Poñén es una localidad de la comuna de Florida que es parte del Bío Bío a poco más de cuarenta kilómetros de la ciudad de Concepción, unida a caminos que hace algunos años recién fueron asfaltados. Florida es un lugar que cuenta con un reconocimiento en la producción de vinos que destacan entre medio de otros trabajos agrícolas que son el sustento económico de varias familias que por generaciones son quienes habitan este territorio con una marcada identidad campesina.
La Viña María Carlota es parte de esta cultura agrícola y vitivinicultora, en la cual el padre y abuelo Rafael se destacó en el cultivo y cuidado de un campo heredado de su madre Carlota, entre varios cultivos fueron apareciendo los de la vid con cepas que hoy son identitarias de esta zona chilena, entre ellas, Cinsault, País y Moscatel, siendo parte de aquellos que vendían su producción de vinos a granel en la ciudad de Concepción y que también servía para agasajar distintos trabajos de temporadas como la saca de papas, la trilla e incluso las mismas vendimias. Labores cotidianas que suelen ser pagados a temporeros o de colaboración entre las familias y amistades. Estos vinos eran realizados a lagar abierto, en zaranda, con pieles; por supuesto que sin diferenciar las cepas clasificando el vino simplemente en blanco y tinto, cuestión que en la época era comúnmente practicada por pequeños viñateros que no embotellan sus mostos.
Rafael tenía un especial cariño por su viña y fue formando a su hija la profesora Rosa Ester Durán Fernández, antes de morir hizo la repartición de su campo, encargándole a ella, especialmente, el cuidado de la viña, enseñándole el trabajo de la viña y de la vinificación, recomendándole a quienes invitar a la vendimias, recomendando incluso las comidas a servir los días que duran estos trabajos. Dando un ejemplo, a todos sus hijos de lo importante del amor a la tierra, el cual pervive como sentido de orientación a toda esta familia de agricultores.
Rosa Ester se sigue encargando del trabajo de la viña junto a su hija Paulina, dando impulso a la producción de vinos que hoy se embotellan, trabajando a la par en la mantención de la viña y la vinificación, usando levaduras nativas con buenas prácticas enológicas que requieren los vinos nobles. En el año 2020 dieron vida a su primera etiqueta que bautizaron como la “Buenamoza”, luego decidieron diferenciar el vino dadas las características de la viña que está en una loma, así es que se repartió el trabajo entre el alto y el bajo de ésta, realizando dos vendimias por año, buscando la mejor maduración de las uvas. La primera etiqueta corresponde a la loma baja y otra de sus etiquetas nombrada como “Poñén” es la de la loma alta. Ambas son tintas y reservaron el moscatel con la etiqueta catalogada como “Rafael”. Todos estos vinos son de alta calidad y ya comienzan a ser reconocidos como de los buenos vinos de esa zona que hoy representa un mercado importante de vino natural y de un desarrollo relevante para el enoturismo.
El trabajo de Rosa y Paulina constituyen un respeto por la tradición familiar, testimoniando el amor por la tierra, manteniendo un trabajo agroalimentario encontrando una identidad de convicción campesina compuesta por ese espíritu que compone la cultura de Poñén. Un territorio que mantiene prácticas que son parte de los oficios patrimoniales de nuestra cultura y sobre los cuales ellas tienen una clara conciencia del hermoso trabajo que realizan. Estas mujeres son parte de un movimiento de vanguardia que conoce el valor del buen vivir desde una cosmovisión agroecológica que otorga un sentido vital a la existencia capaz de convivir amorosamente con la tierra y con quienes ha habitamos.
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudio Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra
