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La ausente disputa por el poder. Por Alex Ibarra Peña

La celebración del 18 de octubre nos recuerda que sigue encendida la llama de la rebeldía. Volvimos a la calle a llenar la Plaza de la Dignidad, varios emocionados cantando, gritando y bailando. Los símbolos de esta lucha social presentes en ese grito «Gustavo amigo, el pueblo está contigo» mientras marchaba Gustavo Gatica, la euforia en los gritos cuando se instaló un peluche gigante del «matapacos» en el lugar que antes estaba el General Baquedano. Los jóvenes más rebeldes tensos y encapuchados encendiendo barricadas. Más hacia la noche, más barricadas en las poblaciones y a lo largo de Chile, nuevamente los saqueos. La rebeldía sigue viva, pero sin llegar a disputar el poder.

El supuesto protagonismo de la convención constitucional diluyéndose, la representación popular de la lista del pueblo, lejos de lo que se arrogó ser, pocos de estos convencionales siguen fieles al mandato popular. La minoritaria derecha, poco a poco imponiendo sus criterios en alianza con esas «figuras» de las cuales ya desconfiábamos. Peligrosa irrupción de la derecha marcando acuerdos. Los pueblos originarios un poco divididos, pero ellos en su sabiduría saben del consenso por el bien mayor, ojalá termine imperando esa lógica comunitaria. Si la derecha se sigue imponiendo, las grandes ideas de una transformación social, política y cultural (despatriarcalización, plurinacionalismo, ecologismo) irán perdiendo fuerza.

Menos posibilidades de representación popular en las elecciones presidenciales. Un candidato histórico de los movimientos sociales Eduardo Artés no logra convocar el voto del pueblo movilizado que sigue sin acudir a las urnas. La derecha no ha sido derrotada, pero si quienes han venido votando mantienen la coherencia no debería pasar ninguno de sus candidatos a segunda vuelta; el piñerista Sichel va en baja en las encuestas y el conservador José Antonio Kast, que es un mal chiste político va apareciendo como la principal carta de este bloque. El único apoyo real, está en la minoría privilegiada y en los poderosos medios de comunicación convencional que logran imponerse en la población desinformada. Provoste la única candidata mujer podría ser votada en provincia, donde el Partido Político de la Democracia Cristiana sigue sacando alta votación en alcaldes, concejales y gobernadores. Marco Enríquez Ominami lejos está de ser una alternativa popular, su candidatura es sólo parte del oportunismo político al igual que la candidatura de Parisi, la única fortaleza de Enríquez Ominami es su capacidad retórica. Boric, a pesar de todos los cuestionamientos en torno a sus ambivalencias es el único candidato que podría llegar a representar el voto popular, cuenta con el respaldo de la única fuerza política que rompió el sistema binominal de la posdictadura y está siendo apoyado por el Partido Comunista que en las últimas elecciones tuvo importantes triunfos electorales. Dado que el movimiento popular no logró instalar un candidato a la presidencia, su única alternativa es Gabriel Boric.

Todavía no está el punto de encuentro entre la fuerza rebelde y el interés por la disputa del poder. Aquella síntesis sigue pendiente. Así las cosas, en la disputa del poder podría tener sus triunfos que serían que ninguno de los candidatos de la derecha pasara a segunda vuelta, que los oportunista no logren un porcentaje importante de votos y finalmente que Boric gire más a la izquierda (más cerca de Artés) y que derrote a Provoste. No creo que este escenario sea tan fantasioso si es que se logra convocar a las urnas, al menos, a la cantidad de ciudadanos que votaron por el apruebo a la Convención Constitucional. De todas, maneras este triunfo sólo es posible si es que parte de la fuerza rebelde se decide a ir a las urnas a la disputa del poder, cuestión que hasta el momento sigue pendiente.

Alex Ibarra Peña.
Dr. Estudios Americanos.

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