“Antes y después” del Colectivo Animal en extinción. Por Alex Ibarra Peña

“No he sido cobarde
vengo del pueblo
sé qué va a pasar”

No es un secreto el buen nivel de la producción musical chilena, cada cierto tiempo, en momentos de reoriginalización, aparece lo genuino de nuestra “alma” (ánimo) orientando al proceso creativo. Es lo que queda de manifiesto de forma contundente en este primer disco del “Colectivo Animal en extinción” una banda post fulano con la formación de Jorge Campos (bajo y coros), Paquita Rivera (teclados y voz) y Álvaro Poblete (batería), más la incorporación de Guillermo Atria (saxos) y Mauricio Poblete (guitarra).

La propuesta de este quinteto sigue fiel a la música de vanguardia con una novedosa incorporación de un tono más radical cercano al rock progresivo, sin abandonar la mezcla virtuosa que posibilita la fusión como parte de un formato experimental.

Puedo decir que este disco viene a ser parte de la destacada producción nacional que tributa a nuestra tradición vanguardista que es capaz de persistir liberada de los márgenes que determinan los productos del mercado de consumo. Persistir es, en este caso una expresión de la resistencia en una concepción amorosa de la creación artística.

Es un privilegio escuchar estas composiciones musicales ejecutadas por músicos de destacada trayectoria que ponen en juego sus capacidades en una práctica que no renuncia ni a sus convicciones estéticas ni a sus visiones analíticas sobre la realidad. Hay la presencia de un movimiento de concientización que no elude la crisis política, pero sin caer en un escéptico nihilismo: “Te están mintiendo, te están robando, te están olvidando, engañando. Despierta”. Así reza la letra de la canción que da nombre al disco.

La música es un juego expresivo que coquetea, en sus versiones más honestas, con ese pacto con la belleza que conmueve al ser humano apartado de toda extravagancia, y cercana a su cotidiano. Sin caer en el facilismo de los relativismos propios de los tiempos de la post verdad, con meditado desenfreno se dibuja la voz profética humanizada, como constelación poética rokhiana: “Poeta furioso, canto de lluvia y de tempestad”; conocedor del reino de este mundo: “Sonriendo y sin alas, este es el cielo que puedo soñar”. Después de todo la vida, tantas veces, nos parece sólo un sueño.

Consideremos que el sueño es un horizonte familiar a la utopía, en cuanto hay la posibilidad para la realización de una acción transformadora, ese es el sentido más noble de una praxis que persiste –como es la propuesta de estos “animales en extinción” que como sea son también sobrevivientes-. Las huellas de nuestro pueblo alzado reclamando la autonomía por el respeto a sus formas de organización de la vida están presentes con intervenciones en nuestra lengua materna que escasamente hemos recuperado: “la vida siempre duele sino hay amor, sino hay verdad ni compasión” (monguen rumel kai kutran/ mai keno ayun/ mai keno mupiñ/ mai keno ferenechen).

Este viernes 14 de junio a eso de las 21.30 en el Club Amanda será la presentación en vivo de este nuevo disco que viene a engrosar el listado de la creación musical nacional de calidad bajo el amparo del sello El Templo Rekords. Estaremos frente a la posibilidad de congregarnos en el reconocimiento a una de nuestras tradiciones musicales de mayor prestigio. En tiempos difíciles se hace urgente recuperar la comunidad a la que siempre pertenecemos, es un acto responsable recurrir a la memoria que articula a un pueblo convencido en el valor de su historia superadora de la necedad más allá de lo trivial que parezca nuestro tiempo.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En estudios Americanos.

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