En kioscos: Junio 2026
Suscripción Comprar
es | fr | en | +
Accéder au menu

Incoherencias del presidente Kast y anticomunismo incrustado. Por Fabián Bustamante Olguín

Cuando en una declaración el presidente José Antonio Kast planteaba que la expulsión de inmigrantes que había prometido en la campaña presidencial era una metáfora —más allá de que en realidad eso era más bien una hipérbole y no una metáfora—, si se analiza finamente el discurso o la locución del presidente José Antonio, queda en evidencia que él ha llegado al poder más bien por otros motivos que se alejan de aquello que realmente había promulgado en su discurso como candidato. Y aquí paso a explicar.

Con esto quiero decir que José Antonio Kast enfatizaba en su política de campaña mucho una idea fuerza, que era el tema de la expulsión de inmigrantes ilegales y el tema de la seguridad, algo que preocupa a los chilenos hasta el día de hoy. Pero resulta que lo primero que él hace cuando asume como presidente es, en primer lugar, darle un poder importante a su ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y él, una vez en el poder y como ministro, hace algo que en términos de la derecha es algo poco “patriótico”: recortar beneficios a los propios chilenos. Han comenzado en Chile todas las políticas de recorte social; ya hemos visto recortes en hospitales, viviendas, salud y cultura. O sea, una política que en realidad está bastante lejos de ser una política “patriótica” o nativista, como en algún momento lo planteó Cas Mudde, politólogo neerlandés, para hablar de las nuevas ultraderechas radicales en Europa.

En realidad, nada de eso. José Antonio Kast lo que está haciendo ahora mismo es resguardar los intereses de clase de los grandes empresarios. Y en esto me gustaría también detenerme un momento, porque lo que está ocurriendo acá, en la práctica, no es otra cosa que la promoción de una verdadera lucha de clases, siendo que finalmente el concepto ha quedado fuera de uso dentro de las ciencias sociales. Pero en realidad esta lucha de clases existe: la clase alta de Chile, que está claramente representada por todo el gabinete de José Antonio Kast, impone políticas que les favorecen y está realizando todo tipo de agendas que, para ser honesto, no son algo lejano a la colectividad del Partido Republicano.

Es evidente que, en estas circunstancias, donde la sociedad es mucho más plural y más informada, este tipo de agendas del gobierno iba a traer conflicto, porque está muy claro que no favorecen a la gran mayoría de la población. Y de eso solamente estamos hablando de todo lo que ha repercutido en la capital, Santiago. Pero imagínese usted, señor lector, cómo eso está repercutiendo en las regiones, donde esta centralización que hay en nuestro país —a esta altura absurda— repercute más todavía, sobre todo en los lugares más aislados: en los pueblos al interior, en el campo, en el desierto, donde la ausencia del Estado ha sido prácticamente una constante.

Así entonces, ¿a qué quiero llegar con todo esto? Que el votante de derecha, o que se vio seducido por la campaña de José Antonio Kast, por ejemplo, con la idea de eliminar o, mejor dicho, expulsar inmigrantes irregulares o combatir el crimen organizado internacional, se ha quedado defraudado, porque José Antonio Kast les ha mentido. Cuando él dice que lo de la expulsión de inmigrantes es una metáfora, lo que está haciendo ahí, performativamente, es mentir, porque hay muchísimos videos donde él dice que lo primero que va a hacer es casi una cuenta regresiva donde los inmigrantes se tenían que ir.

Y aquí viene otra repercusión de todo esto: si ya en Chile existía una crisis de legitimación y de representatividad, hoy, con este discurso de José Antonio Kast, en la práctica se profundiza aún más este abismo entre la ciudadanía y la clase política, con la política y con los partidos políticos, además de esta sensación permanente de engaño. Este presidente, José Antonio Kast, como político era una persona de pocas luces, todos lo sabemos, y ha sido elegido; ahora está teniendo dificultades para gobernar porque no tiene coherencia. Y básicamente las personas que defienden a José Antonio Kast son personas que, más que anclarse en el discurso del presidente, se anclan en esa identidad antiizquierdista que hay en Chile, que más abajo voy a explicar.

