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Geografía, geopolítica y relaciones internacionales. Por Cristopher Ferreira Escobar

Diálogos interdisciplinarios de espacio y política en el escenario global… Una lectura necesaria

Sería prudente atender al lector que consulta una reseña como esta, proporcionándole los aspectos imprescindibles que el propio texto reseñado expone de manera clara, bajo los conceptos de centralidad, objetivos, metodologías y enfoques, así como en relación con las ideas de conclusiones, alcances, premisas y desafíos planteados, entre otros. De este modo, se le ofrece —a ti, lector— una comprensión de los elementos clave del libro en estos aspectos interconectados. Sin embargo, a pesar de la importancia de estos puntos, que sin duda deben destacarse para no perder en mi interpretación lo expresado con objetividad y conforme al sentido delineado por el propio libro, también deseo detenerme en algunos aspectos implícitos que atraviesan todo el texto, más allá de los objetivos, problemáticas y lecturas diferenciadas que se presentan. Pero, para mantener un orden, comenzaré por los puntos objetivos y, posteriormente, abordaré esos aspectos implícitos.

“Geografía, Geopolítica y Relaciones Internacionales. Diálogos interdisciplinarios de espacio y política en el escenario global” es un libro editado por Sebastián Sánchez González y José Orellana Yáñez. El título, por sí solo, no genera sospechas, y sus líneas no hacen más que confirmar y reforzar la tríada “Geografía, Geopolítica y Relaciones Internacionales”. No es casual que, en su encabezado, la geografía sea el punto de partida —en términos superlativos— desde donde la geopolítica y las Relaciones Internacionales buscan profundizar, como si estos dos últimos conceptos intentaran constantemente sumergirse en el espacio geográfico como objeto de estudio.

Este espacio ya no queda restringido únicamente a la disciplina geográfica, sino que se extiende también a la geopolítica y a las Relaciones Internacionales. Así queda evidenciado en cada capítulo, haciendo justicia de manera clara y consciente al legado geográfico, más allá de la interdisciplinariedad que lo aborda. La geopolítica y las Relaciones Internacionales pueden, pero también deben, apropiarse de este enfoque; y lo hacen constantemente, buscando en el espacio geográfico una comprensión analítica a través de la producción de diversos territorios en distintas escalas, entendiendo que dicho espacio es el lugar de reproducción económica y social, ente otros.

Los motivos y tratamientos temáticos que recorren y diagraman este libro son tópicos que van desde: “La geografía y las relaciones internacionales: una introducción” (Sebastián Sánchez y José Orellana); “Transfronterizas y cambio climático: los nuevos desafíos de Centroamérica” (Karen Manzano Iturra); “Propuestas ambientalistas ecuatorianas en la política internacional: elementos para una perspectiva periférica frente a la geopolítica ambiental del siglo XXI” (Juan Pablo Vásquez Bustamante); “Reclamaciones soberanas del Ártico entre Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Noruega y Rusia: contrastes a mantener el área como un bien común de la humanidad (2012-2022)” (Aldo Garrido Quiroz); “Territorio fronterizo, entre el desarrollo y la seguridad: una lectura desde los regímenes fronterizos de Chile, Perú y Bolivia: una lectura desde los regímenes fronterizos de Chile, Perú y Bolivia” (Ignacio Pozo Paillán); “Bolivia y sus fronteras con Brasil y Chile: una propuesta de análisis en sus diferencias” (José Orellana Yáñez) y, “China y la Iniciativa de la Franja y la Ruta: geopolítica y smart power en la Nueva Ruta de la Seda” (Sebastián Sánchez González). Además, este libro cuenta con el prólogo de Federico Arenas Vásquez, Premio Nacional de Geografía 2022 por SOCHIGEO.

Aunque los temas son diversos, existen dos constantes que atraviesan de punta a punta el libro: la insistencia en la geografía y las Relaciones Internacionales como una relación clara, siempre observada y recurrente. Este es el ejercicio analítico que articula los temas y que, en ningún caso, deja de ser examinado y tensionado. Por otro lado, dicha perspectiva y tensión, más allá de su abordaje reflexivo y teórico, conllevan una dimensión operativa: la de ser una herramienta de planificación territorial y, por ende, política. Así, nos encontramos con una propuesta general plenamente vigente, no solo porque se aborden problemas actuales, sino porque el propio enfoque siempre revela relaciones, ya sea en el ámbito interno (local) o en el externo (interescalar). Y esto, a mi parecer, lo cambia todo. El libro mismo expresa esta visión: “Esta interescalaridad de relaciones, como indican los editores, se materializa ineludiblemente en el espacio geográfico, que debe entenderse como un contenido de relaciones exteriores y no solo como mero continente de las mismas”. De este modo, la geografía no es un simple espacio donde se alojan categorías; el libro nunca opera bajo esa lógica, sino que estudia la particularidad que habita en un espacio solo como punto de partida, pues en todo momento explicita y explora esas relaciones exteriores. La geografía se muestra como un espacio de relaciones de medida, por lo que siempre se evidencian las formas en que opera y se relaciona con lo otro.

Por ejemplo, no se pueden comprender las prácticas de formación del Estado y del capitalismo sin documentar que su primera configuración fue local, y que esas lógicas locales, o redes lógicas —pues no todas son capitalistas— se representan en el Estado Nación y, a medida que se generalizan, en los Estados. Posteriormente, eso cristaliza en un espacio internacional. Esta es una relación que hoy en día supone una simbiosis permanente.

Por lo tanto, más allá de los temas abordados, las conclusiones son específicas y entrelazadas: donde se producen cambios políticos a escala internacional, también se generan modificaciones a escala local, y viceversa. Son dos caras de la misma moneda, donde la geopolítica es la acción que media esas relaciones locales e internacionales, y el espacio geográfico es el lugar dinámico donde ello ocurre.

Esa forma de comprensión geográfica, no como un estante de cosas, sino como un entramado de relaciones de medida, lo cambia todo.

Aquí presento brevemente una reflexión en torno al segundo punto: ¿cómo debe concebirse una geografía de las relaciones exteriores? La respuesta se encuentra en el mismo libro. Si las relaciones que operan dentro del espacio geográfico se explican únicamente a partir de la mediación —la mediación que implica la medida de las cosas, la medida de los sujetos, la medida de lo social, la medida de la economía, y un largo etcétera— y, por ende, toda acción es una manifestación de estas medidas (redes), entonces el espacio geográfico no solo es la representación de esas medidas (objeto), sino también el configurador de nuevas medidas (sujeto). La geografía no debe ser tratada como un espacio inerte donde ocurren y tienen lugar los hechos humanos, sino como el sujeto mismo que, en una escala más amplia y social, va constituyendo la historia de los sujetos.

Cristopher Ferreira Escobar
Cientista político y padre

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