Noviembre de 2013
El informe sobre la Escuela Nacional Unificada hace 40 años
La batalla de la educación en la UP

La cifra más reveladora del esfuerzo educacional del gobierno de la Unidad Popular es sin duda la del aumento global de estudiantes: de 2,47 millones en 1970 pasan a casi tres millones en 1973 (1). La llegada a las aulas de este vasto contingente plantea reformas que reduzcan la presión sobre las universidades encausando parte de los egresados hacia el trabajo.

El Ministerio de Educación, previa consulta a profesores, padres, estudiantes y trabajadores, presenta el informe sobre la Escuela Nacional Unificada (ENU) a principios de 1973. Busca racionalizar recursos e introduce cursos y prácticas de especialización tecnológica durante los cuatro últimos años de la enseñanza secundaria. Así, además de los conocimientos científico-humanistas, todos egresarán dotados de un diploma de técnico.

Pero por esos días los mandos de la oposición ya habían resuelto derrocar al gobierno por la vía de las armas. El rechazo a la ENU adquiere una especial virulencia ya que, en realidad, buscan crear a través de él un clima que justifique golpe. Campañas de prensa la presentan como una siniestra “revolución cultural que prepara el camino a la dictadura del proletariado” (2), mientras se alternan manifestaciones de detractores y de partidarios.

Hasta hoy los medios derechistas evocan a la ENU (que pocos leyeron) como un abyecto complot marxista de “control de las conciencias”, confirmando en cierta forma el teorema de Thomas enunciado en 1928: “Cuando los hombres consideran ciertas situaciones como reales, ellas son reales en sus consecuencias” (3).

El gobierno de la UP se inscribe en la corriente histórica que reivindica el derecho a la educación pública como vía de progreso y de emancipación de los desposeídos. Destina recursos que acrecientan la matrícula global de 2.477.254 en 1970 (47% de la población menor de 25 años), a 2.996.103 en 1973 (54%). La educación parvularia crece 53%; a la básica se incorporan 275.000 estudiantes (13,5%); a la media 143.000 (32%). La superior progresa de 83.000 (101%), la universitaria sola aumenta de 89,2% cubriendo 16,8% de la población de 20 a 24 años.

Tal desarrollo es acompañado por una importante inversión en infraestructuras: las construcciones escolares pasan de 79.000 m2 en 1970 a 195.000 m2 en 1971; aumentan los desayunos, almuerzos y los beneficiados con colonias de vacaciones. Se crean 4.200 puestos de maestros. Y mejoran los salarios de los profesores.

Se mantienen, sin embargo, casi todos los textos de estudio preparados bajo gobiernos anteriores; el ministerio sólo añade un texto destinado a la alfabetización de adultos (4). En el plano institucional, el ministro Mario Astorga, (ex presidente del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación) otorga al Consejo Nacional de Educación la calidad de consejo de desarrollo, lo que le permite formular propuestas; crea diez coordinadores regionales de educación y refuerza los equipos de la superintendencia dotándola de medios estadísticos, jurídicos, etc.

Pero tal crecimiento choca con los límites impuestos por las estructuras arcaicas del sistema educacional. Su consolidación requiere de reformas estructurales y curriculares.

La gestación
En 1971, el ministerio inicia un análisis crítico de la realidad educacional, primero en cada establecimiento, enseguida en congresos provinciales, y finalmente en el Congreso Nacional de Educación que sesiona en diciembre de ese año, con 928 delegados de docentes, estudiantes, padres, trabajadores, de diversas opciones ideológicas. Allí se alcanzan acuerdos sobre una educación científica, planificada y unificada, que valorice el trabajo. Pero se discrepa sobre la “construcción socialista” y “democratización”, enviando al gobierno documentos alternativos.

Basándose en los acuerdos, el gobierno publica en octubre 1972 el Decreto de democratización que instaura consejos de educación, (locales, provinciales y regionales), encargados de formular políticas educacionales, con participación de organizaciones sociales. Las objeciones de la Contraloría lo conducen a reducir el rol de éstas a meros asesores y a garantizar a los establecimientos privados su libertad de organización y de reclutamiento. El decreto es publicado el 12 de abril de 1973 (5).

