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Juegos Panamericanos 2023: cuando el racismo provoca vergüenza. Por María Emilia Tijoux y Aaron Michelow

Al terminar los Juegos Panamericanos 2023 y en un contexto de “euforia medallística”, la seleccionada nacional por atletismo Berdine Castillo, publicaba en sus redes sociales un comunicado señalando irregularidades, hostigamiento y discriminación en el proceso de selección de las atletas chilenas para la modalidad de relevo 4x400 damas. La corredora daba cuenta de los intentos arbitrarios e injustos del Coordinador del Relevo, cuyo propósito era reemplazarla junto a su compañera Poulette Cardoch por otras atletas en la carrera a sólo horas de la competencia. Ante esta situación, las autoridades de la Federación intervinieron dando de baja al Coordinador y ambas atletas fueron reintegradas al equipo. Sin embargo, dicha reintegración no fue bien vista. Las recibieron con desdén y debieron soportar gritos e insultos de carácter racista y clasista por parte de personas externas y de familiares de atletas que cuestionaban su presencia en el equipo. Ante los malos tratos, Poulette decidió no participar mientras Berdine decidió correr.

¿Podemos imaginar por un instante lo que sintió esta joven cuando fue humillada? ¿Es posible concebir que el racismo continúe manifestándose, y en este caso, en los Juegos Panamericanos que tanto han llenado de orgullo? Sin duda, no debemos normalizar estos actos hacia ninguna personas y, en este caso, hacia una atleta que participaba representando al país que ha hecho suyo. Al respecto Berdine advertía: “Pareciera que más allá de cualquier mérito que pudiéramos demostrar en la pista, la idea era que siempre asumiéramos un papel secundario en el equipo”. ¿Por qué el papel que ella jugaba tendría que ser “secundario”? Sabemos que el racismo es un sistema de poder que abarca todas las dimensiones de la vida. Sabemos también que no es un hecho nuevo en Chile y que ha permanecido para dañar a muchos pueblos. Lamentablemente, hoy se actualiza para castigar los logros de una atleta cuyo origen surge como una marca que consigue que la discriminación de carácter racista permanezca.

Si reflexionamos sobre el hecho de que el deporte contribuye a la unidad de los pueblos, podemos pensar también en la importancia que tiene para tantas y tantos jóvenes participar en estos juegos. Entonces, es vergonzoso comprobar que las odiosidades que se advierten en discursos y en prácticas que se han tejido a lo largo de nuestra historia, operen hoy sin mayor respuesta de la sociedad cuando se trata de menoscabar con el propósito de apartar o separar a quien surge como un “peligro”. ¿Acaso su presencia estaría cuestionando lo que significa ser chilena?

Lo que señalamos deja en mal pie al deporte en general, especialmente si pensamos en la importancia que éste tiene para la vida cotidiana, económica, política y cultural de las sociedades latinoamericanas (1). El deporte se convierte en terreno de disputa cuando las competencias deportivas entregan la posibilidad de enfrentar a otros países consolidando fronteras e identidades nacionales, y por lo tanto, insertando y reproduciendo una identidad homogenizada por medio de objetos y actos cotidianos como son las banderas, las imágenes y los himnos nacionales (2) . A la luz de lo vivido por Berdine, hemos visto como se refuerza el sentimiento de un “nosotros” grupal frente a un “ellos”, que se considera inferior o subordinado debido al origen, al color de piel o a la condición económica.

Lo ocurrido invita a pensar en la fuerza de este “nosotros chileno” que se ha construido sobre una matriz colonial y racista. No olvidemos que el Estado en constitución del siglo XIX buscó construir a su nación a partir de una homogeneización cultural europeizante con pretensiones de blancura y modernidad, exterminando a los pueblos indígenas, negando la herencia africana y promoviendo una inmigración “civilizadora” europea para mejorar la “raza” chilena. El racismo ha sido un fenómeno constitutivo del Estado-nación chileno que logró construir un “nosotros” para diferenciarnos del “ellos” indígena y afrodescendiente, considerados otredades subalternas.

En lo vivido por Berdine, como también en lo que ha ocurrido en otros deportes a lo largo del tiempo, podemos ver que el racismo lamentablemente no ha dejado de hacerse presente. Al mismo tiempo que se aplaude a quien gana las medallas, se humilla a quien se busca sacar del juego debido a una racialización que tiene carácter histórico y político. Y es que parece que “solo a medias” se acepta el ingreso de “nuevos-nacionales” a los equipos chilenos.

Las Federaciones y el Comité Olímpico de Chile han apostado por nacionalizar atletas a los que denominan “futuras promesas deportivas”, apelando a la nacionalización por gracia y a otros mecanismos al Estado. Incluso, existe la denominada “Ley Matsubara” que facilita los procesos de nacionalización para atletas que no son chilenos con la finalidad de incluirlos en competencias internacionales. Obviamente, esto contrasta con los múltiples obstáculos que viven las personas migrantes que no son deportistas y que trabajan cotidianamente para ser aceptadas. Los medios de comunicación también han participado para construir discursos respecto a estas “nuevas promesas deportivas”, haciendo hincapié en su sacrificio, su constancia, y su deseo de ser chilenos. Sin embargo, y más allá del deporte que practican y de los éxitos que puedan tener, estos jóvenes forman parte de familias y de comunidades que precisan el mismo reconocimiento.

Estamos en deuda con Berdine, como estaremos eternamente en deuda con Joane Florvil que ni siquiera tuvo la posibilidad de comunicarse para explicar lo que le sucedía. Pero Berdine habló y dio cuenta de la injusticia que contiene el comportamiento racista, pues llevando consigo su origen y su historia, es una chilena que no ha dejado este maltrato en el silencio. Berdine alzó la voz frente a quienes suponían que pueden seguir impunemente racializando a las personas. Felicitamos a todas y todos los atletas que han representado a Chile en estos juegos. Y felicitamos a Berdine por haber defendido su lugar en una competencia que no debiera tener fronteras de ningún tipo.

Notas:

[1] Albaraces, P. (2000). Los estudiossobre deporte y sociedad: objetos, miradas, agendas. En P. Albaraces, Peligrode Gol. Estudios sobre deporte y sociedad en América Latina (págs. 9-11).Buenos Aires: CLACSO; Albaraces,P. (2004). Entre la banalidad y la crítica: perspectivas de las CienciasSociales sobre el deporte en America Latina. Memoria y Civilización, 39-77.

[2] Moreno, H. (2013). La invencióndel cuerpo atlético. Revista de Atnropología Iberoamericana, 8(1), 49-82;Besnier, N., Brownell, S., & Carter, T. F. (2018). Theanthr

Dra. María Emilia Tijoux Merino. Socióloga y profesora titular en la Universidad de Chile.
Aaron Michelow, Sociólogo. Profesional de la Universidad de Chile

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