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Hacia la inclusión laboral de personas discapacitadas en los microemprendimientos chilenos. Por Lucio Cañete Arratia

La participación en los sistemas productivos de personas que por motivos ajenos a su voluntad no tienen todas las capacidades sensoriales, motoras y mentales generalmente demandadas, es una tarea urgente que debe ser abordada para que Chile alcance los niveles de bienestar que se logran en virtud a la integración social. Dicha integración resulta relevante considerando que la Encuesta de Discapacidad y Dependencia más los datos del III Estudio Nacional de Discapacidad, mostraron para el año pasado que el 17% de la población de nuestro país es discapacitada.

Para encarar esta realidad en ámbitos laborales, diferentes entes tanto privados como estatales han apelado principalmente a asuntos emocionales, a la responsabilidad social y a la Ley N°21.015 que incentiva la inclusión de personas con discapacidad; logrado por estas vía avances significativos. Sin embargo, según la Primera Encuesta de Bienestar Social del Ministerio de Desarrollo Social del 2021, casi seis de cada diez personas con discapacidad (59,1%) se encuentran inactivas.

Uno de los motivos de esta marginación es que actualmente diversos e influyentes sectores de la sociedad desconocen los argumentos que sólidamente demuestran que la contratación laboral de personas discapacitadas en ciertos escenarios laborales, constituye un atractivo negocio por sobre la incorporación de otros factores productivos. En efecto, la hipótesis es que en determinadas pero abundantes circunstancias, la inclusión de una persona discapacitada a un proceso productivo aporta una rentabilidad neta que es superior a la que aporta una persona sin discapacidad o un autómata u otro factor al mismo proceso. Puesto que tales argumentos se desconocen, dichas personas con discapacidad no están siendo contratadas, perdiendo ellas la posibilidad de insertarse laboralmente e incurriendo los empresarios en costos de oportunidad.

En este contexto, considerando la VII Encuesta de Microemprendimiento realizada el 2023 por el Instituto Nacional de Estadísticas que indicó que en nuestro país existen 1.977.426 de pequeños emprendimientos, constituye todo un desafío la incorporación de personas discapacitadas a los procesos productivos de estas empresas del menor de los tamaños, donde apelar a la emocionalidad y a la responsabilidad social no garantizan la contratación cuando el legítimo lucro resulta esquivo.

Si se acepta este reto, la primera actividad consiste en alumbrar los argumentos sólidos que demuestren que en ciertos escenarios de microemprendimientos, la contratación de personas con discapacidad constituye la mejor alternativa en cuanto a la selección de factores productivos elegibles.

La premisa es que la persona con determinada discapacidad será preferida respecto de otro factor productivo elegible porque ella expone alguna rentabilidad neta mayor que su competencia representada por un autómata o una persona sin discapacidad u otro. Esta rentabilidad neta no sólo está en función de la propia productividad que la persona con el tipo de discapacidad en cuestión genera (la cual puede ser menor respecto de una persona sin discapacidad); sino además de otras variables cuantificables tales como la imagen para la microempresa y el clima laboral que ella porta con su inclusión al escenario laboral donde es preferida.

¿Cómo puede desmostrarse que esto ocurre? Existen dos vías no mutuamente excluyentes para generar los argumentos que demuestran que un microemprendimiento en determinadas circunstancias se beneficia con la incorporación laboral de personas discapacitadas. La primera de ellas corresponde al estudio de casos donde otras empresas del menor de los tamaños tanto chilenas como extranjeras se han aventurado en proyectos similares, mostrando por ejemplo que la labor de un operario discapacitado en un equipo humano es un estímulo para que el resto de los compañeros aumente su productividad por cuanto para ellos es impresentable que tal persona con todas sus limitaciones “los empate”. Por otra parte, las mismas experiencias indican que el equipo humano donde se acoge a una persona discapacitada debilita discriminaciones ya sea por raza, sexo u otra por cuanto la incorporación de un individuo con discapacidad ya es un acto de aceptación de diferencia notable y cualquier otra parece subdimensionada. La segunda vía para la argumentación de las bondades de la inclusión laboral en las microempresas chilenas es en base a experimentos y simulaciones, los cuales evidencian que acompañadas por una campaña publicitaria, generan en competidores, proveedores y especialmente en clientes, una revaloración de la imagen corporativa; lo cual redunda en un trato preferencial del medio hacia quienes contratan personas discapacitadas.

En resumen, a los actuales desafíos de los microemprendimientos chilenos se le puede sumar éste, el de la contratación de personas discapacitadas, el cual puede ser en ciertos casos un amortiguador sinérgico para encarar otras coyunturas.

Lucio Cañete Arratia
Departamento de Tecnologías Industriales
Facultad Tecnológica
Universidad de Santiago de Chile

lucio.canete@usach.cl

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