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Hacia un nuevo orden simbólico chileno. Por Nicol A. Barria-Asenjo

Es innegable que estamos inmersos en tiempos donde florecen nuevas formas de hacer política. Si para algunos era fácil visualizar y definir nuestro devenir histórico como un espacio vacío de la política o identificaban una política de lo bordes en constante riesgo de caer a un precipicio o por otro lado, admitían una crisis absoluta de los alcances y transformaciones de la política y lo político, para mí, sucede todo lo contrario. Ambas visiones funcionan en forma simultánea, porque también, estamos insertos en un núcleo histórico que logra y logrará hacer funcionar los nuevos engranajes del siglo XXI, somos parte de aquella matriz ideológica que producto del colapso de los modelos y la crisis simbólica que hay a nivel global, aparece un nuevo lugar, emerge una construcción silenciosa de las nuevas formas de hacer política.

Es menester para mí aclarar que no hablo de la creación de una política distópica, ni de una utopia política que hemos de alcanzar mediante algún sacrificio material, espiritual o de algunas de las esferas de la vida. Es la política que comienza a subir desde abajo, la política de la calle y desde la calle. Hay un nuevo fantasma que recorre el mundo y es la sed de justicia social y de dignidad. La potencia de la presión social ha gatillado que la política, lo im-político, la despolitización y la politización comiencen a operar de formas antagónicas y mediante esa superación invisible del antagonismo han comenzado a aparecer fantasmalmente en el devenir socio-político, las direcciones que intentaban invisibilizarse una y otra vez.

La nueva política del siglo XXI contendrá elementos tales como feminismo, consciencia de clase, disidencias sexuales, respeto por el medio ambiente, valoración a la tradición y las costumbres ancestrales de los pueblos, respeto por la diferencia, amor por la variabilidad de las culturas, relevancia de la infancia, y otros tantos puntos que hemos de tener que mirar como los retos pendientes que han prevalecido transgeneracionalmente como eso, meros retos de nuestras sociedades.

Esta nueva política, es por tanto, una aceptación brutal y total de la responsabilidad y el legado recibido por nuestras generaciones y una consciencia total del deber Etico-político que como individuos tenemos con nuestros herederos. Como herederos del mundo del siglo XX se está intentando poner acento en aquellos nudos históricos dejados desde temprana data y, mediante un intento de ruptura de los nudos y amarres que mantenían al mundo detenido, se pretende configurar un escenario acorde a los retos y herramientas con las que contamos. El nuevo orden social, será inevitablemente sin amarres a las huellas traumáticas del pasado, huellas que corrompen cualquier posibilidad para el porvenir.

Según Alberto Rocha V (2001) “los procesos de globalización, supra-regionalización, continentalización y localización no sólo provocaron la crisis del mundo moderno, sino que a la vez, dentro de una perspectiva de transición, están trazando las líneas de esbozo de un nuevo mundo y de una nueva dimensión política mundial, que aún se encuentra en estado virtual”. (p.135)

Rocha da en el clavo al señalar que la nueva política está aún en estado virtual, ¿no es eso lo que pudimos percibir con el fenómeno Franco Parisi? Un Chileno, que vive en Estados Unidos, que no ha pisado el suelo chileno porque posee una demanda y deuda millonaria por pensión alimenticia, una fiel copia de aquellos hombres del país que siguen adelante con un incumplimiento total con su rol como padre, tal vez, es precisamente por esa representación del macho rebelde y rudo que arraso en votaciones, solo mediante trabajo virtual.

Podríamos perder el tiempo interminablemente en el fenómeno Parisi, pero solo seria eso, perder el tiempo, lo que realmente es importante es la forma de hacer política que dejó en evidencia, aquella que sale de la tradición, pero que ha sido utilizada anteriormente, por Trump por ejemplo, el presidente de Estados Unidos que pasaba más tiempo en Twitter que trabajando. Inevitablemente, en lo virtual hay formas de hacer política que además, pueden ser alteradas, mediante el uso de algoritmos y difusión de información sugestiva al mundo votante.

