Marzo de 2019
Las fisuras del oligopolio audiovisual
Las recetas de Netflix

Una pequeña empresa de alquiler de DVD por correspondencia nacida en 1997, llamada Netflix, se ha convertido en una plataforma de video a la carta que tiene 140 millones de abonados en 190 países. El acceso es ilimitado, sin publicidad, y personalizado. Actualmente, todos los dispositivos conducen a Netflix, que busca imponer sus reglas.

La historia empezó con una proeza tecnológica: se trataba primero de ganarle a las descargas ilegales. Netflix diseñó, pues, una interfaz de una fluidez remarcable. En todos lados, todo el tiempo, sin perder conectividad, la resolución de la imagen se adapta a la velocidad de conexión de un número exponencial de usuarios. Netflix aplica esta “escalabilidad” (scalability) a través de su programa Open Connect y gracias al servicio “clood” de Amazon. Costo estimado: entre 30 y 80 millones de dólares por mes. Condición necesaria para alejar a los potenciales clientes de las descargas piratas.

Para fidelizarlos, es necesario contar con contenidos atractivos. Desde fines de los años 2000, Netflix negocia derechos de emisión con los estudios hollywoodenses y aprovecha el auge mundial de las series (Friends, La casa de papel, etc.) –que representan, en término de horas de programación, más de dos tercios del catálogo y de las visualizaciones–. Pero, desde el inicio, apuntó también al público de nicho...

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