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Justicia territorial: cruce serrano, un sueño que une a la comuna de Pudahuel. Por Fabián Esteban Lizana Vasquez

Pocas veces la expresión “obras son amores” adquiere tanta fuerza como en el caso del cruce —o, como también se le ha denominado, el atravieso— de la calle Serrano. Más que una intervención de infraestructura, esta obra constituye un gesto concreto de justicia territorial, en tanto vuelve a conectar el sur y el norte del territorio urbano comunal de Pudahuel.

Durante décadas, el desarrollo de autopistas y grandes ejes viales operó como un verdadero dispositivo de fragmentación urbana, profundizando dinámicas de segregación y desconexión barrial. Tal como advierte Lefebvre (2013), el espacio es una producción social atravesada por relaciones de poder. En ese sentido, las infraestructuras no solo organizan la movilidad, sino que también producen desigualdades, limitando el ejercicio pleno del derecho a la ciudad (Harvey, 2008).

Desde esta perspectiva, dichas configuraciones territoriales deben comprenderse como expresiones materiales de injusticias sociales más amplias. En el contexto chileno, este proceso se inscribe además en las lógicas del urbanismo neoliberal, donde el desarrollo urbano tiende a privilegiar la rentabilidad del suelo por sobre el bienestar colectivo, generando territorios fragmentados, desiguales y profundamente excluyentes (Smith, 2002).

Esta dinámica puede leerse también desde la noción de necropolítica propuesta por Mbembe (1999), en la medida en que ciertos territorios y poblaciones son expuestos sistemáticamente a condiciones de abandono, precariedad y vulnerabilidad (Smith, 1996). Bajo este marco, la fragmentación de Pudahuel no constituye un efecto secundario del desarrollo, sino la expresión de una racionalidad que distribuye de manera desigual las posibilidades de vivir con dignidad en la ciudad.

Asimismo, estas transformaciones se inscriben en el horizonte más amplio del Capitaloceno, entendido como una fase histórica en la que la acumulación capitalista reorganiza los territorios en función de su valorización económica, intensificando las desigualdades socioespaciales y deteriorando las condiciones de vida en los sectores periféricos. En este sentido, las autopistas que atraviesan Pudahuel pueden ser leídas como infraestructuras del capital que, al mismo tiempo que conectan flujos globales, fragmentan vidas locales (Moore, 2015).

En este escenario, el cruce Serrano emerge como una infraestructura que no solo enlaza puntos en el espacio físico, sino que también rearticula tejidos sociales previamente interrumpidos, restituyendo condiciones mínimas para una vida urbana más equitativa.

La materialización de esta obra responde, además, a una gestión municipal que ha situado el territorio y a sus comunidades en el centro de la toma de decisiones. Desde un enfoque de planificación participativa, donde las demandas vecinales han sido escuchadas, atendidas y valoradas, fue posible transformar una aspiración histórica en una realidad concreta. Este tránsito, que va desde la demanda social hacia la acción pública efectiva, tensiona las formas tradicionales de planificación urbana y abre paso a una gobernanza más democrática del espacio.

Así, el cruce Serrano simboliza el paso de la postergación hacia la dignidad urbana, consolidándose como un avance significativo en la construcción del buen vivir en Pudahuel. No se trata únicamente de mejorar la conectividad, sino de restituir derechos, acortar distancias sociales y proyectar un territorio más integrado, justo y habitable (Santos, 2000; Soja, 2010).

Este proceso no ocurre de manera aislada. Se articula con una serie de intervenciones complementarias en ejes como Bonilla y Arrau, donde progresivamente se ha ido reconfigurando el espacio urbano, particularmente en el sector norte de la Ruta 68. En estos territorios, históricamente relegados por las lógicas del desarrollo infraestructural, emergen hoy nuevos usos y formas de apropiación: espacios para el deporte, actividades comunitarias y diversas prácticas que devuelven vida a sectores antes marcados por el abandono.

Estas transformaciones dan cuenta de una reapropiación territorial desde abajo, donde la comunidad activa nuevas centralidades, resignifica el entorno y disputa los sentidos impuestos por la planificación hegemónica. De este modo, tanto el cruce Serrano como las intervenciones en Bonilla y Arrau configuran un corredor de integración socio-territorial que no solo mejora las condiciones materiales, sino que también reconstruye vínculos, memorias y horizontes de vida en común (Santos, 2000).

REFERENCIAS

Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio (E. Martínez Gutiérrez, Trad.). Capitán Swing. (Obra original publicada en 1974)

Smith, N. (1996). The new urban frontier: Gentrification and the revanchist city. Routledge.

Smith, N. (2002). New globalism, new urbanism: Gentrification as global urban strategy. Antipode, 34(3), 427–450. https://doi.org/10.1111/1467-8330.00249

Mbembe, A. (2003). Necropolitics. Public Culture, 15(1), 11–40. https://doi.org/10.1215/08992363-15-1-11 Moore, J. W. (2015). Capitalism in the web of life: Ecology and the accumulation of capital. Verso.

Santos, M. (2000). La naturaleza del espacio: Técnica y tiempo, razón y emoción. Ariel.

Harvey, D. (2008). The right to the city. New Left Review, 53, 23–40.

Soja, E. W. (2010). Seeking spatial justice. University of Minnesota Press.

El autor es Profesor de Historia y Ciencias Sociales, Magíster en Geografía de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Doctor(c) del Programa de Doctorado en Geografía del Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile. Financiamiento: ANID DOCTORADO NACIONAL 2022-661370. Correo: fslizana@uc.cl

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