobremanera, de tal manera que era peligroso introducirse en el medio del bosque.

Los secretos de la biodiversidad, de la cual muy poco se sabía aún, permitía la armonía que abundaba en belleza de hojas, flores, animales, árboles y aire, cuyo silencio natural es propio de esas comarcas para felicidad de las personas y del planeta. Aún niña, por algunos años no supe si era real o era un sueño lo que allí había conocido, hasta que mi padre me sacó de la duda y me llevó nuevamente a la Cordillera de Nahuelbuta, comprobando, a mis 15 años, que sí existía este lugar, cuya belleza conservada, por millones de años se encerraba en un silencio que sobrecogía, en donde las hojas de los helechos medían más de 10 metros, en donde miles de arroyuelos se cruzaban en paz, e impenetrables a nuestro paso, bajando desde lo alto por la montaña y las quebradas, apenas visibles a nuestros ojos.

También recuerdo, en esta ocasión, haber visto enormes camiones madereros de rugientes motores que hacían ensordecer, con sus inmensas ruedas invasoras, grosísimas, haciendo camino, bajando desde cada vez más arriba, con enormes troncos de los árboles nativos exclusivos de esa cordillera y de ningún otro lugar del mundo. Mi padre hacía notar el poder de los camiones, mientras yo ignoraba totalmente que esos camiones saqueaban, saqueaban la naturaleza, saqueaban el ambiente natural, saqueaban la esencia de la vitalidad de esas tierras por el desequilibrio ecológico producido por este saqueo, y saquearon para siempre la belleza y el poder vital de esas tierras. La belleza de ensueño que yo conocí de esas montañas murió.

Nunca más brotaron los arroyuelos desde el subsuelo cruzando nuestra senda por las montañas, nunca más la belleza de los helechos gigantes, nunca más las enredaderas infranqueables, con copihues y otras flores, nunca más la belleza surgida del sistema perfecto de vida para vegetales y animales, y para felicidad y arrobamiento del humano.

Alrededor de diez o más años después, conocí casualmente a los propietarios de los camiones que saquearon esa selva, que bajaron de la Cordillera de Nahuelbuta los troncos de árboles nativos, quienes eran, además, propietarios de los bancos aserraderos instalados en la misma montaña. Aserraban y preparaban los troncos de los árboles nativos para bajarlos en los camiones. Estas maderas eran altamente cotizadas por su solidez, dureza, durabilidad y belleza, haciendo con ello un negocio más que lucrativo. Llevaban esa madera nativa valiosísima al negocio maderero de su propiedad, comercializándola con empresas de construcción de muebles, de puentes, de casas, etc., especialmente en el extranjero.

A ese pingüe negocio se le debe agregar que la materia prima, la madera, la obtuvieron a cero costos, porque el Estado permitía la tala de bosques nativos, no sólo sin pagar nada, sino que además les subvencionaba económicamente. Nadie fiscalizó, nadie controló, nadie racionalizó esta tarea, si no, por el contrario, el Estado subsidió a empresas para que reemplazaran el bosque nativo por bosques de pino y eucaliptus que acabaron con la flora nativa milenaria, por las características propias de estas especies exóticas, como su alto consumo de agua, lo que agotó la humedad que hacía posible la vida en este ecosistema milenario.

La idea primitiva de forestar con especies exóticas, propias de suelos de diferentes características a las chilenas, fue para sembrar árboles en suelos áridos del secano costero, y no en suelos fértiles, ricos en materia orgánica, como vegas y otros suelos de regadío. Esta tergiversación se prestó para el abuso indiscriminado de la tierra, en vegas y terrenos agrícolas, en donde se impuso exclusivamente el criterio de quien recibió la concesión del estado para la plantación, e introdujo pino y eucaliptus con el consabido daño ya evidenciado desde hace mucho tiempo.

Por los empresarios que yo conocí - Tinkler & Couso - junto a otros empresarios, supe de las especies nativas que enviaban al exterior, países mayoritariamente europeos por su aprecio a este tipo de maderas. Estos empresarios recibieron la ganancia del saqueo en Chile. Supe por ellos mismos que la ganancia era más del 100 por 1. En este margen de ganancia estaba contemplado: la obtención de la madera de forma gratuita y sin control, el pago de una mano de obra de mano a muy bajo costo (tan insignificante para la comunidad que no se reflejó en mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, tales como habitación, alimentación, educación, salud, etc.), ningún adelanto en la infraestructura vial (como caminos y puentes), parte de los gastos con cargo al Estado que los subvencionó. A todo esto, y con tantas facilidades otorgadas, surge también la duda de si los aportes en impuestos al erario nacional estuvieron a la par con las ganancias.

