En un reciente seminario del Diario Financiero, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se refirió a posibles modificaciones en el sistema de Beneficios Estudiantiles en Educación Superior, señalando que “quienes deseen matricularse con más de 30 años podrán acceder a becas, probablemente al CAE, pero no a la gratuidad”.
Estas declaraciones resultan preocupantes. El principio que dio origen a la gratuidad en la educación superior se vincula estrechamente con la promoción de la equidad y el acceso universal, particularmente para estudiantes provenientes de familias en situación de vulnerabilidad socioeconómica, para quienes destinar recursos propios a financiar estudios superiores es, simplemente, inviable.
Como docente de educación superior, observo que una parte significativa de mis estudiantes inicia o retoma sus estudios superados los 30 años. Esta realidad no es casual, sino reflejo de trayectorias de vida atravesadas por múltiples factores sociales, económicos, históricos y personales que inciden directamente en las oportunidades educativas. No todas las personas tienen las mismas condiciones ni los mismos tiempos para acceder a la educación superior tras finalizar la enseñanza media.
Establecer un límite etario para acceder a la gratuidad no solo desconoce la diversidad de trayectorias de vida, sino que además perpetúa una lógica excluyente que castiga a quienes han debido enfrentar mayores obstáculos. En la práctica, esta medida margina a aquellas y aquellos que pertenecen al 60% de menores ingresos, quienes, pese a sus esfuerzos y motivación, verían restringido el camino de ingreso a la educación superior.
Condicionar la gratuidad bajo este criterio no solo desconoce la complejidad referida, sino que también limita las oportunidades de desarrollo personal y social de miles de personas, corriendo el riesgo de profundizar las brechas existentes y debilitar el sentido mismo de la educación como derecho fundamental, cerrando la puerta y coartando aún más los fatigados sueños de ese denominado futuro de Chile encarnado en las y los jóvenes de este país.
