Marzo de 2019
Las ciencias sociales al servicio de la “contrainsurgencia”
El intelectual como soldado

Desde la invasión a Irak, en 2003, el ejército estadounidense financia nuevas tecnologías para detectar a los “insurgentes”. Apoyándose en las ciencias sociales y la recopilación masiva de datos digitales, estas herramientas tienen aplicaciones mucho más allá de las zonas de guerra.

Detrás de una pantalla, un militar maneja un dron. A miles de kilómetros de la zona de operaciones, abre fuego sobre individuos en tierra. Esta escena, que se ha vuelto habitual, se desarrolla en Irak, Yemen y en África, en el marco de la lucha contra Al-Qaeda en el Magreb islámico y Boko Haram.

¿Cómo detectar al enemigo? Los militares ya no apuntan a un individuo identificado por la inteligencia humana, sino a un estereotipo conductual: una estructura de datos que caracteriza un comportamiento anormal. Si los analistas lo consideran peligroso, pueden contemplar su “neutralización”. A menudo, su identidad, su nombre, se desconocen antes de que se produzca su muerte. Lo que importa es, ante todo, la recopilación de indicios y datos masivos capaces de conformar una “firma” conductual: ¿qué hace? ¿A quién frecuenta cotidianamente? ¿Adónde se dirige? Programas informáticos elaboran luego perfiles y separan a aquellos que se desvían de la norma...

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