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¿Internacionalismo obrero en pleno siglo XXI? Por Francisco Elgueta Molina

«El Pueblo unido jamás será vencido», gritan eufóricos los obreros latinos en las calles de Minnesota, al tiempo que millones de manifestantes salen en distintos países del mundo a protestar en contra de las políticas imperialistas norteamericanas.

¿y en Chile?

Algo pasa en Chile que la inercia nos tiene atónitos o quizás abúlicos frente a graves situaciones, como la eufemísticamente llamada en los medios de comunicación tradicionales como “extracción”, al brutal secuestro de Nicolás Maduro y la violación de la soberanía venezolana.

Podemos estar a favor o en contra de la situación política en Venezuela, pero de lo que no podemos estar de acuerdo, es que una super potencia se arrogue el derecho de intervenir groseramente en un país infinitamente inferior en términos económicos y militares, con el único fin de provocar miedo en los países del orbe, sobre todo a sus vecinos, y de paso hacerse del petróleo, en un contexto en que China le gana espacio de influencia en la región.

Algo pasa también en el mundo: el silenciado genocidio en Gaza, la crisis militar en Irán, Taiwán y Ucrania. No es necesario ser un experto en geopolítica para advertir que la tercera guerra mundial está a punto de reventar y sus protagonistas serán los países agrupados en la OTAN, principalmente Estados Unidos, además de Israel y Japón por un lado, contra los países del BRICS, en especial China y Rusia.

Pero ¿qué pasa con la clase trabajadora?

Lenin prometía «pan, paz y trabajo» en medio de la crisis del imperio zarista ruso, en plena primera guerra mundial.

Es que es eso lo que necesita la clase trabajadora: pan, paz y trabajo y eso es lo que están exigiendo en las calles de distintos estados del imperio del norte, al tiempo que su presidente amenaza con invadir Groenlandia, México o Colombia, y de paso, Cuba.

Todo parece indicar que la clase trabajadora está recuperando su sentido internacionalista ante la amenaza global. Al gritar la célebre frase popularizada por Quilapayún, el «pueblo» del mundo que «unido, jamás será vencido» tiende a reconocerse como tal, otra vez en la historia. Es que ante la crisis de los imperios que arrastra a los peones al tablero donde se reparten el poder los poderosos, a la clase trabajadora no le queda otra opción que organizarse para hacer frente al avance de la violencia imperialista.

Al mundo le urge el socialismo: romper las cadenas del neoliberalismo y de los gobiernos de ultra derecha que nos quieren arrastrar a una nueva guerra fratricida, con avanzadas tecnologías militares, en que las bombas atómicas y de hidrógeno parecen un juego infantil de soldaditos.

Los latinos en Minnesota se saben internacionalistas, reconocen como derecho humano inalienable la migración en búsqueda de mejores pastos, como lo ha sido desde siempre, desde que la humanidad llegó a este mundo.

La propiedad privada, nos advertía Engels, nace de actos violentos de apropiación de bienes que antes nos pertenecían a todos, y parece que la clase trabajadora, por fin, ha recuperado la memoria. Los explotadores, no importa su nacionalidad, hacen todos lo mismo: explotar para extraer la plusvalía de los trabajadores, y adueñarse de las tierras, imponiendo sus «Estados naciones».

La unión de la clase trabajadora y la construcción del socialismo internacionalista, es la única salida ante la violencia genocida a la que nos pretende arrastrar los Estados Unidos, un imperio en decadencia, que a través de una guerra mundial intenta reponerse ante el irrefrenable avance de China, una super potencia dirigida por un partido comunista.

Sí, China es dirigida por un partido comunista, y aunque no es un modelo socialista puro, menos aún comunista, dirán los ortodoxos, hay que tener en cuenta que en un contexto de libre mercado global, no es sino a través de las reglas del capitalismo que se puede dar un paso adelante, sin olvidar la urgente necesidad de construir una sociedad justa, en que se garanticen los derechos humanos básicos, con el foco en el desarrollo pleno de sus habitantes.

El socialismo internacionalista es posible, así lo demuestra China al enviar toneladas de ayuda a Cuba, una pequeña isla asfixiada por un brutal bloqueo por más de 60 años, y que a pesar de eso permanece de pie, digna y soberana.

La revolución es el único camino, nos dijo Lenin, cuyas palabras resuenan hoy más que nunca en el corazón del imperio, entre habitantes empobrecidos haciendo largas filas para conseguir un trozo de pan, y que se manifiestan en las calles recordándonos que si «el pueblo» de distintas nacionalidades se une, «jamás será vencido».

Si «los trabajadores del mundo se unen», nos instó Marx en su manifiesto comunista, estaremos ad portas de la caída del capitalismo y del auge del socialismo.

No falta mucho.

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