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Inicio del fin del mundo... Chile. Por Ricardo Espinoza Lolas

¿Por qué hablar de “NosOtros” y no de “Pueblo”? Y, además, expresarnos para dar con el humano en sentido pleno, por lo general, siempre en términos de “inicio” y jamás de “origen”. Y añadiendo, para esta columna de Le Monde Diplomatique, que nos movemos en el reflexionar sobre las elecciones de este domingo 15 de noviembre en Chile con una verdadera paliza que las múltiples derechas le han propinado a la izquierda, una muy empequeñecida y a punto de desfallecer. ¿Por qué los chilenos, a nivel histórico, le han dado su voto, con más de un 70%, a las derechas actuales: desde las anarco-nihilistas liberales a las fascistas? ¿Estamos volviendo a un pinochetismo encubierto? ¿No ha quedado nada del Estallido Social? ¿La ola mundial de derechas muy agresivas se ha viralizado por todas partes y, por ende, es la clave para interpretar las votaciones chilenas?

Un breve resumen de ciertos momentos que no podemos olvidar para entender este Chile en sus votaciones presidenciales. Octubre de 2019 ocurre el llamado “Estallido Social” (el país se “incendia”), en realidad fue una Revuelta que atentaba contra el modelo mismo en el que opera económicamente Chile ya por décadas hasta hoy bajo un autoritarismo generalizado junto a un clasismo brutal, se viene después el “Proceso Constituyente” totalmente diluído con pandemia dentro de sí que todo lo alarga en el tiempo a favor del mal Gobierno de Piñera y con ello acontece el primer Fracaso Constituyente (ni hablar del otro proceso que se volvió una chapuza) y todo esto bajo el nuevo Gobierno del joven Boric, que ha sido un Gobierno muy fallido, pero mucho mejor que el segundo Goberno de Piñera, pero que no pudo con la espectativa de los que votaron por él y menos con las necesidades reales de tanta gente que en Chile se siente abandonada a su suerte y no entiende (ya en la forma como en el contenido) un discurso de elite de izquierda y que, además, se les construye, por parte de los mismos de siempre, una ideologia del odio para resignificar ese malestar cotidiano y que se dé ese votante Hulk, con un yo superlativo y que se identifica literalmente con su candidato y así todo NosOtros cae de forma estrepitosa, porque no tiene fuerza impositiva alguna que cale los hueos de todos, sino que se ve como parte del problema mismo que atenta contra cada uno en su subjetividad individual. Lo peor de Boric debe haber sido su pésimo trabajo comunicacional; no pudo, ni con todos los medios que dispone en tanto Gobierno, generar una construcción y relato positivo de lo que hacía precisamente el Gobierno era bueno para todos. No supo leer a su gente en su cotidianidad material misma, no pudo contagiar a cada uno en su soledad material, finita e insegura de una alegría afirmativa de un NosOtros; de modo increíble, no vio lo que ha ocurrido en otras partes con millones de humanos que buscan después de la pandemia solamente tranquilidad, seguridad y que las cosas estén bien ordenadas para llegar a fin de mes. Su ingenuidad ha sido crucial para este retorno a lo reprimido de los chilenos: Pinochet y su autoritarismo radical han vuelto.

Y ahora en noviembre de 2025, dos partidos fascistas formales obtienen 38% de votos (casi 5 millones de personas los votaron), una derecha tradicional atomizada con 13% (con un poco más de 1 millón 600 mil que los votaron) y una anarco-derecha liberal de un 20% (más de 2 millones 500 mil personas) y una izquierda con algo, muy poco, de socialdemocracia, muy disminuida, de un 28% (casi unos 3 millones 500 mil votos): así van las cosas. Y si no aprendemos algo que es evidente, a saber, que el pueblo no es algo monolítico, nada esencial, ningún tipo de en sí, el que sea, porque siempre ese humano entre humanos y en medio de la realidad, en sus diferencias, en ese ser NosOtros, está en movimiento material en la finitud misma de nuestra animalidad más radical que se mueve: o desde el otro que produce confianza o del temor que nos causa odio.

Si se construye con odio al otro, es posible entender ese yo egoísta que quiere salvarse solo a base de más odio y negación del otro. Y si se construye con el Otro, como diría de modo metafórico como Barca, es posible que el yo se disuelva en parte o desactive algo y acontezca un NosOtros. En ese dinamismo material con Hegel, haciendo nuestra la historia material que nos constituye, de la mano de Nietzsche para que sepamos vivir en la materialidad de unos con otros forjando instituciones más sólidas ya la vez dinamicas y plásticas y que en su ligereza y liviandad no nos sintamos oprimidos una vez más, sin olvidar a Lacan que nos enseña una y otra vez que la propia neurosis que nos sumerge en el capitaliso es la madre de todas las traiciones y de las decisiones más aberrantes que tomamos para salir adelante, incluso contra nosotros mismos en tanto otro, podemos construir Barcas del NosOtros, porque en lo simple del diario vivir siempre Somos un Otro, un Otro de ese preciso neurótico yo traicionero que somos y allí está la salida a este laberinto actual: en ese Otro que nos toca el cuerpo en lo simbólico mismo que devenimos debemos movernos y en esa ligereza seguir luchando Unos con Otros para que podamos salir más allá de un autoritarismo radical y que se cancele todo tipo de movimiento en su diferencia. Nada está perdido, sino que está todo por hacer materialmente y no en un discurso universal abstracto sobre nuestras cabezas mirando a ideales que no se alcanzan para que sean estrellas a seguir; no, de eso no más. Chile es un inicio del fin del mundo y ahora mismo, a pesar de las votaciones, se puede reiniciar con el otro...

Chile se reinicia... desde el fin del mundo, desde un autoritarismo trasnochado, pero eficaz para estos tiempos y del dogma del capitalismo más extremo, pero también se vuelve a caminar desde no solo el odio al otro, sino también desde un modo de mirarnos a la cara con sinceridad y de esta forma podamos navegar en tiempos oscuros sin miedo, porque el otro siempre se impone y lo hará de un modo jovial.

Concón, 20 de noviembre de 2025

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