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Investigación en Chile: destacando en Latinoamérica, haciendo mucho con poco. Por Rodrigo Crisóstomo Zúñiga

Hace unos días, levantó polvareda la declaración hecha por Sebastián Edwards, en un seminario de Moneda Patria Investments, quien afirmaba que para que las principales Facultades de Ingeniería chilenas fueran competitivas mundialmente, estas debieran escindirse de sus universidades, haciendo alusión directamente a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

En forma de réplica respondió, a través de una columna, el Decano de la FCFM Francisco Martínez, quien rebatió a Edwards, destacando entre sus argumentos la baja proporción del PIB destinada a Investigación y Desarrollo, en comparación con los países OCDE (Chile tiene un 0,34% v/s alrededor de un 3% del grupo de países señalado).

Bajo este prisma, es importante destacar que la Academia chilena ha hecho un gran trabajo con una cantidad de recursos baja, y si nos comparamos con nuestros “rivales” del vecindario, tomando en promedio los años 2007-2020, la fracción del PIB destinada a este ítem por parte de Brasil, Argentina y México es superior en 230%, 54% y 12%, respectivamente (Fuente; Banco Mundial[1], se debe considerar que México muestra un descenso desde 2017), y esto es relevante dado que dichos países albergan instituciones de renombre como la U de Sao Paulo (y otras brasileñas), la UBA y la UNAM, que aparecen consistentemente como las mejores de Latinoamérica junto con la Universidad de Chile y la PUC en rankings internacionales como ARWU y QS.

En ese sentido, cabe preguntarse hasta cuándo esperaremos para que el financiamiento de la investigación y sus ecosistemas relacionados en Chile mejore y se desbloquee el tremendo potencial que tienen nuestras instituciones. Esto es un llamado directo a la clase política que no muestra señales de avanzar en temáticas como ésta.

Además, debieran reducirse drásticamente los focos de conflicto en las universidades, ya que, con el incremento mencionado, se podrían atender las legítimas demandas de las comunidades universitarias en mejoras, por ejemplo, de infraestructura, y aislando a grupos que solo buscan figuración política para pavimentar futuros cargos legislativos o de Gobierno, persiguiendo solo fines particulares y partidistas.

Al final, el recurso más importante que tenemos como nación no es ni el cobre, la fruta, la celulosa o la industria pesquera, sino que es el intelecto de nuestros compatriotas.

Rodrigo Crisóstomo Zúñiga, académico Facultad de Ingeniería y Empresa UCSH.


[1] https://datos.bancomundial.org/indicador/GB.XPD.RSDV.GD.ZS?locations=OE&name_desc=false

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