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¿Hacia dónde, Boric? Por Cristopher Ferreira Escobar

Si bien es muy temprano para proyectar algún adjetivo a la gestión del gobierno de Gabriel Boric, existen algunos ingredientes propios del cuerpo valórico que solidificó posteriormente en una entidad partidaria, y que valen la pena tener en consideración para caracterizar un posible escenario final, del cual no estoy muy seguro que lo consagre como triunfador, por lo menos no en un escenario abandonado, y que nos tiene sumergidos en la más terrible y nefasta radicalidad, en donde el hombre, como cualquier otra mercancía, fluctúa al ritmo de las vicisitudes de las crisis cíclicas que el capitalismo ejerce de manera cada vez más recurrente y grave.

Un spoiler necesario. “Y ahora, entonces, para concluir, solamente quiero darles las gracias por el apoyo que he sentido de muchos de ustedes… y decirles que me voy, teniendo más amigos que los que tenía cuando llegué hace 6 años. Muchas gracias”. Así finalizaba su discurso en la que sería la última cena de Ricardo Lagos en la sofofa. Boric, en un pasaje de sentido similar, comenta al salir de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) la existencia de muchas cosas en común con el empresariado. Algo parecido ocurrió en su discurso en la Enade, evento empresarial más importante del año, en donde los empresarios indicaron la tranquilad que dejó el discurso del presidente electo.

La filósofa estadounidense Nancy Frazer daba cuenta de un giro a finales del siglo XX en las demandas de variados movimientos sociales que se marginaban de los problemas de la redistribución, cuestión que la izquierda enarbolaba como motivo principal de sus luchas en lo pretérito; ahora, las demandas manifestaban y manifiestan consignas de reconocimiento cultural en sus más diversas expresiones. Estos hechos se podrían enmarcar —sin que se me tome como reduccionista— en lo que sería el comienzo del multiculturalismo y la posmodernidad, algo que las izquierdas han mantenido al día de hoy como motivo de movilización y baluarte de vanguardia. En la actualidad de Chile, podemos ver como los movimientos estudiantiles inauguraron el espacio para hacer visible todo un conjunto de participación política que reclamaba la consideración de la diferencia. El Frente Amplio como conglomerado de partidos se puede entender y tipificar en estas coordenadas de sentidos de pertenencia valórica, reuniendo en sí múltiples bagajes. Si se observa los partidos que configuraban este conglomerado al comienzo y en la historicidad hasta el día de hoy, resultará nítido lo antes mencionado. Giovanni Sartori, cientista político italiano, denominaba a este cuerpo como catch all party (partido atrápalo todo) o metapartidos. Pero esto no es sólo propio del FA, sino que los partidos antiguos empezaron a revestirse con estas nuevas etiquetas, el caso más notorio es el Partido Comunista de Chile, que se distanció de la idea de lucha de clase tradicional y las consignas marxianas. Ahora ya no se escucha la superación del capitalismo y la focalización en el trabajador como motivo central y restrictivo de lo que es el problema neurálgico. Actualmente, todo es motivo de lucha. El pensador alemán Anselm Jappe critica este mismo aspecto de las izquierdas y su apego a cualquier movimiento demandador de lo cultural. Quiero dejar en claro que no estoy en desacuerdo con ello, estas nuevas demandas merecen atención, pero creo que hay un problema mayúsculo y primero, que, si no se atiende, todo lo demás quedará entre paréntesis y frágil. Si bien el cambio no es algo que se le pueda pedir a un gobierno, sino que es global, debe existir una interpretación y acción orientada hacia ese cambio que interrogue por la forma de producción capitalista, cuestión que no veo. Volviendo al punto inaugural y que manifiesta un tema importante de algo, la relación amistosa con el grupo del gran empresariado es algo que no se comprende al dilucidar la historia de nuestro país, en donde estos grupos han abusado de lo laboral y destruido nuestros recursos sin importar las terribles consecuencias negativas, directas e indirectas a la que nos imponen, situando al centro la obtención de las mayores ganancias sin conciliar los efectos adversos.

Boric se enfrenta a un complejo escenario, ya sea por el capitalismo o la situación coyuntural económica que se expresa en una inflación externa; inflación por un aumento de la demanda interna del consumo (factor mayoritario), lo que produce devaluación del peso chileno, existiendo un aumento del dinero para comprar productos importados; inflación de los pobres, algo que el expresidente francés François Mitterrand aludía a la disminución del salario producto de la inflación; la disminución de la inversión privada indicada por el Banco Central; la tasa de interés en aumento, y con ello la reducción del gasto público y los menores ingresos del mismo. Estos elementos no deben perderse de vista en la lucha actual, la cual se está perdiendo.

Cristopher Ferreira Escobar. Doctorante en Estudios Transdisciplinares Latinoamericanos (DETLA). Cientista Político y director de la Fundación Politología, Centro de Estudios.

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