Ya pasó el llamado tiempo de instalación del presidente José Antonio Kast en el actual gobierno, por tanto, viene bastante oportuno colocar sobre la mesa la ausencia de discusión legislativa en materia “valórica”, o bien, de lo que el gobierno entiende por “agenda valórica” y su deliberación respectiva. En este sentido, para nadie es un misterio que la derecha a la cual representa el mandatario alberga profundas discrepancias, distancias y críticas a esa idea de “legislar a favor de las libertades individuales”, entiéndase por estas últimas aborto libre, eutanasia, adopción homoparental, legalización de drogas, regreso de la pena de muerte, matrimonio igualitario, entre otras tantas.
En primer lugar, es indispensable recordar que tras la Constitución de 1925 Chile se convirtió en un Estado laico, ello significa que el país dejó de tener una religión oficial según lo establecía la Constitución de 1833 Artículo N°5 donde la religión oficial del Estado era la católica, apostólica y romana con exclusión del ejercicio público de cualquier otra. A su vez, se propagaría y emanciparía de manera superlativa un credo denominado “evangélico protestante”, cuya bandera de lucha fue la educación, el trabajo social, el servicio público y la extensión de comunidades cristianas al servicio del país. Sin duda, estamos frente a una libertad religiosa en construcción, y ante una tolerancia religiosa amplificada, dicho de otra manera, un cambio de paradigma para la sociedad civil chilena, o sea, sin tintes religiosos, dogmáticos y absteniéndose de legislar en la discusión pública bajo ideales propios de la vida privada de un individuo en materia valórica. En la actualidad, nos encontramos frente a una temática profundamente arenosa como lo es la denominada “agenda valórica”, ella es interpelante y símbolo de piedra en el zapato para un gobierno que dice ser de “derecha”. El tema es ¿Qué tipo de derecha? ¿Liberal solo en lo económico y “fruna” en lo valórico? ¿A favor del mercado y ajena a preservar el favor de la decisión personal de un individuo en materia ética moral?
En segundo lugar, José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, enfoca su plataforma valórica en la protección de la familia tradicional, la defensa de la vida desde la concepción y el orden público. Propone políticas basadas en valores conservadores, incluyendo el fortalecimiento del núcleo familiar, libertad de enseñanza y posturas contrarias al aborto y la eutanasia. De esta forma, sus ideales se podrían resumir en términos sintéticos de la siguiente manera. (1) Familia y Vida. Defiende la familia como base de la sociedad, promoviendo políticas que fomenten el trabajo formal y la creación de una sala cuna universal para evitar que la mujer deba elegir entre trabajar y cuidar a sus hijos. (2) Seguridad y Derecho a la Vida. Mantiene una postura firme contra el aborto y, en general, se opone a la eutanasia, promoviendo la protección de la vida desde la concepción. (3) Libertad de Enseñanza. Defiende el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos, enfatizando la libertad de enseñanza. (4) Estado de Derecho y Orden. Enfatiza el orden público y la seguridad ciudadana, con un enfoque en la lucha contra la delincuencia y el narcotráfico para proteger a la familia. Tal vez, en materia valórica, suena utópico para el gobierno al menos deliberar, ya que es algo ausente en la discusión legislativa, por consecuencia, sigue estando al debe en relación a la deliberación congresista sobre eutanasia, aborto y una serie de temáticas adyacentes a la discusión pública país.
En tercer lugar, la ausencia de “agenda valórica” para muchos es sinónimo de izar la bandera de lo privado (convicciones religiosas) tratando de incidir en la toma de decisiones en materia ético moral a través del servicio público. Sin embargo, lo cierto es que muchos olvidan que “irónicamente” vivimos en un Estado laico, por tanto, la mera pretensión de relegar la discusión de la llamada “agenda valórica” en pro de “cuidar la familia, vida, bien común, matrimonio, entre otros tantos axiomas saludables”, indudablemente suena medieval, antiguo y arcaico, ello considerando que Chile muestra al mundo su “modernidad y razón” en el Estado.
Por último, el amado liberalismo es una ideología política, teórica y conceptual que versa sobre la base de una filosofía política que tiene una lectura del ser humano y sus libertades, a su vez, de cómo funciona el mercado, la sociedad civil, la moral ciudadana, el trabajo, entre otros tantos elementos. Un país se gobierna con ideas, ideas y más ideas, no con aprensiones “morales”. Un mandatario y gobierno están para liderar y preservar la paz según el contrato social, no para pretender que una nación tenga limitaciones en materia valórica por “argumentos dogmáticos”, claro, se necesita un avance en materia de industria, seguridad, orden público, vivienda, entre otros tantos puntos a discutir, sin embargo, también es indispensable avanzar en materia de diálogo en lo que respecta a eutanasia, aborto, adopción homoparental, etc., de lo contrario, solo tenemos un liberalismo amante de lo mercantil y económico y distante de la reflexión y deliberación parlamentaria en políticas públicas que fomenten una horizontalidad sobre temas valóricos a nivel nacional. Por ahora, el gobierno de José Anontio Kast y la ausencia de “agenda valórica” refiere para la población chilena la siguiente pregunta: ¿Miedo, dogmatismo, silencio permanente o todas las anteriores? Juzgue Ud.
Benjamín Escobedo Araneda
Secretario Ejecutivo de la Sociedad de Historia de las Iglesias Protestantes y Evangélicas de Chile.
Estudios de Doctorado en Historia.
Licenciado en Historia – Licenciado en Teología.
Columnista – Escritor – Docente.
