(Libros Pascal Editores, Santiago, 2025, pp. 373)
Este es un libro urgente —si es que esa cualidad puede atribuirse a un libro—. Urgente, porque Ricardo Espinoza Lolas expone nuestra realidad a cañonazos para despertarnos, tal como lo anticipa Huidobro en el prefacio: sin adornos ni decoros. Leerlo resulta tan doloroso como necesario. Es, precisamente por eso, un libro urgente: busca que seamos capaces no solo de observar, sino también de comenzar a salir del laberinto capitalista en el que nos encontramos hacia la barca del NosOtros.
Leer este libro es mirarse en un espejo del que quisiéramos escapar. Duele por su veracidad, por su carácter ominoso. Y, sin embargo, ese mismo bombardeo —abrumador por momentos— permite tomar distancia y observar el laberinto en el que estamos sumergidos: una ideología que enferma, que produce sujetos neuróticos, solos, atrapados en la inmediatez de un mercado que asigna valor y competencia allí donde el vínculo humano se desvanece.
Espinoza Lolas muestra con crudeza cómo esta lógica erosiona la posibilidad misma de un lazo real. Desarrolla la figura del devenir capitalista y del devenir “zombi”: el sujeto contemporáneo aparece como un sujeto enajenado que, desprovisto de vínculos significativos, queda capturado por lógicas de autoexplotación y de vacío. En sus formas más extremas, esta condición se manifiesta en actos de violencia radical. Episodios recientes —como los ocurridos en contextos escolares en Chile, particularmente en Calama— permiten entrever que no se trata solo de hechos aislados, sino de síntomas de una subjetividad profundamente dañada, producida en el seno de una cultura que erosiona sistemáticamente el lazo social.
Su crítica no se detiene en las instituciones o en los partidos políticos —que, según plantea, reproducen las mismas lógicas del mercado—, sino que alcanza a una sociedad empobrecida tanto en lo material como en lo espiritual.
Sin embargo, el libro no se queda en la denuncia. No se trata de una propuesta partidista ni de una mera negación del sistema, sino de una afirmación: la posibilidad de una “revolución del NosOtros”, un gesto pro-NosOtros. Esta propuesta se encarna en escenas concretas —casi cinematográficas, que evocan por momentos el mundo de Fellini— en las que una simple cazuela concentra tiempo, espacio e historia, dando lugar a una experiencia compartida que desborda la lógica del individuo aislado. Allí, en un cerro de Valparaíso, lo dionisíaco irrumpe como posibilidad: un modo de estar juntos que no está completamente capturado por las coordenadas del mercado.
En este contexto, la poesía adquiere un lugar central. No como refugio estético, sino como una forma de pensamiento capaz de fisurar el lenguaje instrumental del capitalismo. La poesía introduce una interrupción: abre la experiencia y restituye una relación más viva con el mundo y con el otro. Allí donde el discurso dominante reduce, cuantifica y normaliza, lo poético permite volver a sentir, a imaginar, a habitar la vida de otro modo. En este sentido, la poesía es una necesidad: una vía para hacer posible la emergencia de un NosOtros.
El libro recorre así un trayecto intenso, desde una aguda crítica psicosocial hasta la potencia transformadora de la tradición poética chilena.
Pienso que este libro es, en sí mismo, una clínica: una clínica del NosOtros dionisíaco, abierta a la experiencia compartida. Una invitación —urgente— a construir, en lo cotidiano, barcas que hagan posible navegar juntos la vida.
Vanessa Yankovic