Acontecimiento chileno: 19 de diciembre

¿Qué sucedió el 19 de diciembre? Aún no logro explicarme a mí misma lo ocurrido. Por lo tanto, cualquier intento de explicación sería arriesgada e inevitablemente involucraría una lectura romántica, nostálgica e idealizada de lo que realmente ocurrió. Lo cierto es que sentimos como triunfo algo que en el fondo y forma no es más que justicia social. La sensación de victoria es vacía y un engaño, no hemos ganado nada hemos solo recuperado un trozo de lo que nos robaron de lo que siempre ha sido nuestro.

Inmigrantes en nuestro propio país. Visitantes en nuestra propia lengua. Pasajeros nómadas de nuestra vida, nuestra herencia y nuestra historia. La desmentida del momento es cuestionarnos a propósito de ¿Cómo sucedió esto? Porque es extraño. Por inverosímil que parezca, aún sentimos con extrañeza el triunfo contra el fascismo. Es decir, luchábamos con un monstruo sucio y asqueroso pero aún así, sentimos que lo ocurrido el 19 es un triunfo.

Lo que es tarea de todos es mirar critica y respetuosamente a todo ese amplio número de votantes que siendo pobres, sin educación, sin privilegios, votaron y/o trabajaron fielmente con José Antonio Kast. La violencia e intentos de humillación contra esos votantes que son parte de las consecuencias del sistema y modelo, que siguen ciegos por la ideología dominante, es mera repetición. Necesitamos poner atención a lo que la política nos dice, solo mediante la mirada respetuosa podremos mirar el dolor y la desesperanza que allí encuentra lugar de reposo.

La pregunta sería ¿Cómo es que alguien que es esclavo del sistema puede seguir fielmente a sus explotadores? Encontraremos diferentes perspectivas teóricas para explicar esto, razón por la cual, es necesario mirar esas conductas, que son precisamente las que sostienen el orden establecido. La promesa de orden social, de recuperar la economía del país, de militarizar ciertas zonas del país, de terminar con la delincuencia, es un discurso que tocó la fibra de millones, precisamente de las poblaciones más vulnerables que han sido dejadas de lado, lo cual explica, su apoyo a Kast, alguien que se presenta como el superhéroe que los salvará de su perdición. En medio de la desesperación y el abandono total un par de palabras bondadosas nos hará volver a soñar: estrategia de la izquierda, estrategia de la derecha.

Si las formas de hacer política y el proceso de campaña fue sucio y confuso, con aires pesimistas he de adelantar que el periodo transicional Piñera-Boric no será un periodo de paz y calma, será una transición poco amena y de vacío total de los restos económicos con los cuales actualmente cuenta el país. A propósito de lo cual, mucho más complejo será el escenario político, económico y social desde marzo del 2022, y todo el gobierno de Gabriel que ha presentado tanto apoyo popular, terminará igual o tal vez peor que como las cosas están con Piñera.

No quiero parecer el Grinch de las elecciones presidenciales porque fui parte de los muchos que decidieron apoyar la candidatura de Gabriel Boric, incluso con los riesgos y los antagonismos que inevitablemente tendrían que ser confrontados. Como se leía en diferentes medios nacionales “con solo ver a quién está del otro lado, sabemos que lado tomar”. Esa fue mi filosofía, por primera vez apoye a Gabriel Boric y fue por la figura perversa que estaba frente a nosotros, un nazi como Kast. Mi apoyo, no significa que me represente, o que no sea capaz de observar la ineficiencias y errores que se han cometido y que probablemente se cometerán.

Ahora bien, rememoremos brevemente algunos mensajes que Gabriel Boric, mencionó en su primer discurso como presidente electo, siendo el presidente electo con mayor apoyo electoral en la historia del país, mantiene una interrogante propia para la masiva concurrencia y abrazando el contexto nacional: “no importa si lo hicieron por mí o por mi contrincante”, su discurso apelo a la encrucijada en que se vieron miles de votantes que no participaron en la primera vuelta, pero que, dado el fascismo amenazante votaron.