Por ahora podemos decir que José Antonio Kast es un agente de desestabilización nacional importante, y creo que es menester subrayarlo, porque llevamos pocos meses de su gobierno y la situación está cada vez empeorando. Y quedan todavía varios años, por lo que la situación puede empeorar aún más.

Retomando lo anterior, quisiera tan solo terminar con la siguiente idea, que la he estado reflexionando durante estos días: la derecha chilena, a estas alturas, no sabemos si por convencimiento, incluso aún considera que el comunismo, entre comillas, existe en Chile, y peor aún, cree que el comunismo todavía gobierna en nuestro país. Incluso yo lo he escuchado hasta en ciudadanos de a pie y en algunos políticos.

Me parece interesante al respecto destacar el libro del historiador Marcelo Casals, La creación de la amenaza roja: del surgimiento del anticomunismo en Chile a la campaña del terror de 1964, quien en la página 20 dice lo siguiente: “El anticomunismo fue un elemento estructural del desarrollo político chileno en el siglo XX, en la medida en que condicionó los términos del debate público e influyó visiblemente en el discurso político de una serie de fuerzas que, de diferentes modos, se adhirieron a distintas variantes de esta polaridad ideológica”.

Y yo agregaría que, en el siglo XXI, e incluso después de más de 50 años del golpe de Estado, el anticomunismo sigue siendo un elemento estructurante del sistema político chileno, sobre todo para la derecha política, la derecha económica, la derecha social y la derecha religiosa. La derecha chilena ha creado una identidad en torno a esto; ha creado un componente subjetivo importante en sus votantes, en el que están absolutamente convencidos de ello.

Puede parecer insólito, pero efectivamente el anticomunismo sigue siendo un recurso discursivo en la derecha chilena que genera mucho afecto todavía; tiene una gran fuerza performativa. Pero el tema es que con eso no se pueden generar políticas de Estado, ni mucho menos. Y es lo que precisamente a José Antonio Kast le ocurre ahora mismo: no tiene un proyecto nacional. Una identidad basada en el prefijo “anti”, en este caso anticomunismo, no genera proyecto nacional.

La debilidad de este asunto queda demostrada en los comentarios en redes sociales, incluso de ciudadanos comunes que uno puede escuchar, hasta el conductor del colectivo, que perciben que el gobierno de Gabriel Boric es el causante de todos los problemas que tiene nuestro país. Se ha escuchado también incluso en las palabras del propio ministro Quiroz lo mismo, llegando incluso a pensar que el expresidente Boric era un “comunista”. Y obviamente eso no tiene ningún sentido. La Guerra Fría ya pasó; Rusia no es el estandarte del comunismo actualmente y, de hecho, hay que pensar que esa crítica al comunismo o el anticomunismo de repente se diluye bastante cuando actualmente existe un país gobernado por un partido comunista, como es China, que hoy está siendo el taller del mundo. De hecho, ahí los empresarios chilenos guardan silencio.

Pero como la política está llena de contradicciones, el anticomunismo sigue siendo un elemento aglutinador y genera un cierto componente afectivo en determinado sector de la población. Al final del día, ese anticomunismo ha servido para resguardar los intereses de las clases más privilegiadas de este país. Increíblemente, he escuchado comentarios de políticos, de gente de la televisión, de medios de comunicación y de ciudadanos de a pie que nos hacen recordar discursos del año 73, de la ultraderecha y de la extrema derecha de esa época. Y lo más triste es que han pasado más de 50 años del golpe de Estado y pareciera ser que las cosas no han cambiado mucho: cambia más bien la materialidad, pero la mentalidad sigue igual.

___

Fabián Bustamante Olguín. Académico del Departamento de Teología, Universidad Católica del Norte, Coquimbo.

Compartir este artículo