1. Mi lucha es el libro publicado por Adolf Hitler entre 1925 y 1926 –son dos tomos: el primero se titula “Retrospección” y el segundo “El movimiento nacionalsocialista”– y fue editado, en primera instancia, por Emile Maurice (su chofer) y posteriormente por Rudolph Hess, su secretario personal y probablemente su devoto más confeso. Como es sabido, el texto fue escrito durante los 9 meses que estuvo Hitler en prisión después de intentar un golpe de Estado en 1923 contra la república de Weimar, más conocido como el “Putsch de Múnich”.
2. Más allá del sadismo que ya asomaba como pulsión de exterminio hacia los judíos (la tesis central va, justo, de “el peligro judío”) y de ser uno de los tratados anticomunistas más repulsivos que se haya conocido, el libro revela sin reservas su estrategia geopolítica de expansión de Alemania y la recuperación del glorioso pasado imperial con el cual Hitler deliraba. A partir de nociones tales como el “empuje hacia el este” o “el espacio vital alemán” conjugadas con sistemáticas alusiones a la pureza y perfectibilidad infinita de la “raza aria”, de lo que hablamos es de un texto que mezcla una suerte de intento vergonzoso de teoría política con el relato autobiográfico de cómo, al futuro führer, se le fueron manifestando una a una las “revelaciones” que vendrían a coordinarse en su trizado aparato psíquico y que lo confirmarían, entonces, al interior del perímetro mesiánico del salvador de un pueblo en ruinas después de la Primera Guerra Mundial. Él era la voz, primero, rehabilitadora y después hipnotizante que transformó a un país entero en una comunidad de zombis habitando en la ciénaga de la más extrema y anárquica crueldad.
En breve, es un libro/porquería en términos de estilo, escritura, nivel de manejo de la teoría (nulo), sin diques a los hologramas genocidas y racistas que van apareciendo en el relato en la medida que se avanza y que, al final, no refleja sino el odio extendido, rizomático y en todas sus formas que pulsaban en el interior de Hitler; un programa pasional, infamante y en éxtasis, pero al mismo tiempo absolutamente claro en su proyecto. El libro, se insiste, es un artefacto racista-eugenésico que podría tirarse a la basura desde la primera página. Sin embargo, no es posible desecharlo, porque por sobre la brutalidad destaca como el texto que, en la historia, expresa como ningún otro el alma de una maldad
En este sentido es excepcional; una loa, una alabanza al odio creado por un taumaturgo bestial y narciso fuera de serie; un filisteo de la muerte que gozaba cual opíparo con la destrucción porvenir que maquinaba en la parte más frontal de su mente.
2. Hasta donde entiendo Johannes Kayser no ha escrito nunca un libro; su concepción de la política es tosca pero efectiva, como la estrategia hitleriana. Minarquista radical (ideología que reduce a cero el rol del Estado), su lenguaje está a medio camino entre el tilde castrense y el anarquismo “libertario”. Todo esto lo ubica en una posición bizarra, extraña, extremista ingobernable. Ahora, es claro que su obsesión militarista no lo confunde. Ayer, en lo que fue el cierre de su campaña, hizo trinar a una masa narcotizada de pinochetismo la estrofa de “Nuestros hombres valientes soldados” (“¡Estaban bien fusilados esa gente en Pisagua!”. J. Kayser, noviembre 2021).
Y aquí está su lucha, una que, probablemente, ganó.
El punto es que nunca imaginamos que podía existir algo más a la derecha de Kast. Ultraderecha levemente diferente pero profundamente sádica en su concepción de la moral y la superioridad que debe prevalecer a la luz de un mundo en el que se desplazan horizontalidades múltiples que amenazan su conservadurismo, también, mitocondrialmente pinochetista. Empero Kayser logró ocupar ese espacio y esta es su victoria (“Lo que pasa es que también tienes ahí una especie de esquizofrenia. Las mujeres dejan de ir al parque a trotar porque tienen miedo de inmigrantes que las pueden violar, pero siguen votando por los mismos partidos que traen a esa gente y tú realmente te preguntas si el derecho a voto fue una buena idea”. J. Kayser, noviembre 2021). Pero aún más.
No importa si pasa o no a segunda vuelta. Lo que logró es que se abra siempre un nuevo pórtico que permitirá el tránsito a la derecha de la derecha. Kayser deja suspendida una zona por ocupar; una tierra fértil para más y más derecha. Se configura de este modo una radicalidad por encima de la radicalidad misma. (“A Chile solo debiesen venir refugiados palestinos cristianos. No repitamos el error y el horror de Europa”. J. Kayser, septiembre 2025).
Esta fue su lucha, y salió victorioso no con un único discurso hiper-sensible a la pureza –aunque en él se resuman todas las características de un fascismo, digamos, contemporáneo: nativismo, militarismo, misoginia, racismo, xenofobia, aporofobia, homofobia, en fin– sino que a propósito de la generación de una región difusa, tenebrosa y oscura en la que la derecha no cesará de superarse a sí misma, de colonizar “tierras raras”.
Pensamos que habíamos llegado al límite con Kast. Sería un error de proporciones pensar lo mismo con Kayser. Entonces el horror, el monstruo, lo que aún no tiene representación, no reconoce una terminal para su mutación; se adapta, se metaboliza y se vuelve arma retórica. La misma que en sus invocaciones místicas lograron revivir al fantasma que dábamos por desaparecido: Pinochet.
Mas la potencia del espectro no radica en su extinción sino en su asedio; asedio que, al día de hoy, se codifica como una prédica sin parámetros a la vista… situada en la proa de la historia a punto del abordaje y del poder total.
“Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos” (E. Cioran).
Javier Agüero Águila
Universidad de los Lagos
