A 70 años de la declaración de los Derechos Humanos. Urgencia por evaluar, educar y transformar. Por Sonia Brito, Lorena Basualto y Andrea Berríos

El 10 de diciembre de 1948, en París, se firma la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDDHH), proclamada por la Asamblea general de las naciones unidas. Este documento se constituye en un hito relevante, puesto que los países del mundo, con sus diversas culturas, razas e ideologías, se unen en torno al ideal común de la paz, el respeto a la dignidad de las personas y la voluntad de desplegar estos derechos fundamentales en sus propias constituciones y legislaciones.

Cabe recordar, que la Declaración surge en un contexto de post guerra, donde la humanidad se encontraba, destruida, impactada y cansada de los desastres causados por la segunda guerra mundial. Por tanto, acordar unos derechos mínimos para todas las personas en cualquier lugar y circunstancias, era una tarea necesaria y abordable para una humanidad traumada por la guerra. El reconocimiento de derechos básicos como la vida, la libertad, la dignidad, igualdad ante la ley, libre circulación, derecho a buscar asilo, y derecho a la educación (ONU, 1948), son fragmentos selectos de un documento que pretendió proporcionar un piso ético al desarrollo y a la construcción de relaciones fraternas entre las naciones.

A 70 años de esta carta magna, es perentorio revisitar el potencial de esta declaración y renovar hoy más que nunca su vigencia. Esta conmemoración se constituye en un aliciente para los estados, los gobiernos, las empresas, las instituciones y para toda persona que opte por renovar su compromiso por la paz. Además, es una oportunidad de mantener íntegra la convicción antropológica que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos” (ONU, 1948, art.1). Enunciado que necesita de acciones concretas de los gobiernos en cuanto a la promulgación de políticas públicas que promuevan el derecho a una educación que asegure las libertades, la equidad entre hombres y mujeres e, instar al desarrollo en todos los ámbitos de la vida. Promoviendo también el nivel de vida de la persona, a través de trabajos decentes, sueldos justos, entornos libres de contaminación, armonía y tranquilidad para que cada ser humano pueda desarrollarse y desplegar al máximo sus potencialidades. Del mismo modo pueda, amar y ser feliz. Todas estas buenas intenciones, encuentran sus barreras en la pobreza y desigualdades sociales, las brechas salariales, las diferencias entre naciones, países del primer y tercer mundo, países ricos y países pobres, las libertades restringidas, el desprecio al migrante, la imposibilidad de circular libremente y de cruzar fronteras, el impedimento a la libre expresión, entre otras.

Es importante señalar que se han hecho esfuerzos por darle vida a los derechos humanos, a través de la firma de un sin número de convenios, convenciones y cumbres para dinamizarlos, incluyendo la promulgación de derechos humanos de segunda y tercera generación, según las nuevas necesidades que surgen en un mundo interconectado, digital y globalizado. A pesar de todos estos esfuerzos, la Declaración universal se ha envejecido, se ha desgastado, se ha transformado en letra muerta y corre el peligro de ser recordada como un documento nacido desde la pesadilla de los horrores de la guerra y que descansa en la eternidad de un sueño utópico.

Ante tal fracaso de la humanidad, lo única respuesta posible es tomar la decisión de hacer un salto ético que traspase la racionalidad económica e instalándose en la lógica de la cooperación, el intercambio y la buena voluntad. Esto requiere esfuerzos mancomunados, inconmensurables, compromisos de las naciones, confianza, generosidad y renovación de liderazgos transformacionales amplios, desde un enfoque de amabilidad y reconocimiento a la “otredad”, con relaciones equiparables, en donde la diferencia sea un aspecto coadyuvante y no una amenaza.

Se debe poner especial atención en la DUDDHH (ONU, 1948, art.2), cuando afirma: “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Puesto que la práctica indica que, debido a intolerancias radicales y arbitrarias se han vulnerado de todas las formas posibles el derecho a la protección y a la dignidad de las personas, familias, grupos, colectividades, comunidades, ciudades, países.

Es evidente que el mundo ha experimentados profundos cambios desde 1948, sin embargo, se sigue sosteniendo la lógica de supremacía y explotación de los países millonarios, a los países pobres y monoproductores, a quienes le compran las materias primas y luego se las venden manufacturadas; explotando sus recursos naturales, contaminando sus aguas en la extracción de minerales y generando pérdidas irremediables en el ecosistema. Cuando ya han arrasado el lugar, como son depredadores, buscan otros territorios para recomenzar el ciclo de la devastación.

A 70 años de la declaración de los Derechos Humanos, se esperaría una autoevaluación donde cada gobierno, institución y persona natural, revisite el documento y realice su propia autocrítica, aunque seguramente el resultado de ésta sería que todos respetan los derechos humanos y por tanto su vulneración siempre es responsabilidad del otro… y el otro ¿dónde está?

Por tanto, es urgente examinar críticamente la DUDDHH, proponiendo nuevas rutas discursivas con una renovada carta magna que coloque explícitamente en el centro la justicia social, la reciprocidad, la bondad, la armonía, el amor y la democracia, en pos del bien común universal. La promoción y protección de los Derechos Humanos requiere que libertad, alteridad y equidad se constituyan en un andamiaje que sustente la vida buena; con dignidad, humanidad y en paz.

Referencias:

ONU (1948). Declaración universal de derechos humanos. Recuperado de https://www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf

Dra. Sonia Brito Rodríguez
Mg. Lorena Basualto Porra
Lic. Andrea Berríos Brito





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