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Germán Tenderini: Una vida al servicio de los demás. Por Patricio Bustos Pizarro

La grandeza, la relevancia y la trascendencia de una persona no se mide única y exclusivamente por algún rasgo en particular, por un hecho en especial o por alguna circunstancia histórica determinada.

Las personas que, en una sociedad, en una comunidad, sobresalen por alguna acción puntual que beneficie a sus integrantes suelen perdurar en la memoria colectiva de esa comunidad, convirtiéndose con el transcurrir del tiempo en sujetos que incluso llegan a simbolizar y a representar valores y principios humanistas, republicanos y democráticos altruistas.

Germán Tenderini y Vacca es una de esas personas que simbolizan y representan el espíritu del trabajo perseverante, la abnegación sincera y la entrega desinteresada hacia una comunidad. Su inmolación en el incendio del Teatro Municipal de Santiago, ocurrida el jueves 08 de diciembre de 1870, es solo el corolario de una vida intensa e íntegra dedicada al servicio de los demás.

La temprana y fatídica muerte de Germán Tenderini no solo lo convirtió en un mártir, el primero del novel Cuerpo de Bomberos de la capital de la República, sino que puso término a una existencia pletórica de acciones creativas, solidarias, benéficas y filantrópicas cuyos propósitos siempre estuvieron orientados hacia la búsqueda y la generación de oportunidades que favorecieran el desarrollo y el progreso de los sectores sociales más postergados, necesitados e invisibilizados de la sociedad.

En efecto, la historiografía permite observar aspectos relevantes de la vida de Germán Tenderini; aspectos concretos que lo alejan de aquella imagen algo idealizada y estereotipada que sobre él existe, acercándolo más a la figura humana generosa y sencilla que fue.

Procedente de una familia trabajadora de la región de la Toscana dedicada a la extracción y comercialización del mármol, en Carrada, ciudad ubicada al noroeste de la península itálica y próxima a importantes puertos, desde pequeño mostró una especial sensibilidad y preocupación tanto por los aspectos sociales y políticos como por la importancia de la educación y la creación artística en las vidas de las personas.

Efectivamente, su niñez y adolescencia estuvo rodeada de estímulos y de emociones que paulatinamente lo acercaron hacia la escultura y hacia la educación. Por esos años el territorio itálico era prácticamente un puzle conformado por numerosos y diversos reinos en permanentes disputas de poder. La sólida formación que recibió de su familia y el arduo trabajo que realizó en la industria y el comercio del mármol no solo esculpieron su carácter, su personalidad y su temple, sino que también despertó en él su profundo interés por la república como forma de Estado y por la democracia como sistema de organización política y de gobierno. En el rigor del trabajo descubrió la dura realidad de su época, las contradicciones sociales y las necesidades del pueblo italiano. Su sensibilidad social se transformó con el tiempo en un profundo sentimiento de reconocimiento y de respeto a la dignidad humana. Del mismo modo, desarrolló un fuerte sentimiento democrático de inspiración progresista y adhirió con fuerza a las ideas que promovían la unificación de Italia y la instauración de un régimen republicano.

Frente a las dificultades propias de la existencia humana no esperó a que lo llamaran para aportar y colaborar. Su conciencia esclarecida le indicaba que debía actuar y entregar sus mejores energías y esfuerzos para ayudar a quienes lo necesitaban o a aquellas personas que requerían de apoyos y de oportunidades para surgir y desarrollarse. El buen humor también formó parte importante de su personalidad.

Con 20 años de edad, Germán Tenderini y Vacca, participó en numerosas actividades dirigidas a terminar con el dominio del Imperio Austriaco sobre el territorio itálico, con la monarquía en la región de Toscana y con las diferencias políticas que impedían la tan anhelada unidad en todo el territorio italiano y que hacían casi imposible la instalación de un régimen republicano en la península. Desde muy joven las ideas republicanas, democráticas y progresistas se habían instalado y desarrollado en lo más profundo de su conciencia.

Por el año 1848 la península itálica estaba conformada por numerosos reinos, muchos de los cuales mantenían conflictos bélicos por décadas. El 23 de marzo de 1948 los reinos de Saboya, de Piamonte-Cerdeña, los Estados Pontificios y el de las Dos Sicilia declararon la guerra al Imperio Austriaco dando inicio a un largo proceso de hostilidades y de enfrentamientos.

La unidad territorial de Italia fue un proceso político, histórico y cultural que se extendió por más de 55 años (1815 y 1871). Giuseppe Garibaldi y el rey Víctor Manuel II, junto a otros líderes peninsulares, lograron finalmente la unidad de todo el territorio y la instauración del Reino de Italia como una monarquía institucional.

