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Irene Geis: una periodista de intensas pasiones. Por Oriana Zorrilla

Apasionada por las noticias, sarcástica, certera de opiniones y una voz de tonalidades inconfundibles, Irene Geis llamó a sus más cercanas amigas y colegas para decir adiós a un mundo inhóspito para los y las periodistas “de antes”.

Es cierto que estaba algo aislada por sus dolores físicos y del alma, pero la corresponsal extranjera, escritora y atractiva mujer que nació en Alemania, se va con la admiración y la gratitud de quienes compartieron con ella labores profesionales, de sus alumnas/os de cátedra en las universidades de Concepción, Universidad de Chile, Bolivariana y Academia de Humanismo Cristiano y de los lectores de sus libros publicados entre 1984 y 2015.

Se reconocía como una mujer “de izquierda”, sin militancia, que escogió su trinchera siendo reportera política del vespertino La Segunda al conocer entre los periodistas del sector político a Manuel Cabieses y, en su paso por la Universidad de Concepción, la impactó esa pléyade de dirigentes encabezados por Miguel Enríquez. Admitió haber militado en el MAPU a instancias de Rodrigo Ambrosio, sin embargo, su espíritu libertario no la amarró por mucho tiempo. Fue a Salvador Allende a quien le dedicó su máxima admiración y respeto, tanto por su vida como por su muerte.

Hija de un matrimonio judío-alemán llegó a Chile de dos años, se sintió siempre desarraigada al ser tratada como “judía de mierda” en su infancia en un colegio religioso. En el Liceo 7 descubrió su vocación de periodista y luego de estudiar con las primeras generaciones de la Universidad de Chile se transformó en reportera del diario La Tercera, redactora de revistas Flash y directora de Siete Días.

También fue conductora y editora de programas en Canal 9 de la Universidad de Chile, primera mujer directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Concepción y cronista sobresaliente en el vespertino La Segunda. Su extensa carrera periodística la hizo merecedora del premio Lenka Franulić y el del Taller 60 que otorga Casa de Las Américas, ambos en 1967.

Irene Geis vivió un amargo exilio en Argentina y en Alemania transformándose en una reconocida periodista del matutino La Calle y luego en La Opinión, además de recoger el material para dar a luz sus libros Exiliario y Copa de Vinagre.

De regreso a Chile encontró un país complejo y a personas que eran capaces de atravesar la calle para no encontrarse con ella. Junto con incorporarse a la revista Análisis, Pluma y Pincel y directora de Fortín Diario, seguía trabajando como corresponsal de IL Manifesto, Latinamerican Newsletter y del vespertino bonaerense La Razón, como de la revista Nueva Sociedad de Venezuela.

Dos anécdotas de Irene Geis en la memoria. Una que recuerda Patricia Collyer cuando les decía a los periodistas jóvenes de Análisis “traten de llegar inteligentes mañana”. Y otra en mi memoria: en una de las múltiples manifestaciones en defensa de la libertad de expresión durante la dictadura, caminábamos con mordazas por la calle Huérfanos, con abrigo “de piel”, después de asistir a un desayuno para corresponsales extranjeros con una alta autoridad de Gobierno. De pronto, comenzó la represión y fuimos subidas en vilo a un carro policial. Irene con voz autoritaria exigía nuestra libertad. Llamaron a un carabinero de más rango, quien exclama: “¿qué hacen estas viejas pitucas aquí”. Irene, de inmediato, responde: “pitucas sí, pero no viejas”. Fuimos liberadas al instante, sin usar las mordazas, desde luego.

Impulsiva y muy estricta, el apego y rigor por las noticias era a toda prueba, sentía que el periodismo perdió con Pinochet, con la transición y en la actualidad. Efectivamente, en estos años se va extinguiendo una forma noble y sabia de ejercer el periodismo.

Vehemente en sus afectos y su cercanía con Argentina era una amante del tango, ese ritmo y esas letras que trasmiten agonía, a veces llanto y quejas, sensualidad y sentimientos, compañerismo y amistad.

Una de sus mejores amigas, Mary Zajer, la despide con un verso de “Naranjo en Flor” el tango favorito de Irene: “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento. Perfume de naranjo en flor, promesas vanas de un amor que se escaparon con el viento”.

Hasta siempre Irene Geis, amiga y colega. A partir de hoy todos somos más pobres sin tu presencia.

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