Mayo de 2012
Los editores independientes y el espacio público
La cultura del libro como un bien público

En sociedades donde se ha sacralizado el dominio de la propiedad privada y el mercado, no es de extrañar el surgimiento de movimientos que buscan recuperar y repensar el rol del libro y la lectura en nuestras sociedades, destacando el valor cultural de la edición por sobre su carácter comercial, poniendo el acento en el compromiso con la cultura del libro como un bien público. Las tensiones entre comercio y cultura que se relevan en los desafíos de la edición independiente tienen uno de sus principales focos en el rol que asumen los editores independientes en el espacio público, y en particular en su compromiso con lo público. Algunas de las mismas palabras que aparecen una y otra vez en este debate “público”, “publicar”, “diversidad”, “memoria” y “democracia” dan luces de lo que está en juego.

1. “Perteneciente o relativo a todo el pueblo”. Como señala una de las principales acepciones de la palabra “público”, correspondería esperar que desde el Estado se defienda lo público, y desde los editores, “empresas comerciales”, lo privado. Los versos del poema satírico de Juan Agustín Goytisolo “Érase una vez el mundo al revés”, describen bastante bien la inversión de roles que ha marcado el rol de actores de la sociedad civil -en este caso de los editores- y del Estado en varios momentos de la historia. La defensa editorial de la libertad de expresión ante las censuras, de la libertad de pensamiento ante los dogmas, de la libertad de creación ante las religiones, son momentos repetitivos donde el mundo del libro: autores, editores y libreros, defienden derechos ciudadanos, derechos públicos frente a los estados...

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