Iniciada la segunda mitad del siglo XIX (1854), y principalmente en las ciudades portuarias o cercanas a los puertos, fueron azotadas por una epidemia de cólera que se extendió rápidamente debido a las condiciones higiénicas de las urbes. La ausencia y/o precariedad de alcantarillados y de sistemas de evacuación de aguas servidas, la casi inexistencia de redes de distribución de agua potable y una débil cultura sobre hábitos y prácticas referidas al aseo y a la prevención de enfermedades facilitó la propagación del cólera, afectando la salud de cientos de familias y provocando la muerte de miles de personas.

Debido a la magnitud y a las características de la epidemia, las autoridades tomaron rápidas medidas para detener su avance y para atender a los infectados. Fueron implementados numerosos cordones sanitarios marinos y se adoptaron cuarentenas para las embarcaciones provenientes de zonas contaminadas. En la implementación de tales medidas Germán Tendirini y Vacca, de 26 años, desempeñó un rol sobresaliente. Unificó voluntades, organizó ayudas y canalizó esfuerzos en favor de las familias afectadas. Su conciencia y su vocación de servicio le señalaban que debía ayudar, aunque ello significara poner el riesgo su propia vida.

Finalizada la emergencia sanitaria y en reconocimiento a su compromiso, trabajo y entrega a su comunidad, la Corona del Gran Ducado de Toscana le confirió el título de Barón, título que fue rechazado abiertamente por Germán Tenderini por considerar que su aceptación lo alejaba de sus principios y valores republicanos, democráticos y progresistas. Tal rechazo no pasaría inadvertido para los adherentes a la monarquía y para los contrarios a la unificación de la península itálica.

Fue víctima de la persecución política implementada por las autoridades monárquicas, por lo que en el año 1856 decidió partir al exilio. A Chile llegó a la edad de 28 años y después de una larga travesía que inició junto a su madre y hermano menor. Desembarcó en el puerto de Valparaíso, mientras que su madre y hermano Ulderico continuaron viaje a Lima, Perú, donde tuvo un buen pasar como comerciante, bombero, filántropo y escultor de gran renombre y prestigio artístico.

Avecindado en Valparaíso, dedicó gran parte de su tiempo al comercio del mármol y a la escultura, sin embargo, fiel a sus ideas progresistas y a su vocación de servicio público y de ayuda a la comunidad, junto a otros setenta y un ciudadanos de origen italiano, el 23 de enero de 1858, concurrió a la fundación de la Sexta Compañía de Bomberos de Valparaíso en la que permaneció y trabajó por aproximadamente cuatro años. La compañía sería conocida posteriormente como “Bomba Cristoforo Colombo”.

En 1862, con 34 años de edad y por razones personales, trasladó su residencia a la ciudad de Santiago, capital de la República de Chile. La pobreza y precaria situación laboral y la deficiente o nula formación de los obreros y artesanos impactó profundamente en su conciencia. Fue así como decidió intervenir y actuar con acciones concretas para mejorar la formación técnica y las condiciones de vida de los obreros y de los artesanos mediante el desarrollo de oficios y a través de la difusión y promoción de los derechos de los trabajadores. Para lograr tales objetivos aportó no sólo con sus conocimientos y habilidades técnicas, sino que también lo hizo con recursos propios.

Con entusiasmo y decisión contribuyó también a la formación y al desarrollo de las organizaciones de los trabajadores menos calificados. Entendía que la educación y la formación constituían elementos claves para lograr avances significativos en derechos para los trabajadores y para sus familias. Participó en clubes obreros, se incorporó a la Sociedad de Artesanos la Unión, apoyó la formación de escuelas para obreros y fue un miembro destacado del Club de la Reforma. Preocupado también por el desarrollo de los niños más postergados, fundó un taller escuela para que recibieran formación en técnicas sobre artesanía y manualidades.

Cerca de las 18:45 horas del martes 08 de diciembre de 1863 se produjo un descomunal incendio que afectó a los feligreses que asistieron a la Iglesia de la Compañía de Jesús. Sobre dos mil muertos dejó la tragedia que puso en evidencia la necesidad de contar en Santiago con compañías de voluntarios para combatir el fuego. Después de convocar a la ciudadanía a constituir un cuerpo de bomberos, el 20 de diciembre del mismo año se fundaron cuatro compañías que dieron forma al Cuerpo de Bomberos de la capital. Una de esas compañías fue la Sexta Compañía de Bomberos de Santiago, conocida también como "Salvadores y Guardia de Propiedad".

Fiel a su vocación de servicio a la comunidad, Germán Tenderini y Vacca no dudó en incorporarse a la novel compañía de bomberos. Lo hizo el 13 de octubre de 1865. Su personalidad, su carácter y su espíritu fraternal destacaron de inmediato y sus compañeros vieron en él al compañero indicado para asumir diversas responsabilidades y cargos en la naciente Compañía. La calidad, la responsabilidad y la fraternidad con la que realizaba su trabajo hicieron que fuera reelegido Teniente Tercero en tres oportunidades (1868, 1869 y 1870).

Los masones que en noviembre del año 1864 habían fundado la primera logia en la capital de la república comenzaron a observar con especial cuidado las cualidades humanas, el nivel y la profundidad de las reflexiones y los numerosos actos de servicio a la comunidad en los que participaba Germán Tenderini. Después de un tiempo prudente, llegaron a la conclusión que reunía las condiciones necesarias como para formar parte de sus trabajos y de sus acciones filantrópicas que desarrollaban en favor de la comunidad.

El 11 de mayo de 1868 Germán Tenderini, con 40 años de edad, fue iniciado en la Logia Justicia y Libertad N° 5 de Santiago, cuyas reuniones se realizaban en el segundo piso del Palacio Arrieta, ubicado en la esquina nororiente de las calles Agustinas y San Antonio, reducido a cenizas en el año 1872 por un violento incendio. Durante los dos años y siete meses que perteneció a la Masonería destacó por su disposición al trabajo, liderazgo, sensibilidad social y genuina fraternidad, ganándose rápidamente el cariño, el respeto y la admiración de sus hermanos de logia.

La noche del jueves 8 de diciembre de 1870 (Siete años exactos desde el incendio que destruyó la Iglesia de la Compañía de Jesús), pocos minutos después del término de la función de gala realizada en el Teatro Municipal de Santiago y cuando el selecto público se disponía a abandonar el recinto, se desató un incendio que consumió gran parte de la estructura y terminó con la vida del bombero Germán Tenderini y la del tramoyista Santiago Quintanilla.

Los funerales del primer mártir del Cuerpo de Bomberos de la capital fueron muy sentidos por la comunidad, que lo acompañó en un multitudinario y majestuoso cortejo el día 12 de diciembre. Tiempo después, y a partir de ese acto de heroica entrega, el Cuerpo de Bomberos dio su nombre a la Compañía. Y con el trascurrir de los años la calle aledaña al Teatro Municipal pasó a llamarse Pasaje Tenderini; lugar en el que se encuentra una hermosa escultura en bronce que recuerda su último gesto de amor fraternal y de entrega desinteresada a la comunidad.

En junio del año 2004 la masonería chilena quiso reivindicar y honrar la entrega y la valentía de Germán Tenderini fundando una nueva logia con el nombre distintivo del mártir que se inmolara el 08 de diciembre de 1870 mientras cumplía con su deber. Una medalla honorífica que entrega la Gran Logia de Chile a los voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Chile que destacan por su entrega y por su trabajo en beneficio de la comunidad también lleva su nombre. Su figura, en vez de desvanecerse en las llamas imperecederas del olvido y del tiempo, permanece y crece, quizás como un destello de luz y de esperanza que recuerda el carácter, la personalidad y la entrega que Tenderini imprimió a cada una de las acciones de su vida.

Arturo Villarroel Garezón, bombero, también masón y conocido como el “General Dinamita” por su desempeño y destacada labor durante el desarrollo de la Guerra del Pacífico y único sobreviviente de los hechos ocurridos aquella fatídica noche en el Teatro Municipal de Santiago, años después lo recordó y al hacerlo, quizás sin proponérselo, destacó al ser humano humilde, sencillo y generoso que fue en vida. “Tenderini era el primero en quien se habían hecho notar los efectos del humo y de la opresión del pecho. Se sentía desfallecido y le grité como amigo: ¡Viva la Italia, Tenderiní! -¡Viva la República! me contestó, saludando con entusiasmo la reciente emancipación de su patria».

Con la perspectiva del tiempo y a 155 años de su muerte, Germán Tenderini y Vacca, como luz señera en medio de una sociedad polarizada políticamente, con claros visos de autoritarismo e intolerancia, caracterizada por la pérdida del sentido de comunidad, por el individualismo, por el egoísmo, continúa inspirando y convocando a jóvenes que se incorporan al voluntariado bomberil, que apoyan nobles causas en favor de los más desposeídos; jóvenes que de muy diversas formas prestan servicios a la comunidad y contribuyen a mantener viva la flama de la entrega desinteresada puesta al servicio de los demás.

La vida de Germán Tenderini no fue un gesto heroico más ni comenzó en medio de aquella infausta noche del 08 de diciembre de 1870. Germán Tenderini fue el resultado de lo que él quiso ser en la vida y de la perseverancia y dedicación que puso en cada tarea asumida o en cada desafío que se planteó para abrir oportunidades para los postergados y en cada semilla que sembró en los corazones y en las conciencias de las personas que ayudó.

Patricio Bustos Pizarro

patriciobustospizarro63@gmail.com

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