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Guerra psicológica y el rechazo a la nueva Constitución. Por Enrique Villanueva M.

Los argumentos para rechazar la nueva Constitución, que se elimina a carabineros, que se interviene el sistema de justicia, que se divide la nación, que se pretende reemplazar los símbolos patrios y el argumento mil veces repetido a estas alturas ignorante, que de nuevo estamos frente a “la amenaza del comunismo”, desaparecido hace rato, son parte de una estrategia. Estas no son ideas lanzadas al azar, por el contrario, responden a una estrategia que proviene de los partidos herederos de la dictadura para crear dudas y que los chilenos y chilenas rechacen la primera Constitución, en toda la historia de Chile, diseñada y aprobada democráticamente a través de un plebiscito ciudadano.

En este contexto lo que estamos viendo es el uso de herramientas de la guerra psicológica las que ya fueron utilizadas en nuestro pais por la derecha, desde antes que Allende asumiera el mando de la nación y para derrocarlo, tácticas que hoy se repiten con los mismos fines, colonizar la mente de las personas creando la confusión, las contradicciones, la indecisión y el pánico.

Eso es lo que están haciendo los actores del rechazo, que son las elites que administraron el país en las últimas décadas y que no están dispuestos ni preparados para ser excluidos del poder, por eso no aceptan los cambios que propone el nuevo texto constitucional, no aceptan el reordenamiento del poder sin ellos al mando. Son personajes que no entienden que Chile cambió, que la política vinculada y subordinada a los negocios, movilizados entre las cupulas políticas, económicas y militares, es rechazada por las mayorías del pueblo organizado, no lo entienden porque se pasaron años montados en sus burbujas ordenando al pais en acuerdo a sus intereses, olvidándose de la gente y de la militancia de sus propios partidos.

Este es el centro del problema, la resistencia de las elites políticas y económicas que de manera transversal se oponen a perder sus privilegios, los que defenderán utilizando todos los medios a su alcance, recursos económicos, los medios de comunicación, la principal prensa escrita y los canales televisión de los cuales el gran empresariado es el dueño absoluto, sin descartar que utilización de las FF.AA. y carabineros para contener el descontento social, lo que es reiterado a lo largo de toda nuestra historia.

Desde que se inició el proceso de diseño de la Constitución, estas elites han utilizado herramientas de guerra psicológica, dedicándose a descalificar e intentar aislar a la Convención Constitucional y a los Convencionales de la opinión pública, del ciudadano y ciudadana. Para eso han instalado “el fracaso” de la Convención Constitucional apelando y aprovechándose de errores cometidos por algunos de los convencionales, para que estos, los convencionales, sean vistos por el pueblo como contrarios a sus intereses; en particular la derecha más extrema ha insistido en reiteradas ocasiones que la nueva Constitución es antagónica con las tradiciones y cultura del pais. Lo que se puede constatar entonces, es un despliegue comunicacional orientado a influir y a generar dudas sobre la transparencia y los objetivos del nuevo texto constitucional, para que el electorado dude al formalizar su decisión de aprobar la nueva Constitución, creándoles la inseguridad de “si no estarán equivocados”. Artimañas que, como ya se ha comprobado, se han utilizado reiteradamente en ocasiones anteriores por actores que participaron en el golpe de estado de 1973, por sus herederos políticos y por sus aliados. Si hacemos un ejercicio de memoria histórica, encontraremos que la guerra psicológica fue la principal herramienta utilizada para desestabilizar al gobierno democrático de Salvador Allende, para luego implementar y validar la guerra sucia inventada, en contra del “enemigo comunista” inexistente. Una “guerra” que se diseñó y llevo a cabo para eliminar y desarticular a las organizaciones sociales y políticas populares: para eliminar a los y las principales líderes de oposición: para debilitar las bases de apoyo del movimiento antidictatorial y particularmente de las organizaciones de la izquierda Chilena: profesionales, estudiantes, trabajadores, campesinos. Han transcurrido 48 años desde 1973, periodo durante el cual quienes financiaron, apoyaron y legitimaron la supuesta “guerra contra el comunismo”, culpables o cómplices de las peores violaciones a los DDHH, fueron amparados por la impunidad que les entrego la transición a la democracia. Lo que les permite reaparecer hoy, directamente, o a través de sus herederos políticos, financiando o participando en las acciones desplegadas para alimentar el rechazo a la nueva Constitución, la que a diferencia de la Constitución de 1980, esta vez, fue redactada y validada democráticamente.

