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Jara y su adversario histórico. Por Cristopher Ferreira Escobar

Un rasgo distintivo de la democracia actual es que se fundamenta en la deliberación; por lo tanto, entra en juego el convencimiento en el ámbito perceptivo de la interpretación. Queda, entonces, por comprender que la democracia es el espacio vital donde se agregan las preferencias individuales, dado que es la estructura más formal del paradigma representativo de la mayoría.

La democracia actual, entendida como aquella que se fundamenta en el voto como su elemento central, entre otros aspectos, se encuentra en una constante disyuntiva y en un conflicto permanente. Esto se debe a que está permeada por la noción de pluralidad como un elemento neurálgico; es decir, cúmulos de subjetividades e intereses diferenciados que gozan de un estatuto de verdad. Cuestionar esas subjetividades, en cualquiera de sus ámbitos, resulta políticamente incorrecto, ya que la verdad de la democracia radica en la validación de la diferencia y de la otredad. Por lo tanto, lo que sigue a modo de conclusión —sin ser forzado ni sintético— es que lo que caracteriza a esta pluralidad como elemento democrático es el reconocimiento.

Diversos autores plantean los desafíos de esta democracia plural, la cual no se considera algo anómalo, ni algo que deba perderse o evitarse, sino más bien algo que debe fortalecerse. Si la democracia exige que nadie detente la verdad, los indicadores de certidumbre en una sociedad estarán siempre en disputa, abiertos, en conflicto y en constante disyuntiva.

Ahora bien, el contexto actual de la democracia plantea dos grandes desafíos para la conducción política, tanto a nivel del gobierno central como local —problemas, en todo caso, ya conocidos—: en primer lugar, la configuración del interés general de los votantes; y, en segundo lugar, la gestión estratégica permanente para obtener la mayor aprobación posible. De este modo, el reto de una gobernadora o un gobernador consiste en canalizar el conflicto entre intereses y preferencias individuales y colectivas agregadas, expresadas en una organización, un movimiento, etc., hacia un proceso de construcción del interés general mediante una estrategia constante. Es en este punto donde la candidata Jannette Jara enfrenta dificultades, ya que su carrera presidencial se juega en el plano simbólico, es decir, en la percepción de “quién soy yo para los demás”. Su sola presencia genera un impacto que se enfrenta continuamente a una carga valorativa histórica: primero, en relación con el rol del Partido Comunista de Chile; en segundo lugar, con la imagen que se tiene de las políticas comunistas en términos comparativos en nuestra región, bajo el clásico eslogan “Chilezuela”; y, por último, con la continuidad del gobierno actual del presidente Gabriel Boric.

Jeannette Jara enfrenta una lucha contra un rival más complejo que cualquier candidato, pues su verdad, al final del día, se juega en el espacio simbólico de los votantes.

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