Continuemos con el discurso, a los 5 minutos de su discurso, pone acento en el grupo de población eternamente bloqueado por la sociedad adultocéntrico, “quiero agradecer a los niños y niñas que nos llenaron de cariño en este viaje, que nos llenaron de dibujos hermosos que expresaban con inocencia y esperanza el Chile al que aspiran, un Chile verde, un Chile que cuide la naturaleza y los animales, un Chile que recupere las plazas para poder jugar, un Chile donde los padres y madres tengan más tiempo para estar con sus hijos y sus abuelos y abuelas no estén solos en esas etapas de su vida”. Esa mirada a lo lo mirado, es un énfasis que era urgente, da cuenta de que el proceso de cura que Chile necesita y necesitaría requiere de palabras de esperanza, requiere de una mirada a lo que es obviado y olvidado. David Harvey (2007) señaló que “Para que cualquier forma de pensamiento se convierta en dominante tiene que presentarse un aparato conceptual que sea sugerente para nuestras intuiciones, nuestros instintos, nuestros valores y nuestros deseos, así como también por las posibilidades inherentes al mundo social que habitamos. Si esto se logra, este aparato conceptual se injerta de tal modo en el sentido común que pasa a Ser asumido como algo dado y no cuestionable. Los fundadores del pensamiento neoliberal tornaron el ideal político de la dignidad y de la libertad individual como pilar fundamental que consideraron «los valores centrales de la civilización ». Realizaron una sensata elección, ya que efectivamente se trata de ideales convincentes y sugestivos. En su opinión, estos valores se veían amenazados no sólo por el fascismo, las dictaduras y el comunismo, sino por todas las formas de intervención estatal que sustituían con valoraciones colectivas la libertad de elección de los individuos. La idea de dignidad y de libertad individual son conceptos poderosos y atrayentes por sí mismos” (p.11)

A partir de lo anterior, el fenómeno que inquietó a muchos, el fenómeno Kast, aparecido luego de una coyuntura política compleja, luego de la revuelta popular del 18 de octubre del 2019, de la llegada de la pandemia y de la profunda crisis que Chile lleva por más de 40 décadas pero que convenientemente estaba invisibilizando, no parece ser tan sorprendente. Un personaje de los clásicos de la extrema derecha toco fibras importantes de la población chilena, mediante un uso estratégico de un lenguaje acorde a los ovaciones lingüísticos que hay en el país “libertad, progreso” fue su eslogan que atrapo miles de consciencias.

Kast demostró que el aparato discursivo dominante es el que construye y sostiene la estructura neoliberal y en ese sentido es utilizando sus modos y herramientas discursivas propias del modelo que se puede obtener adherencia. No es necesario crear nuevos significantes que logren generar efectos divergentes, la derecha demostró que repitiendo los viejos eslóganes se consigue alimentar el espíritu de los vaciados por el sistema. La verdadera lucha anti-capitalista emerge en los bordes del lenguaje, porque es solo mediante la transfiguración del lenguaje dominante y la recuperación de los conceptos que han sido ensuciados por la derecha, que se puede comenzar a corromper y diversificar el núcleo ideológico que amenazada el porvenir global.

A lo anterior, hemos de sumar el hecho de que toda acción humana es actualmente pensada desde diversas formas de dominación, no una dominación en un clásico amo-esclavo, o tal vez sí, la cuestión es que esa relación entre el amo y el esclavo han ido variado a través de la historia. Persisten, solo que con otros nombres y otras formas de existencia. No sería arriesgado afirmar que la población que antes era esclava y vendida a otros solo para fines productivos ahora ha sido reemplazada por una variante extremadamente similar a la inicial, la diferencia es que ahora hay acuerdos, contratos, honorarios y un sin fin de practicas que son humillantes para un gran número de la población e inexistentes para un sin fin de trabajadores inmigrantes: se mantiene a los seres humanos en el esclavismo perverso del sistema capitalista que requiere de cuerpos para su acumulación, cuerpos y mentes sin libertades, enlatados en la vida y amarrados a un deseo de trabajar y producir al sistema, servidumbre voluntaria, esclavos alimentados por sueños anudados a una imagen ficticia de un progreso y crecimiento que llegará en algún momento, pero que realmente solo llega para los dueños de las empresas.

Camila Vallejos (2021) nos demuestra lo anterior pero extrapolado al terreno de la política “cuando ese sector político en Chile, que es minoritario pero tiene mucho poder, te llama a consensos, es básicamente a blanquear las diferencias. En Chile para lo único que la política de los consensos ha servido es para dejar todo igual, aparentar acuerdos y cambios pero al final no cuestionar, ni cambiar las bases estructurales de un modelo de profunda injusticia social”.