Y en 1972 funciona una comisión presidida por el superintendente de educación Iván Núñez, encargada de redactar el informe “ENU”. Sus fuentes son diversas. Además de los acuerdos del Congreso Nacional de Educación, se considera el informe de la Comisión Internacional de Desarrollo de la Educación redactado por Edgar Faure, especialista de la UNESCO y ex ministro de Educación francés. Se consultan las recomendaciones de la Conferencia de ministros de Educación (Caracas, 1971), y la reforma educacional peruana. Hay también influencias de los sistemas educacionales de los países socialistas, de corrientes cristianas, especialmente de Paulo Freire, y del guevarismo.

El informe (6) (nunca fue proyecto de ley), es aprobado por el Consejo Nacional de Educación, previa consulta al Presidente y a los partidos de la UP. El 30 de enero 1973 el ministro Jorge Tapia lo presenta al país y la Revista de Educación que lo publica es tirada en 100.000 ejemplares. Su rol es iniciar un debate sobre las reformas que serán estudiadas por el próximo Congreso Nacional de Educación.

En sus páginas introductorias, el Informe califica al capitalismo como anacrónico y la educación vigente de reproductora de la sociedad de clases. Aspira a formular una política educacional que presupone la construcción de una sociedad socialista humanista, que valore el trabajo productivo y responda a las necesidades educacionales del ser humano desde el nacimiento hasta la ancianidad, a través de una política de educación permanente. Sin embargo, más allá de esta redundante reiteración, las páginas siguientes presentan, al menos, dos ideas de gran pertinencia.

Segmentación y unificación
Con el advenimiento de la enseñanza primaria obligatoria, en 1920, se acrecienta la distancia entre la educación privada y pública, y también la distancia entre filiales de la propia enseñanza pública. Los hijos de los desposeídos se instruyen en escuelas primarias comunes “numeradas” o en escuelas profesionales, atendidas por normalistas, con escasas posibilidades de ir más lejos. En cambio los hijos de las clases medias frecuentan las “preparatorias” anexas a liceos donde ejercen profesores universitarios, que preparan a la secundaria y abren perspectivas de enseñanza superior. En 1970 coexisten estas dos filiales, casi estancas.

Como respuesta a esta segmentación, una antigua corriente de pensamiento postula más “unidad” entre los sistemas, es decir, racionalizar los recursos materiales, humanos, técnicos o financieros. Existen, en efecto, establecimientos próximos, pero sin relaciones entre ellos, por estar vinculados a diferentes segmentos de la sociedad. La “unificación” queda a cargo de Complejos Educacionales con cierta autonomía, vinculados a empresas y universidades. Esto incluye los colegios privados que conservan su estatus garantizado por la Constitución, pero deberán participar de estas medidas para conservar subvenciones y reconocimiento de diplomas (7).

Más técnicos
Los principios de igualdad de oportunidades, de avanzar en la superación la división entre trabajo manual e intelectual, y de combinar estudio con trabajo, defendidos por las izquierdas, adquieren urgencia en 1973. La matrícula en la educación superior había pasado de 56.000 en 1967 a 127.000 en 1972. A ese ritmo de expansión –indica ODEPLAN– habrá un “dramático” aumento de costes a causa de la presión por ingresar a las universidades que absorben 40% de los gastos educacionales. El sistema educacional colapsaría en 1976, cuando estaban previstas las elecciones presidenciales.

El gobierno se niega a restringir el ingreso e impugna toda política que introduzca aranceles selectivos. Opta por disminuir esta presión reforzando la enseñanza media, particularmente la técnico-profesional, acrecentando la parte de alumnos secundarios que elijen el mundo del trabajo.

La principal innovación propuesta por la ENU es, sin duda, el currículum de los cuatro últimos años de la secundaria: cursos comunes continúan asegurando una base cultural y científica; otros, electivos, desarrollan las habilidades de cada cual; y una especialización tecnológica, elegida, toma la forma de cursos combinados con prácticas en empresas, predios, minas, puertos, etc.

Así, cada egresado de la secundaria tendrá una formación general que le permite dirigirse a los estudios superiores, y también un diploma técnico de nivel medio, eventualmente prolongable en un décimo tercer año, que lo capacita para trabajar (8).

