Hay comunas que tienen un solo relato. Huechuraba nunca fue una de ellas.
Basta recorrer unos pocos kilómetros para encontrarse con paisajes completamente distintos. Ciudad Empresarial, Pedro Fontova, Los Libertadores, La Pincoya, El Barrero, El bosque 1 y 2, Santa Victoria, Patria Nueva o Villa Wolf forman parte de una misma comuna, pero también de historias muy diferentes. Cada uno de esos sectores ha crecido de manera distinta y ha enfrentado desafíos propios.
Huechuraba no es una comuna homogénea. Conviven en ella barrios con historias, ritmos de crecimiento y oportunidades muy distintas. La Pincoya no tiene la misma historia que Pedro Fontova. Los Libertadores no nacieron de la misma forma que Santa Victoria. Ciudad Empresarial tampoco explica por sí sola la identidad de la comuna. Cada uno de esos sectores ha aportado algo distinto a Huechuraba, pero no todos han recibido las mismas oportunidades para desarrollarse.
La historia de Huechuraba no comenzó con los edificios corporativos. Comenzó mucho antes, cuando cientos de familias llegaron buscando un lugar donde vivir, organizándose para construir barrios donde el Estado llegaba tarde o simplemente no llegaba. Esa historia sigue viva en la memoria de quienes levantaron poblaciones completas desde el esfuerzo comunitario.
Esa historia no solo explica cómo crecieron nuestras poblaciones. También ayuda a entender por qué las instituciones públicas, y especialmente las escuelas, tienen un significado distinto en comunas como la nuestra.
Por eso preocupa cuando la discusión sobre educación pública termina reducida a un puntaje o a la posibilidad de cerrar un establecimiento. Porque los colegios no existen aislados del territorio. Reflejan las condiciones sociales, económicas y urbanas de las comunidades donde están insertos.
Una escuela pública no puede cargar sola con décadas de desigualdad.
Si durante años un barrio ha debido enfrentar menos oportunidades, mayores brechas y una inversión desigual, es difícil creer que la solución pase únicamente por exigir mejores resultados sin preguntarnos por las condiciones en que esos resultados deben alcanzarse.
Huechuraba conoce demasiado bien los contrastes. No solo entre barrios. También entre las oportunidades que ofrece cada uno.
Esa realidad también se refleja en nuestra educación pública. Huechuraba cuenta con un solo liceo público de enseñanza media: el Centro Educacional Bicentenario de Excelencia de Huechuraba. Cuando una comuna tiene un solo liceo público, ese liceo deja de ser un establecimiento cualquiera. Se convierte en una oportunidad para cientos de familias y en un patrimonio de la comunidad. Por eso preocupa que, frente a las dificultades, la primera conversación sea cómo cerrar y no cómo fortalecer. Porque cuando una comuna pierde su único liceo público, no pierde solamente una matrícula: pierde parte de su capacidad de ofrecer igualdad de oportunidades.
Esa realidad adquiere aún más relevancia si se considera la distribución territorial de la oferta educativa. Para muchas familias del sector poniente de Huechuraba, no existe un liceo público en su propio entorno, por lo que el Centro Educacional Bicentenario representa una alternativa de enseñanza media municipal para estudiantes de distintos barrios de la comuna.
Porque una escuela pública no es solo un edificio. También es un proyecto de comunidad.
Por eso el verdadero desafío de una comuna no debería medirse únicamente por cuántas empresas llegan, cuánto crece la plusvalía o cuántos edificios nuevos aparecen en el horizonte. También debería medirse por la capacidad de garantizar que un niño de La Pincoya, El Barrero o Santa Victoria tenga las mismas oportunidades que cualquier otro niño de la comuna.
Las escuelas públicas son parte de esa igualdad.
Cuando una comunidad educativa enfrenta dificultades, la primera pregunta no debería ser cómo cerrarla. Debería ser cómo fortalecerla. Porque cerrar una escuela puede resolver un problema administrativo; difícilmente resuelve el problema social que la originó.
En medio de este debate sobre el desarrollo desigual, llama la atención que el alcalde de nuestra comuna haya respaldado públicamente la denominada megarreforma municipal. Si el objetivo de ese acuerdo es fortalecer a los municipios y entregarles mayores herramientas para responder a las necesidades de sus comunidades, entonces ese fortalecimiento también debería reflejarse en prioridades concretas para comunas como la nuestra. Porque hablar de desarrollo local también significa preguntarse cómo protegemos y fortalecemos nuestra educación pública.
Huechuraba no necesita que el lugar donde nace un niño determine las oportunidades que tendrá. Necesita que el desarrollo llegue a todos sus barrios. Porque una comuna no se mide solo por lo que inaugura. También se mide por las oportunidades que es capaz de construir para quienes nacen y crecen en ella. Ese es el verdadero desafío de Huechuraba.
