Agosto de 2018
Gobernante busca su reelección por cuarta vez
Bolivia: El presidente Morales se enfrenta con sus aliados

“Mandar obdeciendo”: esta máxima tomada del subcomandante Marcos (1), que Evo Morales pronunció el 21 de enero de 2006, en vísperas de su primera investidura presidencial, simbolizó en su momento el compromiso del líder indígena y sindicalista boliviano de gobernar junto a los movimientos sociales que lo llevaron al poder. Su victoria, conquistada con el 53,7% de los votos el 18 de diciembre de 2005, aparecía como la traducción electoral de muchos años de intensas movilizaciones antiliberales. Su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), concebido como un instrumento político al servicio de las organizaciones populares, encarnaba pues la voluntad de hacer política de otra manera.

Pero más de una década después, esa herramienta democrática parece haberse convertido en una máquina de guerra principalmente destinada a garantizar la permanencia de Morales al mando del Estado, como lo evidencia la movilización del partido a favor de su reelección. Esa transformación no puede imputarse exclusivamente a las ambiciones de su dirigente, sin eludir un problema más profundo: la dificultad estructural con que se topa el MAS, cuando pretende conectar a un gobierno enfrentado a los avatares del poder con las organizaciones sociales siempre proclives –pese a su institucionalización creciente– a la protesta callejera en defensa de los intereses de sus bases...

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