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Inflación: un impuesto a los más pobres. Por Patricio Guerrero M.

La gente sabe, por experiencia propia, el efecto negativo que tiene la inflación sobre la pérdida del poder adquisitivo en su vida cotidiana. También sabemos que ese efecto es mayor en los hogares que subsisten con un reducido nivel de ingreso, al punto, que algunos economistas denominan la inflación como el impuesto de los pobres, no sólo por la merma que genera en las oportunidades de consumo en este sector de la población, sino porque tampoco tienen posibilidades de enfrentarlo con ahorros previos.

La explicación más reiterada sobre el origen de las fuertes presiones inflacionarias que la economía chilena vivió entre los años 2021 y 2022, es la del impacto expansivo sobre la demanda interna de bienes que tuvieron, tanto los retiros anticipados de fondos de pensiones como las ayudas públicas que se otorgaron, para que los hogares de menores ingresos pudieran sortear los efectos negativos de la crisis económica provocada por la pandemia del Covid-19.

Uno de los argumentos recurrentes de quienes fueron críticos de dichos retiros anticipados, incluyendo al actual ministro de Hacienda cuando era presidente del Banco Central, fue precisamente su negativo impacto inflacionario, esto porque los hogares de menores ingresos permanentes aumentaron su liquidez de manera extraordinaria y con ello su demanda por bienes.

Lo que subyace en este hecho, es que el equilibrio macroeconómico de la economía chilena se sustenta en que esos hogares de menores ingresos, obviamente por esa misma condición, mantengan bajos niveles en su demanda de bienes. Dicho de otra forma, la economía chilena requiere que segmentos significativos de su población mantengan bajos niveles de consumo, de manera de sostener el ahorro que una parte reducida de la misma realiza.

De acuerdo con el último Informe de Política Monetaria (IPoM) emitido por el Banco Central en junio recién pasado, la inflación ha disminuido según lo previsto, verificándose una relevante caída del consumo privado de bienes, en el primer trimestre de este año, fundamentalmente de los bienes durables importados. Sin embargo, dicho informe señala también que en ese mismo período los hogares del quintil de mayores ingresos fueron los únicos que aumentaron su nivel de consumo, lo que verifica que su ajuste se ha concentrado en los hogares de menores ingresos.

Este aumento en el consumo de los hogares con mayores ingresos se ha realizado principalmente en servicios, razón por la que, según el mismo informe, sus precios se siguen manteniendo altos sin que hayan contribuido a la reducción de la inflación observada en los últimos meses. Esto significa que la estabilidad económica del país, en términos inflacionarios, depende de que la mayor parte de la población tenga un moderado o contenido nivel de consumo, incluso aun cuando una parte menor de ella pueda aumentarlo.

Sin embargo, esta moderación o contención del consumo, para cualquier economista, es la condición necesaria para que en cualquier economía exista ahorro. Es decir, no hay posibilidad de ahorro sin que haya sacrificio en el consumo. Lo paradojal es que en Chile este sacrificio lo hacen los hogares de menores ingresos, pero el ahorro lo realizan los hogares de mayores ingresos, que es donde se concentra, incluso aun cuando no hayan sacrificado su consumo y, al contrario, lo hayan aumentado. La única explicación de esta paradoja es la desigual distribución del ingreso existente en el país, que es una deuda pendiente que se resiste a ser saldada por la profundas reformas estructurales que implica.

Patricio Guerrero M.
Facultad de Ingeniería y Empresa UCSH

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