Unos van por un sendero recto...
Unos van por un sendero recto,
Otros caminan en círculo,
Afloran el regreso a la casa paterna
Y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.
Ana Ajmátova
Las izquierdas y los “progresismos inciertos” se han empecinado en reducir a José Antonio Kast a la recomposición securitaria del campo social, asfixiando “lo político”. Y pese a que el populismo punitivo compromete una restauración moralizante, las lecturas contingenciales -clase política y comunidad de expertos- desatienden las raíces integristas de un conservadurismo radical. En los últimos días, y ante los espantos, el Rector Carlos Peña ha encabezado una discrepancia contra el candidato del Partido Republicano, asumiendo que nos llevaría al caos iliberal. En horas de frenesí, el campo crítico y los progresismos -sin proyecto horizonte, ni semántico- han abrazado con distintas intensidades el término “neofascismo” -agregando el sufijo-.
Ciertamente Kast representa un cesarismo que goza de un fondo hegemónico que se venía deslizando antes del estallido social (revuelta del 2019) con una impugnación a la modernización, desde a una lectura testamentaria de Jaime Guzmán. Pero los factores no solo aluden a la urgencia de orden gatillada en los últimos cinco años, cual corta duración. La hebra implica releer los bizarros eslabones -hilos de voces- entre el Partido Republicano que hunde sus huellas, en tensas filigranas, con autores tales como Jaime Eyzaguirre (un devoto hispanista), Osvaldo Lira (tomista hispánico), Encina (antihispanismo), Michael Novak (la teología americana de la vía media), hasta las relaciones enrevesadas, pero vivas con F. von Hayek. El desborde moral del modelo terciario ha sido puesto en suspenso por la erótica moralizante. El “momento conservador” ahora sería un universal genérico e invariante, donde el “plus de goce” es la moral de Guzmán cual espectro que no cesa de llegar. Una identidad cristalizada, que no goza de “porosidades”, efectos de contaminación y trayectorias inestables. Las kastización reclama la univocidad (homogeneidad) de toda hermenéutica política y cierra los espacios entre pensamiento conservador y partidos de derechas.
El líder de Republicano ha cultivado desde hace una década un proyecto (tanático) que busca fumigar la derecha transicional -licenciosa- dada su deriva socialdemócrata que habría socavado su núcleo identitario. Con todo, hay una pereza cognitiva en cuanto a diagnósticos, porque Kast imputa un neoliberalismo amoral (aliancismo). Los “progresismos inciertos” solo comentan en la corta duración- sus diferencias con los gobiernos de Sebastián Piñera y con una derecha laxa (UDI promiscua) abierta a los procesos de liberalizacion cultural.
El tránsito hacia la nueva rearticulación de una derecha popular fue aquello que impulsó Pablo Longueira -vocación de Guzmán- en las poblaciones a comienzos de los años 90’. Pero tal doctrina derivo hacia una tensión con su vocación pinochetista, dada las aperturas culturales de la globalización (accesos, servicios, consumos). La orientación "neofascista" (que tienta como significación y genera un salivar ansioso) ahora “volvería” como alternativa junto a la ira de las poblaciones vulnerables que reclaman un orden con pistola.
En suma, familia, seguridad, orden, se suman a los narcos en medio del aluvión geopolítico y una abundancia de liderazgos coléricos. El conservadurismo radical designa, pues, una tecnología del poder orientada a la producción de identitarismos salvajes que han secuestrado el imaginario popular por la vía de la erotización que comprende la agresividad moral como una “absoluta enemización”. Lo anterior se entremezcla con el descalabro geopolítico, la inmigración, el otrocidio como de producción y el estancamiento en políticas del desarrollo.
El retorno integrista ofrece una gobernabilidad opaca, a diferencia de las fracturas de Chile Vamos (Neoliberalismo sin moral). En suma, una alternativa populista al interior del propio desborde neoliberal para restaurar un capitalismo hiper-conservador. En suma, aquello que Longueira impulsó en el campo popular, se vio frustrado temporalmente bajo la oleada "progresista", incluyendo el movimiento 2011. Bajo el boom de las modernizaciones, no era el momento de mantener el discurso pinochetista, pero ahora el orden punitivo se inserta en la era de Donald Trump.
La pregunta es, cuál será la genealogía pendiente entre "cultura del rechazo" y mundo popular pinochetista en la revuelta del 2019. En efecto, no es suficiente la tesis de Lucy Oporto, que alude al lumpenfascismo como Polaroid contigua/eficientista. Tampoco es posible una “lectura exprés” de Octubre (estallido) como única condición de posibilidad de la Kastización de la política. En el fondo diferenciaciones vernáculas e internas al interior del programa modernizador (sin suspenderlo) que lleva al líder de la ultraderecha a reponer una monarquía tecnológica del XXI. Lo lamentable, es que esta lógica implica asumir que el único que goza de proyecto es Kast y eso implica admitir el momento hegemónico de la subjetividad neoliberal.
El Partido Republicano nos ofrece un "neoliberalismo espirista" con el goce de la convicción moral. Establece un nuevo mapa político, que no solo rearticula a las fisonomías de la derecha, sino que ha confinado al progresismo a un centrismo conservador, a saber, acuerdos, liberalismo, democracias (como un per se), la seguridad – y el mérito. Los obstáculos resultan difíciles de sortear en la candidatura de Jeannette Jara, pues dada la desregulación de los años 90’, no existe un “progresismo de izquierdas”, o bien, un polo con agenda de transformación o reformista. Esto es un largo y complejo proceso a la hora de construir hegemonías, porque en su intensificación neoliberal (elital) el progresismo es incapaz de discutir el estatuto político de la democracia.
Por fin, Jeannette Jara es la expresión de múltiples feminismos. Abraza las "vidas populares", eriazos y potencias con extensión de territorios, y no del "pueblo homogéneo”. Atisbar algún destello octubrista es un abismo (posible) que la condena a la decepción infinita. Y nuevamente, la fantasía tanática para tiempos que requieren volver a inscribir el ejercicio de la crítica en un campo de posibilidades sin el fantasma de lo i-limitado.
La candidata de izquierda oscilará entre un progresismo plebeyo, un centrismo inexistente, la democracia y un PC con latencias desarrollistas. Todo indica que los espantos nos asedian. Cual noche de los cristales rotos.
Dr. Mauro Salazar
UFRO-La Sapienza.
