Marzo siempre inaugura un ciclo. En Chile, la universidad se viste de discursos renovadores, de campañas que prometen futuro y de elecciones que parecen abrir horizontes. Sin embargo, bajo esa superficie lo que emerge es un geoide epistémico: una figura irregular, llena de pliegues y despliegues, que nos recuerda que la universidad no es esfera perfecta, sino territorio fracturado.
La elección de rector o rectora en la Universidad de Santiago de Chile se presenta como un momento de visibilidad institucional. Se multiplican las palabras sobre proyectos, modernización y confianza. Pero lo que realmente se despliega es un ritual que oculta tensiones más profundas: precarización laboral, desigualdad digital, erosión de la confianza en el sistema universitario. Más títulos no significan más certezas, más promesas no significan más confianza. La universidad se pliega sobre sí misma, como si la elección fuera un espejo que refleja lo que no quiere mostrar.
El geoide epistémico nos ayuda a pensar este momento. No hay superficie lisa, no hay esfera perfecta. Cada pliegue es una irregularidad que revela lo que se esconde: la distancia entre los discursos institucionales y la experiencia cotidiana de estudiantes y académicos. La elección rectoral es un pliegue más, un punto donde la universidad se muestra y se oculta al mismo tiempo.
En este marzo, la paradoja se intensifica. La universidad promete renovación, pero lo que se percibe es continuidad. Se habla de proyectos de futuro, pero se repiten las mismas fórmulas. Se invoca la confianza, pero se multiplican las dudas. La elección rectoral se convierte en un simulacro de transformación, un despliegue que no logra romper el repliegue institucional.
La democracia digital, que debería ampliar la participación, también se ve atrapada en este juego de pliegues. Las plataformas que median la comunicación universitaria prometen transparencia, pero operan bajo algoritmos opacos. La tiranía algorítmica se infiltra en la vida académica, moldeando percepciones, controlando flujos de información, reduciendo la autonomía de la comunidad. La elección rectoral no escapa a esta lógica: la participación se convierte en promesa, pero también en simulacro.
El dilema es claro: ¿Cómo reinventar la confianza en un sistema que multiplica títulos y promesas, pero no logra sostener la esperanza? La respuesta no está en elegir un nombre, sino en transformar la arquitectura epistemológica de la universidad. No basta con cambiar de rector o rectora; se necesita reinventar la forma misma en que pensamos la institución.
Aquí aparece la metáfora de la universidad invisible. Una universidad que no se mide por rankings ni por títulos, sino por su capacidad de generar confianza real, de abrir espacios de co-creación, de reconocer al algoritmo como actor epistémico y no como simple herramienta. Una universidad que se despliega en la quinta estación: un tiempo fuera del calendario oficial, un tiempo crítico que permite imaginar lo que aún no existe.
Marzo 2026 es esa quinta estación. No es solo inicio de clases ni elección rectoral. Es un momento para leer la universidad como geoide epistémico, para reconocer sus pliegues y repliegues, para imaginar un horizonte distinto. La elección rectoral es síntoma, no solución. El verdadero desafío es reinventar la confianza desde otro lugar, desde una arquitectura que no tema a la irregularidad, que abrace la complejidad, que se atreva a ser invisible para poder ser transformadora.
La tierra fue plana, luego redonda, luego ovalada y ahora geoide. Cada forma fue una manera de imaginar y medir el mundo, un cambio en la arquitectura del conocimiento. La universidad también ha sido plana, jerárquica y lineal; redonda, como comunidad cerrada; ovalada, deformada por fuerzas externas; y geoide, irregular y llena de pliegues. La pregunta que queda abierta es inevitable: ¿Cómo será la universidad mañana? ¿Fractal, líquida, invisible, semiosférica? La respuesta dependerá de nuestra capacidad de ser alucinadores y soñadores, pero rigurosos. Porque solo desde la imaginación crítica podremos reinventar la confianza que la universidad necesita para existir en el futuro.
Doctor José Ariel Rementería Piñones
Departamento de Publicidad e Imagen
Facultad Tecnológica
_Universidad de Santiago de Chile
jose.rementeria@usach.cl
El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la posición de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago de Chile.
