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La Alameda de Las Delicias: sabores de la comida chilena. Por Alex Ibarra Peña

"Y allá en tu Alameda
de acacias gigantes,
donde buscan las sombras
los tiernos amantes
colgara su nido
tu alado cantor".
(Rosario Orrego. "A Santiago")

Santiago es una ciudad que merece ser recorrida, vivenciada y habitada. El destino de las grandes ciudades depende de ese encanto que provoca el cariño. En estas ciudades la existencia transita por generaciones quedando en ellas las huellas de las almas que las han habitado. Las ciudades viven por sus historias son estas las que van determinando el pulso de sus arterias, aquí se hace necesario ese ejercicio de memoria en donde la escritura aparece como un dispositivo en contra del olvido y también testimonio que legítima su forma de ser en esa dialéctica positiva entre el pasado y el presente.

La imagen de la "Alameda de las Delicias" causa el efecto de vincularnos de manera inmediata con los sabores. La hoy Alameda que lleva el nombre de uno de los próceres de la Independencia tiene la función de aludir a un hecho constitutivo de nuestro Estado Nación, es decir de uno de los hitos criollos a favor del nacionalismo o en otros términos de un comienzo que buscaba forjar un tipo de identidad que superara la herencia colonial y también la indígena, eso fue parte del proyecto criollo desde sus inicios decimonónicos, una ciudadanía separada de la tradición hispana y negadora de los ancestral. Un símbolo de la modernidad y del progreso que pudiera reflejar el quiénes somos auténticamente, de ahí que La Alameda sea lo que se puede llamar un espacio popular.

Recorrer esta avenida nos enseña algunas cuestiones históricas, entre algunos hitos, la iglesia San Francisco con su museo religioso colonial, las casas centrales de las principales universidades chilenas, el cerro Santa Lucía (Huelén), hermosos pasajes como París/Londres y los de la Bolsa de Comercio, palacios como el Club de la Unión y los del Barrio Dieciocho, la Moneda con sus huellas por el bombardeo, el GAM, la Plaza de La Dignidad, la Biblioteca Nacional, etc. Todos estos lugares van guardando historias, ya que contienen esos relatos de lo que somos.

Eso que somos aparece también en los sabores, las comidas que podemos considerar parte de nuestra identidad cultural, principalmente entre sanguches y cazuelas, dos preparaciones emblemáticas que han sobrevivido a distintas modas gastronómicas que se han ido quedando en nuestras mesas. La Alameda de Las Delicias sigue siendo un lugar relevante para encontrarnos con nuestros sabores haciéndonos la bonita invitación a que recorramos la ciudad y la sigamos habitando.

Si partimos desde el Poniente, la fuente de soda Zacarías a la entrada del Barrio Dieciocho nos llama a considerar una detención, así como a los alrededores del paseo Ahumada aparecen el Red y el Derby, hacia el oriente podríamos considerar El Baquedano. Aquí se puede disfrutar del sanguche, la cazuela y acompañarla de una morenita o una cristal que le dan un toque nostálgico a la imagen.

Otros lugares imperdibles para buscar una mesa y darse el gusto con sabores populares de la comida chilena, son varios y mencionaré algunos, siguiendo el sentido desde poniente a oriente. Detención obligada, que lamentablemente ha ido acortando su horario nocturno es la Unión Chica con su altarcito a los poetas Teillier y Lihn, grandes conocedores de la bohemia de su época, varios platos de la herencia española como los callitos, la tortilla de papas, las prietas, la lengua y el pernil, siguen siendo los principales de su carta.

El "Bar Alameda" que se ha ido convirtiendo en lugar protagónico para la bohemia en la esquina de la calle Portugal, en su carta están los sanguches Barros Luco, Chacareros y Completos, junto a los platos de Mechada y Plateada, opciones de pescados, con varios tipos de cervezas y destilados, aquí se puede ir desde el desayuno al comienzo de la madrugada.

Casi al frente, en el inicio del Barrio Lastarria en un pasaje peatonal que da al Gam, se encuentra el José Ramón 277, con una contundente carta de sanguches tradicionales de las fuentes de soda santiaguinas, más otros como son el de prieta o el churrasco marino, también están las pichangas, ostras y erizos imperdibles. Aquí se puede beber cervezas artesanales, sidra, vinos naturales y de autor, o pasar a la coctelería de autor con los destilados. Además de la comida suelen haber actividades culturales de difusión literaria y musical principalmente.

Santiago sigue vivo, tiene una intensidad cultural relevante y la Alameda sigue siendo un eje en donde la ciudadanía puede seguir encontrándose y ejercer el acto de habitar la ciudad, una acción colectiva que debería contribuir a recuperar el ejercicio de lo político para que la ciudad reencuentre su destino a seguir siendo un testigo que acopia ese relato que reúne nuestras propias historias vividas y que finalmente son la esencia que le da carácter a las ciudades.

Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra

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