Con todas estas garantías el margen de ganancia no podía ser menor, ya que el costo mayor, lo pagaron no sólo los trabajadores y el Estado de Chile, sino que el costo mayor lo pagó la Tierra, con cargo a las generaciones futuras. Las cantidades de bosque extraídas durante 5 años o un poco más, acabó con el trabajo que la Naturaleza logró allí por miles de años.

Frente a esta realidad del Gran Saqueo, me surge inevitablemente la pregunta ¿cómo y quién condena a los responsables materiales e intelectuales de el Gran Saqueo de nuestra flora, con el consecuente y funesto daño a nuestro ecosistema?

Hoy estas montañas: son tierras secas, áridas, erosionadas; no retienen el agua de las lluvias, y corren hacia los bajos empobreciendo aún más los suelos y haciendo más infértil el sistema, tanto para la agricultura, para la fauna del lugar y para el hombre y mujer que allí viven.

Chillán, 31 enero 2020


UNA TAREA TITÁNICA

Sonia Retamal Hegguilustoy

Cuando escribí el artículo “El Gran Saqueo” que empresas madereras cometieron en la Selva de Nahuelbuta (a partir de la promulgación del D.L.701), visité nuevamente el lugar a comienzos del año 2020 a pesar de mi temor y de mi rechazo a reencontrarme con ese saqueo. Pero fue muy vivificante estar allí: me encontré con una Cordillera (de Nahuelbuta), de la cual los mapuches hoy tienen partes o retazos de su propiedad, y que han talado pinos y eucaliptus principalmente, ya por 6 a 7 años desde que recuperaron esas tierras, mediante tomas u otros medios, y bajo cada uno de los árboles talados, han extirpado totalmente la raíz y las raicillas hasta la más ínfima, para evitar el reflorecimiento de la especie tan dañina para el suelo, para la agricultura y la fauna del lugar.

De tal modo que desde lejos se ven en las montañas sectores recuperados por los mapuches, los cuales ya han sido despejados y hoy se encuentran casi listos para ser cultivados. Estos verdaderos cuadros de tierra saneada fueron logrados a mano, con pala, chuzo, picota por lo que han abierto la tierra con hoyos de 10 a 12 metros de diámetro, con una profundidad de 5 a 7 metros por cada árbol (el eucaliptus es una especie que rebrota con mucha facilidad después de ser talado, y lo hace a partir de los restos del árbol madre). Para esta tarea los mapuches no cuentan con maquinaria, sino sólo con sus manos, las herramientas mínimas y los bueyes de su propiedad.

La tierra ya limpia la dejan descansar por años para que naturalmente se regenere y se recupere: “que descanse” dicen. Luego siembran allí especies que facilitan el rebrote de aguas, las que riegan principalmente con baldes; para ello suben a pulso cientos o miles de baldes de agua montaña arriba, hasta regar totalmente y por meses lo recién plantado, manteniendo su humedad por todo el período, hasta que esta nueva vegetación pueda vivir por sí sola, porque, poco a poco, la tierra con estas especies comienza a recuperar su capacidad de atraer aguas profundas, como originalmente lo fue, de modo que le sirva de alimento a otras que crecen montaña abajo.

Esta titánica tarea es desconocida por la inmensa mayoría de los chilenos, así como también, anónimamente, los mapuches cultivan en estas tierras recuperadas e higienizadas por ellos mismos, diferentes variedades de trigo, legumbres, maíz, papas de las que han cosechados variedades tan grandes que llegan a pesar más de un kilo cada una.

Es de esperar que el Estado, a través de sus organismos técnicos del agro, consoliden esta experiencia a nivel nacional, considerando la escasez de agua en la agricultura y en la ganadería, y masifiquen esta experiencia de este pueblo originario, generalizándola a toda la extensión de bosque exógeno, con lo cual se podría recuperar agua para la agricultura, la ganadería y para la vida digna del hombre y la mujer de esas tierras.

La falta de agua no es solamente la falta de lluvia, la falta de agua es falta de visión del hombre con su entorno, priorizando con irracionalidad su ambición desmedida por la acumulación de bienes materiales.

Volver a la concepción ancestral en la agricultura es una alternativa válida para resolver la crisis en que se encuentra hoy nuestro país y nuestro planeta, demostrada por este grupo mapuche que con esta tarea titánica y gran visión, casi sin medios ni herramientas, ha logrado revertir lo que el hombre destruyó por su desmedida ambición.

Chillán, 31 de enero

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