La asonada
La oposición reacciona con una virulenta campaña contra la ENU, que adquiere la forma de una verdadera asonada en marzo y abril 1973. Tal encono encuentra al menos dos explicaciones.

La primera es política: el 44,51% obtenido por el gobierno en las elecciones parlamentarias de marzo priva a la oposición de la acusación constitucional, que requiere dos tercios. Esta se torna hacia los cuarteles y, más que debatir sobre cómo mejorar la educación, necesita crear un clima caótico que justifique el golpe.

La segunda es de índole psico-social: la propuesta de compartir recursos entre establecimientos, incluyendo los “particulares” elitistas, y de efectuar prácticas en empresas frecuentando sus trabajadores, es vivida como una horrible transgresión por las clases altas y por una parte de la clase media, por entonces traumada por el nuevo rol de “los de abajo”. El capitán Hernán Julio recuerda las reacciones de la oficialidad naval durante una conferencia del ministro de Educación en Puerto Aldea. Lo escuchan con franca hostilidad, pensando “esto es un lavado mental para fabricar un país de comunistas” (9). En otra conferencia un coronel grita encolerizado: “Soy presidente de un centro de padres; tengo siete hijos en edad escolar. ¡Mis hijos no irán a prácticas en las fábricas!” (10).

En un contexto de manifestaciones y violencia callejera, por y contra, la campaña de prensa se intensifica. El Mercurio dedica a la ENU casi un artículo cotidiano, a menudo en primera página, Su tenor es resumido en el folleto ENU. El control de las conciencias editado por la FEUC, por entonces golpista. Allí Javier Leturia, Arturo Fontaine y otros, denuncian un siniestro complot para convertir la educación en “adoctrinamiento” marxista-leninista, que pasaría a ser “ideología oficial del Estado”, como existió en a Alemania de Hitler y existe en Rusia, donde el educando pasará “de persona a robot de un Estado totalitario”. Luego Mario Calderón, abogado de la educación “particular”, afirma que en la ENU “se esconde en verdad el intento por impulsar una doctrina que desconoce el derecho y valor básicos de la educación familiar”. Vincular estudio y práctica, no es otra cosa que “obtener mano de obra gratis de parte de los escolares”, para “provocar la politización de los niños y la ruina de las empresas a fin de provocar su estatización”.

Por último, cuando la ENU ya estaba postergada, los obispos, -protagonizando tal vez el único roce entre la Iglesia y el gobierno- le reconocen “méritos pedagógicos” pero se oponen “al fondo del proyecto por su contenido que no respeta valores humanos y cristianos fundamentales” y agradecen al ministro su decisión de postergarlo (11).

En realidad, las críticas a la ENU no se refieren a sus propuestas. Presuponen siniestras intenciones ocultas del gobierno, o se basan sobre torcidas deducciones de las consecuencias “totalitarias” que tendría la aplicación de los principios socialistas expuestos en las páginas iniciales, criminalizando estas ideas.

A comienzos de abril las tensiones son tales que el Consejo Nacional de Educación anuncia la postergación del debate, asegurando que no habrá apresuramiento. Retrospectivamente, aparece que la idea de unificar sistemas educacionales racionalizando recursos y de incrementar la enseñanza técnica conserva buena parte de su validez.

1. Núñez Iván, 2003, La ENU entre dos siglos. Ensayo crítico sobre la Escuela Nacional Unificada, Ed LOM. 2. El Mercurio, 30/3/1973. 3. Garrigou Alain, 2013, http://blog.mondediplo.net/2012-03-27-La-production-de-la-croyance-politique#nb1 4. Núñez, 2003, 18-21. 5. Núñez, 2003, 28-30 6. Informe sobre la Escuela Nacional Unificada, 9 de marzo de 1973, en González Miguel, Fontaine Arturo (ed), Los mil días de Allende, 1217-1232. 7. Núñez, 2003, 66-71. 8. Núñez, 2003, 98. 9. Entrevista a Hernán Julio, 2004. 10. Huerta, 1988, Volvería a ser marino, vol II, Ed. Andrés Bello, 15. 11. Declaración de la Asamblea Plenaria del Episcopado sobre la ENU, Punta de Tralca, 11/4/1973.

*Historiador

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