Erving Goffman, en “La presentación de la persona en la vida cotidiana”, construye un modelo dramatúrgico de la acción, parecido a una escenificacion teatral, para describir las interacciones y relaciones entre los individuos como una puesta en escena. Es decir, son actuaciones en un escenario, en el cual los individuos desempeñan un rol que sirve para influir en los otros. Ese rol representa el concepto que nos hemos formado de nosotros mismos. Es el yo que queremos ser. Refleja nuestra identidad y las expectativas sociales.
Por eso, para una actuación apropiada, se requiere desempeñar un rol sincero, que exprese siempre que lo que piensa y actúa es verdadero, de forma tal, que sea una forma de cómo queremos ser percibidos y de influir en cómo los demás nos valoran y nos tratan. De ahí que para Goffman “La sociedad está organizada sobre el principio de que todo individuo que posee ciertas características sociales tiene un derecho moral a esperar que otros lo valoren y lo traten de un modo apropiado. (pp. 25-26). Esto es, en una sociedad respetuosa, se debe reconocer y validar la identidad y las características de cada persona, sin prejuicios ni discriminación.
En este sentido, la obra de Rogazy, "Insectología", puede ser vista como una manifestación de su propia actuación en el escenario social. A través de su obra, 25 dibujos sobre papel blanco, ejecutados en grafito negro, acuarela, gouache y tinta china, en los cuales se aprecian distintos tipos de insectos (mariquitas, hormigas, etc.) que se posan o sobrevuelan genitales masculinos, Rogazy exhibe su habilidad técnica (de la que yo no sé nada), pero más importante aún es que expulsa, desde lo más íntimo y personal, un mensaje potente sobre la libertad de expresión, la aceptación del yo-mismo y la aceptación de la diversidad en la identidad humana; lo relevante que es para toda persona ser respetado, valorado, reconocido por cómo es, por lo que es, sin importar el género o condición. Así, el arte de Rogazy se convierte en un medio para afirmar su propia identidad y para desafiar las normas sociales (que aún hoy) pueden limitar la forma en que las personas son percibidas y valoradas.
Al decir de Goffman, Rogazy actúa con sinceridad, mostrando en su obra su verdad personal sin temor a ulterior juicio. Si Goffman sugiere que cada persona tiene el derecho moral de ser tratado con respeto y dignidad, Rogazy reclama y ejerce ese mismo derecho a través de “Insectología”. Más aún, Rogazy comparte con los otros, el producto de su reflexión interna, del diálogo que sostiene con su yo-mismo durante el contexto de la pandemia por Covid-19, y nos dice “Este soy yo. Es lo que soy y cómo soy”, lo que hace que su obra sea todavía más auténtica y sincera. Para Goffman “…cuando un individuo proyecta una definición de la situación, con ello hace una demanda implícita o explícita de ser una persona de determinado tipo, automáticamente presenta una exigencia moral a los otros, obligándolos a valorarlo y tratarlo de la manera que tienen derecho a esperar las personas de su tipo. También implícitamente renuncia a toda demanda a ser lo que él no parece ser, y en consecuencia renuncia al tratamiento que sería apropiado para dichos individuos. Los otros descubren, entonces, que el individuo les ha informado acerca de lo que «es» y de lo que ellos deberían ver en ese «es».” (pp.26).
Finalmente, lo más importante es exigir (no abogar) por el reconocimiento de la individualidad y la complejidad de la identidad humana, y que la sociedad aprenda a valorar a cada persona por lo que es, cómo es y cómo se expresa.
