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Kurt Pahlen: el ingreso de los compositores chilenos a la Historia Universal de la música. Por Alex Ibarra Peña

«También ellas sabían de música, lógicamente,
hace siglos, pero generaciones nacionales y extranjeras,
hoy olvidadas,hubieron de trabajar
en la creación de un arte propio».

Sobre la influencia de Austria en América después de la diáspora que trajo consigo la guerra sabemos poco. Los estudiosos, más preocupados en Europa, poco han observado esta influencia cultural en nuestros países. A pesar de que nombres como Schubert, Haydn, Shönberg, Wittgenstein, Klimt, Freud, Popper, no nos parecen tan desconocidos. En nuestro país, todavía se recuerdan los nombres de Desiderio Papp y de Kurt Pahlen.

La obra historiadora de Pahlen, en torno a los compositores americanos es señera y novedosa para su época, al incorporar en su libro un capítulo dedicado a América, a toda la América desde el sur al norte. Pahlen, fue un incansable viajero, lo que le permitió conocer de cerca la actividad musical en nuestro continente realizando un estudio por periodos desde lo precolombino, la colonia, la independencia y las primeras décadas del siglo XX.

Con los músicos chilenos tuvo una relación cercana con Domingo Santa Cruz, importante compositor que dirigiera la Sociedad Bach y la Escuela de Música de la Universidad de Chile que asimilaba el patrimonio y la tarea del Conservatorio Nacional fundado en 1850, tres años antes de la fundación del Teatro Municipal de Santiago en 1853, que se anticipó en cuatro años antes que el Teatro Colón de Buenos Aires, casi treinta años que el Metropolitan Opera de Nueva York, más de 50 años que el Palacio de Bellas Artes de México y que el Teatro Municipal de Río de Janeiro.

En el libro «Historia gráfica universal de la música» (1944), hace un listado de al menos veinte compositores chilenos, entre los que menciona a P. H. Allende, Enrique Soro, Próspero Bisquertt, Carlos Lavín, Celestino Pereira, Alfonso Leng y Aacario Cotapos. Los dos últimos miembros del influyente Grupo de los Diez, que en su Revista publicaban partituras de estos compositores.

Otra consideración de Pahlen tiene que ver con la integración de poesía de la Mistral en algunas de sus publicaciones de rondas infantiles, hay cartas documentales que testimonian esa relación de reconocimiento a la obra de la poeta.

En el libro «Frontera y límite en su marco mundial: Una aproximación a la fronterología» Kaldone Nweihed señala que observó que el río Bío Bío era la frontera con el pueblo Mapuche; tesis que resulta interesante frente a la visión de que el walmapu es sólo la llamada araucanía.

Volviendo a la música, me parece relevante el interés del musicólogo austriaco por ir destacando la producción musical que supera la mera imitación de Europa con la integración, podríamos decir, de los elementos de la cultura popular, pero especialmente en el caso particular de este autor, de los elementos indígenas. Pahlen integró a nuestros compositores al canon universal de la música, al ver en ellos ese trabajo que va adquiriendo un carácter nacional, en algún sentido opuesto a la universalización del europeísmo, sentencia que nos deja al final del libro: «Ahora, al despedirnos,, el punto final también es un símbolo promisorio: la juventud americana, pura, noble, pujante, en cuyas manos y corazones la música abrirá nuevos horizontes de belleza».

Alex Ibarra Peña.
Dr. Estudios Americanos.

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