Las dirigencias de la derecha extrema ( que nunca fueron centro derecha ), los expresidentes de la concertación y dirigentes de esa agrupación política lo que no entienden es que la realidad política y social a la que hemos llegado sobrepasa sus cálculos deterministas que hacen desde sus voluntades unilaterales. No aceptan que el proceso constituyente nació de la rebeldía y del cansancio de los chilenos y chilenas, del abuso, las desigualdades y la corrupción, así también la nueva constitución, cuya validez se asienta en la articulación de esfuerzos y sensibilidades colectivas, como en el aporte y subjetividad intelectual que los constitucionales han aportado a este momento histórico.

Tampoco entienden que los nuevos actores y actoras políticas, con nuevos bloques políticos se transformaron, en el viejo pero vigente lenguaje, en las vanguardias que lograron vencer el desánimo y entregar optimismo, alentando un futuro para los chilenos y chilenas, cuando todos los actores del rechazo vivían muy cómodos con la constitución de la dictadura y administrando un modelo económico concentrador de riquezas en pocas manos, a costa de las desigualdades que este modelo neoliberal provoca para las mayorías. Son estos cambios, en el escenario político nacional, los que demostraron una vez más que la historia no tiene un destino trazado, como lo intenta decir el guaripola del rechazo, Ricardo Lagos, la nueva Constitución es una conquista de la lucha social y el gobierno actual, el producto de una lucha política inteligente, hechos trascendentales que los actores del rechazo aferrados a su libreto, no imaginaron ni pudieron ver hace un par de años atrás.

Las alianzas políticas entre cúpulas que hasta antes de la rebelión social del 2019, eran asumidas como el camino para avanzar en programas políticos permeados por acuerdos económicos, acordados entre elites para lograr objetivos de interés común, quedaron atrás. Los nuevos bloques y alianzas políticas a diferencia de los anteriores ponen en el centro lo fundamental, que es el destino del pais y de los ciudadanos y ciudadanas, es lo que nos muestra todo el proceso que concluyo en la redacción del nuevo texto constitucional, realizado con la amplia y cualitativa participación social.

Por todo esto, la tarea hoy es desenmascarar el rechazo a la nueva Constitución, porque rechazar es igual a la defensa de la institucionalidad política y económica desgastada por la corrupción, rechazar es para impedir que se reordene el poder y orientarnos a lograr un pais donde se respetan los derechos de las personas, un país más justo e inclusivo. Rechazar es obligarnos a continuar gobernados por la constitución actual que, aunque se le agreguen reformas tras reformas, como se hizo en los gobiernos de la Concertación, es ilegítima por su origen, porque alberga las bases y principios de un modelo económico omnicomprensivo impuesto a la fuerza y que es el generador de las desigualdades, abusos y corrupción que hemos vivido por cinco décadas.

Contrario a estos argumentos, el Apruebo de la nueva Constitución lo que pone en relieve, es que la democracia no es una abstracción ni es un proyecto acabado y cerrado, como lo hace la constitución de Pinochet, lo que propone la Constitución es una inconstitucionalidad nueva para el pais, para reemplazar instituciones vencidas por la acción individualista y permeadas por la corrupción.

El apruebo es para construir una democracia a través de un Estado Social y de derechos, la que se asienta en la acción común y en la construcción social y colectiva, ubicando en el centro del desarrollo a las personas, los derechos de las personas, a través del irrestricto respeto de los DDHH. Lograr estos objetivos está en nuestras manos, la clave es salir a las calles, para llegar a las personas, llegar al sentimiento del ciudadano y ciudadana que quiere y necesita cambios en Chile.

Por su parte el rechazo invertirá millones en la compra de páginas en la prensa escrita y en programas de TV, en redes e influencers para mercadear un mito, propagando “Un Rechazo para avanzar” remendando la Constitución mentirosa de Pinochet, porque según ellos y ellas, el texto constitucional que se está proponiendo no cumple con los requerimientos básicos para defender la libertad y las bases de la institucionalidad democrática"…

Qué la guerra ideológica no nos haga perder el foco y la noción de la realidad! La verdad es clara y concreta, que con la nueva constitución se abrirán los caminos hacia el pais más justo e inclusivo que queremos.

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