Es esa absoluta inexistencia de acuerdos reales lo que mantiene un status quo, ese orden solo beneficia a los pocos, porque es un escenario que se repita una y otra vez, la ruptura en la repetición sin elaboración, sin simbolización del devenir presente es lo que determina que el futuro próximo contenga los mismos antagonismos y las mismas luchas desesperadas en medio de un punto muerto de la política y lo político.

Siguiendo la linea anterior, David Harvey (2007) señala que “el neoliberalismo se ha tornado hegemónico como forma de discurso. Posee penetrantes efectos en los modos de pensamiento, hasta el punto de que ha llegado a incorporarse a la forma natural en que muchos de nosotros interpretamos, vivimos y entendemos el mundo. Sin embargo, el proceso de neoliberalización ha acarreado un acusado proceso de «destrucción creativa», no sólo de los marcos y de los poderes institucionales previamente existentes (desafiando incluso las formas tradicionales de soberanía estatal sino también de las divisiones del trabajo, de las relaciones sociales, de las áreas de protección social, de las combinaciones tecnológicas, de las formas de vida y de pensamiento, de las actividades de reproducción, de los vínculos con la tierra y de los hábitos del corazón (…) de ahí, la búsqueda y el intenso interés del neoliberalismo en las tecnologías de la información (lo que. ha llevado a algunos a proclamar la emergencia de una nueva clase de «sociedad de la información»). Es¬ tas tecnologías han comprimido tanto en el espacio como en el tiempo la creciente densidad de las transacciones comerciales. Han producido una explosión particularmente intensa de lo que en otras ocasiones he denominado «compresión espacio-temporal». Cuanto más amplia sea la escala geográfica (lo que explica el énfasis en la «globalización») y más cortos los plazos de los contratos mercantiles, mejor. Esta última preferencia concuerda con la famosa descripción de Lyotard de la condición posmoderna como aquella en la que el «contrato temporal» sustituye a las «instituciones permanentes en la esfera profesional, emocional, sexual, cultural, internacional y familiar, así como también en los asuntos políticos».” (p. 7 y 8) Harvey es claro en su visión respecto de los interminables retos de la izquierda, ese falso movimiento desde lo extremo hacia un centro vacío, las divisiones del trabajo en los rincones y en el núcleo, la diferencia en la forma y en la estructura, es desde allí que el devenir social se desfigura siendo incapaz de capturar algo, solo son imágenes inefables a la visión pues, el modelo neoliberal se encarga de cegar a todos.

Otro punto interesante de considerar es la importancia que en Chile hay en tanto tradición, el respeto por las costumbres nacionales se reduce a un proteccionismo cínico que defiende cuestiones tales como el rodeo (sin considerar la violencia animal) pero que no considera las costumbres, lengua y ritos de los pueblos originarios, hay un respeto conveniente hacia la tradición.

Por esta y otras tantas razones, Chile es un país sediento de justicia, miro el escenario actual como un espacio de configuración de las nuevas formas de política y el nuevo porvenir que será o mucho mejor o mucho peor. Inevitablemente nos acercamos al borde de una explosión mucho más radical que lo ocurrido el 18 de octubre del 2019, y bastará de un solo elemento detonante para que aquellos que, nunca han votado, aquellos que nunca han alzado la voz, y aquellos que con mesura salieron a las calles en la insurrección popular del 2019 dejen la censura, la represión y la calma ante el caos que hay frente a nuestros ojos.

Referencias

Harvey, D (2007) “Breve historia del neoliberalismo”. Madrid: Akal.

Vallejos, C (2021) debemos tener tanta conciencia de clase como la derecha. Recuperado de: https://jacobinlat.com/2021/10/13/debemos-tener-tanta-conciencia-de-clase-como-la-derecha/?fbclid=IwAR2uNZ5zAiCPKSOZ_D1aZx3PwxL5_fUu7iBB7JVmAP0TQkK9KK1ln1rAxzs

Rocha V., Alberto (2001). El sistema político mundial del siglo XXI, un enfoque macro-metapolítico. Espiral, VII(20),135-159.[fecha de Consulta 21 de Diciembre de 2021]. ISSN: 1665-0565. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13802005

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